La triangulación en la terapia sistémica

30 enero, 2020
Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Elena Sanz
¿Qué es la triangulación? ¿Cómo contribuye a que se mantenga un conflicto? En este artículo vamos a tratar de responder a estas y otras preguntas.

Como seres sociales que somos, nuestras relaciones interpersonales tienen un peso importante en nuestro bienestar. Sin embargo, no siempre las cuidamos, por lo que, sin darnos cuenta, caemos en dinámicas de relación perjudiciales. Hoy hablaremos de una de las más comunes: la triangulación.

Esta se enmarca dentro de las propuestas explicativas propias de la terapia sistémica. Se trata de una disciplina terapéutica que pone el foco de atención, no en el sujeto, sino en los sistemas de que este forma parte. Así se abordan los trastornos y enfermedades como el resultado de una alteración en las interacciones de los miembros del sistema.

Un estilo relacional inadecuado tiene consecuencias que muchas veces terminan por manifestarse en el síntoma de uno de sus miembros. La solución pasará entonces por desenmascarar el patrón de comunicación disfuncional a quien la enfermedad sirve de máscara.

Si bien esta terapia se utiliza principalmente en los conflictos familiares, sus principios sirven para cualquier otro tipo de sistema humano.

Monigotes de colores

La triangulación en terapia sistémica

La triangulación es una de estas dinámicas disfuncionales que, con frecuencia, se genera en muchos de los sistemas. La misma se produce cuando dos de los miembros se encuentran en conflicto, bien sea de forma manifiesta o encubierta.

Sin embargo, en lugar de afrontar y solucionar sus dificultades, incluyen en la relación a un tercero con el fin de opacar sus problemas o desviar la atención de los mismos.

Esto se aprecia de forma clara en el seno de las familias, en las cuales los padres se encuentran en conflicto e introducen al hijo en la ecuación con diversos fines:

  • Tratar de establecer una alianza con el hijo en contra del otro progenitor. Cuando ocurre esto, el niño se enfrenta a un fuerte conflicto de lealtades, pudiendo quedar inmovilizado por miedo al rechazo del padre no aliado.
  • Enmascarar sus conflictos centrando toda la atención en la conducta problemática del hijo. En esta situación, ambos padres forman un frente contra un niño etiquetado como «malo», al que se consideran fuente de todos los problemas. Tras esa ilusoria armonía, la realidad es que el mal comportamiento del niño solo está ahí para servir como válvula de escape a los problemas conyugales.
  • Desviar la atención de sus dificultades por la necesidad de centrarse en un hijo «enfermo». Ambos se unen en la preocupación por su vástago, llegando a sobreprotegerlo. Por su lado, el niño únicamente estará ejerciendo una expresión psicosomática de la tensión existente (y ahora encubierta) entre los padres.

Madre hablando con su hija

Triángulos en la vida cotidiana

Sin embargo, no toda existencia de un triángulo es una muestra de un sistema enfermo o patológico. Las relaciones sociales son complejas y cambiantes. La triangulación aparece con frecuencia en momentos determinados en los que cumple la misión de paliar la tensión. No obstante, si esta se mantiene en el tiempo o se repite convirtiéndose en patrón, puede deteriorar las relaciones, afectando a todo el sistema.

Por ejemplo, un amigo está enfadado con otro por no haberle invitado a una cena. En lugar de comunicar su descontento al otro implicado, decide introducir a un tercer amigo con el que intenta establecer alianza. Así, le cuenta lo dolido que se encuentra y lo injusto que le resulta, pero le pide que no comente nada al primero.

De esta manera se forma una alianza invisible que, lejos de solucionar el conflicto, lo perpetúa y agrava. Además de colocar al tercero en discordia en una posición incómoda, pues este generalmente tratará de mediar, pero sin explicar que es el otro quien le ha contado la situación. En definitiva, se generará un patrón de relación insano y encubierto que solo estará desviando la atención del conflicto original.

Por ello, tanto si tenemos hijos como a la hora de relacionarnos con otros adultos de nuestros sistemas, evitemos la triangulación. Tengamos la asertividad y la humildad de resolver las situaciones directamente con los implicados, sin introducir a un tercero de forma directa o indirecta. Del mismo modo, si alguien trata de incluirnos en su propio triángulo, mantengámonos al margen. Generar alianzas ocultas o centrar la atención en un tercero para evadir el conflicto no resuelve las situaciones.

  • Serrano, J. S., Rodríguez, A. G., & Vallejo, S. R. (2009). Actitudes trianguladoras familiares y psicopatología infanto-juvenil. International journal of developmental and educational psychology1(1), 473-481.
  • González, J. B. (2019). ¿ La triangulación, intento fallido de resolver un conflicto?. REDES. Revista de Divulgación Crisis y Retos en la Familia y Pareja1(2), 16-20.