La trinchera infinita: cómo te atraviesa la vida escondido 30 años

01 Abril, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Cristina Roda Rivera
En este tiempo de confinamiento, "La trinchera infinita" puede producirnos sensaciones muy diferentes a las que podría habernos generado en lo cotidiano. Seguro que en estos momentos nos cuesta más imaginar cómo algunos hombres pudieron soportar estar encerrados en unas condiciones lamentables.

La trinchera infinita es un viaje abrumador a través de la Guerra Civil española y los llamados topos. Después de una amnistía del gobierno en 1969, un puñado de hombres en toda España salió a la luz. Habían permanecido escondidos, a menudo en sus propios hogares, durante más de 30 años para evitar represalias tras la ocupación franquista del país en 1936.

La trinchera infinita reúne detalles de algunos de los relatos asombrosos de estas pesadillas. Reformulando la historia oculta de un llamado “topo” y de su esposa, que sufre por su terrible situación de forma profunda y abnegada. Excelente historia sobre el amor como protección contra el miedo.

La película consigue buena parte de su impacto a través de dos personajes y una ubicación. Se encargan de ello el equipo de directores y productores vascos responsables de películas como Loreak y Handia. Es un viaje emocional intenso, casi perfecto, sobre el miedo a la represión política y sobre la vulnerabilidad humana, la desesperación y la resistencia.

La trinchera infinita: de la huida a la eterna espera

Prácticamente toda la acción física se carga por adelantado en los primeros 20 minutos de la película. La cámara sigue al político de izquierda y al astuto Higinio (Antonio de la Torre). Él es subido, junto a otros presos, a un camión de la Guardia Civil franquista.

Mientras uno de sus compañeros clama por su vida a uno de los guardias, Higinio aprovecha para saltar del camión y escapar. Es perseguido por los guardias civiles, mientras atraviesa corriendo la zona rural de Andalucía.

Finalmente, se esconde en un oscuro y profundo pozo en la noche junto a otros dos perseguidos. Estos dos hombres son tiroteados desde arriba. Mientras, Higinio consigue esconderse en uno de los huecos que deja el pozo. Apartando los cuerpos ensangrentados, abandona el pozo a la mañana siguiente y se dirige a casa.

Allí le espera su esposa, la costurera Rosa (Belén Cuesta). A partir de aquí se dará un profundo drama psicológico en la quietud y la eternidad de las horas. Higinio no verá otra salida que la de esconderse bajo el suelo y presenciar todo lo que ocurre en su casa como un topo, como un espectador en su propio hogar desde la peor butaca posible.

La trinchera infinita: tensión para el espectador

Aunque la vida de un topo fue presumiblemente aburrida, el aburrimiento nunca se convierte en un problema para el espectador en esta película.

La principal amenaza y tensión de la película proviene de Gonzalo (Vicente Vergara), quien traicionó a Higinio ante las autoridades. Lo continúa amenazando durante todo el tiempo, comenzando con la sádica retirada de las cortinas de la casa a Rosa mientras él lo ve todo desde su escondite.

Higinio se muda a casa de su suegro vestido de mujer mayor, aprovechando un paso de Semana Santa en el pueblo. Allí tendrá un espacio mucho mayor para establecerse totalmente como un topo huido de la justicia. Podrá tener una pequeña cama, unas diminutas estanterías y una pequeña mesa donde tejer algunos trabajos para Rosa.

En una secuencia tragicómica que ofrece un respiro al drama, una pareja homosexual decide usar la casa del suegro de Higinio para sus citas, aprovechando la ausencia de Rosa unos meses. Al ser descubiertos por Higinio, se establece un pacto en el que ellos podrán verse en la casa a cambio de que traigan la prensa y algo de comida.

El acompañamiento de Rosa

Rosa declara que quiere un hijo, una demanda difícil de creer dadas las circunstancias. Rosa es firme, devota y desinteresada esposa; su papel es complejo por tener varias capas, siendo mucho más que la mujer que ayuda a Higinio en su escondite.

De repente, teniendo que mejorar todo para lo que su educación la ha preparado, Rosa debe reinventarse a sí misma como el sostén de la familia. Belén Cuesta nos traslada la fragilidad, la fuerza y el compromiso de Rosa a medida que pasan los años.

Si hay un punto de inflexión en la vida de Rosa es el acoso y violación que sufre por parte de un guardia civil que va a coser su ropa al taller. Un día se produce un forcejeo en el que Rosa se niega a establecer ningún contacto con él. Higinio, que ve todo a través de su escondite, tiene que contenerse para no ser descubierto.

Existe una abrumadora frustración de Higinio mientras las humillaciones se acumulan. Pero él reacciona de una forma primitiva al ver lo que ha sucedido, sale de su escondite para practicar sexo con su mujer en una escena incómoda que roza el abuso sexual.

Cuando unos días después vuelve el guardia civil, ataca a Rosa e Higinio no puede evitar su violación, ya que podría quemarse su escondite tras caer su lámpara al suelo. Cuando finalmente sale a ayudar es para matar a este guardia civil del que siempre tendrá dudas de si es o no el padre de su hijo.

Hombre escondido

La trinchera infinita: el poder del amor

Las actuaciones de ambos protagonistas le dan realidad a la historia. El hecho de que Higinio sea un hombre de valores tradicionales y pocas palabras, le da un sentido muy marcado a su papel.

Inevitablemente, la mayor parte de la acción se desarrolla en la penumbra, a veces utilizada en contraste con el deslumbrante sol andaluz. Gran parte de esto se produce a través de visiones inciertas desde el temeroso punto de vista de Higinio mientras, junto con el espectador, intenta descubrir qué demonios está sucediendo: una estrategia que genera tensión, pero también emoción.

A pesar de todo el sufrimiento, la oscuridad y la maldad humana que refleja la cinta, La trinchera infinita es una película positiva. Nos dice, sin sentimentalismo, exceso o cliché, que el amor puede ser un refugio que se mantenga en pie durante toda una vida.

El proceso global de la película comienza con todo lo que apenas es visible para encontrar lo que finalmente es correcto ver, que, en pureza, es todo lo que no se ve.