Corteza asociativa: características y funciones

20 marzo, 2019
Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga María Alejandra Castro Arbeláez
La corteza asociativa integra los estímulos entrantes mediante diversas conexiones, que están vinculadas con vivencias, comportamientos y la discriminación e interpretación de experiencias.

El cerebro es tan complejo como la vida misma. Cada una de sus partes es importante y tiene una función, pero ninguna podría desempeñarla si las demás no se encontraran conectadas con ella y entre sí. Los vínculos entre las diversas partes de nuestro encéfalo son, por tanto, de vital importancia. Un ejemplo de ello es la corteza asociativa, que sin las uniones que establece no podría funcionar correctamente.

La corteza asociativa es una parte del córtex cerebral fundamental para nuestro funcionamiento del día a día. Gracias a ella, podemos reconocer diversas formas, procesar sonidos, componer una melodía, vincular olores con recuerdos y degustar sabores, entre otras muchas funciones.

En concreto, esta área cortical se encarga de integrar lo que percibimos, de modo que dota de sentido a lo que recibimos sensorialmente, también conocido como input sensorial.

A continuación, exploramos esta increíble parte del cerebro, una de las más modernas filogenéticamente. Profundicemos.

Cerebro

¿Qué es la corteza asociativa?

La corteza asociativa, que compone junto a otras áreas la corteza cerebral, es la parte más externa y visible de dicha corteza. Su papel principal es vincular entre sí la información que proviene de diversas regiones del cerebro y es, por tanto, la encargada de integrar la información que llega desde los sentidos.

¿Cómo funciona?

A través de las distintas conexiones que posee, la corteza asociativa integra los estímulos que recibimos y facilita la interpretación de lo que nos sucede. Lo hace conectándose con un sistema sensorial o con varios en simultáneo.

Por tanto, la corteza asociativa es una suerte de traductor: a medida que recibe diferente información, la transforma en un lenguaje apto para ser computado y comprendido a nivel cerebral y cognitivo.

El resultado final es la culminación, a partir de toda esta información entrante, en una percepción concreta y definida referida a nuestro medio interno o externo. Impresionante, ¿verdad?

¿Cuáles son las regiones de la corteza asociativa?

Esta corteza es de carácter plurisensorial. Es capaz de asociar distintas sensaciones entre sí y asociar estas, a su vez, con áreas motoras. Para ello, cuenta con las siguientes áreas:

  • Corteza asociativa auditiva. Se encarga de la percepción y reconocimiento de los sonidos. Por lo tanto, es necesaria para la interpretación de estos y su vinculación con otras áreas. Además, su estimulación puede hacer recordar música del pasado.
  • Región asociativa del lóbulo de la ínsula. Se encarga de integrar la información relacionada con el sentido del gusto. Además, se le ha otorgado funciones sensitivas relacionadas con el olfato y se encarga de varias funciones autonómicas entre otros cometidos.
  • Área asociativa vestibular. Nos permite apreciar las posiciones corporales y los movimientos de la cabeza en el espacio. Asimismo, se relaciona con la función sensitivo-motora del equilibrio.
  • Zona visual asociativa. Relaciona la información visual que recibe con registros de experiencias visuales pasadas. Esto nos permite reconocer o recordar lo que se está viendo.
  • Áreas asociativas del lenguaje. Estas áreas se dividen en dos: la de Wernicke y la de Broca. La primera se ocupa de relacionar los sonidos con los conceptos -favorece la comprensión del lenguaje-; la segunda es fundamental para la generación motriz del lenguaje hablado.
  • Zona asociativa parieto-temporo-occipital. Se encarga de enlazar la información visual, la propioceptiva y la táctil. De este modo, integra los conceptos de forma, tamaño y textura. Además, se relaciona con la percepción de la imagen corporal y con la consciencia del esquema corporal.
  • Corteza asociativa prefrontal. Se ubica por delante de la corteza motora, y se relaciona con el control de la conducta y de las funciones ejecutivas -como, por ejemplo, la toma de decisiones y la planificación-. También es importante para la expresión del lenguaje.
  • Área asociativa límbica. Junto con la parieto-temporo-occipital y la prefrontal, compone las tres grandes áreas de asociación. Se encarga de integrar la información proveniente del sistema límbico, es decir, nos ayuda a captar y comprender las emociones y a vincularlas a recuerdos.

Las regiones de la corteza asociativa también se pueden clasificar en unimodales y polimodales: las primeras se hallan adyacentes a las principales áreas sensoriales y se encargan de procesar la información de un único sentido o de realizar una única función; en cambio, las segundas se encargan de integrar diversas informaciones provenientes de distintos sentidos y de realizar diversas funciones.

Patologías asociadas a la corteza asociativa

El daño a la corteza asociativa es de naturaleza grave. Por ello, generalmente crea una importante discapacidad en la persona afectada.

Observemos algunas de las patologías que pueden derivar de su daño o mal funcionamiento:

  • Agnosias. Se trata de la imposibilidad de reconocer objetos a través de un sentido. Las personas con agnosia visual son incapaces de reconocer un objeto delante de ellas que ven perfectamente bien.
  • Apraxias. Incapacidad de llevar a cabo tareas o movimientos ante una orden de hacerlo o bien a voluntad, siempre que implique una secuencia ordenada de movimientos.
  • Afasia. Trastorno del lenguaje en el que hay incapacidad o dificultad para comunicarse o comprender.
  • Dificultades emocionales y cognitivo-comportamentales. Puede a causa de la lesión imposibilitarse o dificultarse la expresión de emociones, además de producirse una alteración de la personalidad y darse problemas de comprensión de órdenes, planificación de acciones y ejecución de las mismas.

Hombre con afasia

Un autor experto en este tema al que no hay que dejar de conocer es Oliver Sacks. Era un neurólogo y divulgador que publicó inmortales obras de base científica relacionadas con la neurología.

Estos libros ayudaron y ayudan al público no especializado a entender la complejidad del cerebro. Deberíamos profundizar en sus obras, porque en ellas el autor relata con humanidad y con detalles estupendos dramáticos problemas neurológicos, y entre ellos, algunos relacionados con la corteza asociativa.

Por ejemplo, escribió El hombre que confundió a su mujer con un sombrero. Se trata de un libro en el que relata la historia del Doctor P., un músico que afirmaba tener problemas de visión y al que, tras examinarlo, el doctor Sacks vio tratar de buscar su sombrero tras terminar la visita… ¡Y lo que hizo fue coger de la mano a su esposa intentando ponérsela!

A partir de sus observaciones, Sacks pudo deducir que el problema se hallaba en el cerebro y no en la vista. Era, por tanto, un peculiar caso de agnosia, que no permitía al Doctor P. reconocer caras humanas a partir del sentido de la vista. Sorprendente, ¿verdad? Se trató del primer caso divulgado de prosopagnosia.

La corteza asociativa es una clara muestra de la inmensa complejidad cerebral. A través de las conexiones que posee, logra que apreciemos la información y nos sea mostrada de forma consciente.

Además, la corteza asociativa gestiona la comunicación entre diversos sentidos para que podamos comprender de manera integrada los estímulos del medio. Una muy difícil -pero estrictamente esencial- tarea de nuestro día a día.

  • Sacks, O. (2016). El hombre que confundió a su mujer con un sombrero.  Barcelona: Anagrama
  • Scott. L, Dawson,V.L,m & Dawson, T.M (2017). Trumping neurodegeneration: targeting common pathways regulated by autosomal recessive Parkinson’s disease genes. Experimental neurology, pp.191-201.