La única decepción que me permito es conmigo

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Gema Sánchez Cuevas el 21 enero, 2016
Cristina Medina Gomez · 21 enero, 2016

La decepción es un sentimiento que, con independencia de la perspectiva, siempre duele; pues, como afirmaba Martin Luther King, no puede haber decepción profunda donde no hay amor profundo.

Dicho de otra manera, la decepción llega después del amor. Así, dado que no hay amor más grande que el que deberíamos tener por nosotros mismos, la decepción cuando viene de otros escuece, pero cuando viene de dentro, arde e irrita.

Me pueden decepcionar, pero no hundir

Probablemente te preguntas qué queremos decir exactamente con permitirnos únicamente la decepción personal, pues toda aquella persona a la que queramos tiene la posibilidad de decepcionarnos. Pues bien, vayamos un poco más allá: toda persona a la que quiero puede causarme dolor emocional, pero está en mis manos determinar sus consecuencias.

“El mayor descubrimiento de mi generación es que un ser humano puede cambiar su vida cambiando su actitud mental.”
-William James-

En muchas ocasiones, lo que nos ocurre es que creamos unas expectativas tan altas para los demás que, cuando nos fallan, pensamos que se nos viene el mundo encima. Pensamos a veces, incluso, que se tienen que comportar como nosotros nos comportamos, que no podemos perderles o que no tienen derecho a equivocarse. Sin embargo, pensando así, los equivocados somos nosotros.

Los demás pueden fallarnos, tanto o más de lo que podemos hacerlo nosotros con ellos: les está permitido también caer en el error, no lo olvidemos. Sin embargo, las decepciones no pueden hundirnos. Al contrario tienen que hacer que emerjamos con más fuerza y nosotros no permitirles vencer.

 

Mujer pensando detrás de una ventana con gotas de lluvia

La decepción hacia mí mismo: un círculo del que hay que salir

Si nos decepcionan, huímos o lo afrontamos, pero aún nos tenemos como refugio. Sin embargo, si nos decepcionamos, ¿cuál es el refugio? En ocasiones, aunque no lo creamos, es bueno entender que nuestro refugio está dañado y buscar la salida, para poder volver sanamente. 

La decepción personal nos introduce en un círculo de autoreproches, sentimientos de culpa y malestar que no nos permite continuar ni mirar hacia adelante. Por ello es necesario que, cuando esto nos ocurra, sepamos pedirnos perdón y perdonarnos.

Permítete decepcionarte pero no dejes que la decepción sea tu verdugo: no pasa nada si nos hemos fallado, siempre hay tiempo de aprender y enmendar heridas. De hecho, solo tendremos opción para la decepción si hemos aprovechado las opciones reales de vivir dejándose llevar por los sentimientos.

“Así es como se cura una herida: empieza a cerrarse sobre sí misma, a proteger lo que duele tanto y, una vez cerrada, ya no ves qué hay debajo, eso que provocaba el dolor.”

-Amy Tan-

Mujer pensando decepcionada

Cómo superar las decepciones propias

Al sufrir una decepción propia lo que nos ocurre es que las expectativas, los sueños, las esperanzas se estrellan contra la pared y nosotros con ellas. No obstante, las decepciones se superan o, más bien, es necesario que lo hagamos. Aquí, algunas pautas para ello:

  • Deja salir fuera todo aquello que te está haciendo daño: es fundamental que nos desahoguemos, pero de tal forma que al sacarlo fuera no le dejemos volver a entrar.
  • Pon sobre una balanza tu decepción y aquellas pequeñas cosas que te hacen reír: seguro que en un momento de decepción enorme, sobre todo si nos sentimos la mayor decepción de nosotros mismos, no veamos que ahí fuera no todo es tan negro. Hay cosas que nos hacen bien, personas que nos alegran la vida y que pueden ayudarnos a ser sol con tan solo un abrazo.
  • Trata de buscar un punto de vista en el que no te juzgues demasiado. Esta afirmación es clave porque no hay nada peor que ser juez de algo que no admite jueces, como la vida: es normal que estemos incómodos y tristes a veces, que sintamos que nada va bien, pero no todo lo hacemos mal.
  • Todo en su medida justa: a veces, nos da por exagerar involuntariamente lo que sentimos, sobre todo si es algo malo. Olvidémonos de eso, una decepción es importante, pero tenemos que pasar página, buscar oportunidades que nos permitan volver a decepcionarnos para que cada día siga mereciendo la pena.
  • Despéjate y disfruta de los aprendizajes: ante todo decepción es sinónimo de lección. Las lecciones de vida están ahí para observarlas, vivirlas y ser conscientes de ellas la siguiente vez que se nos exija estar a la altura de las circunstancias. Cuando nos decepcionamos con nosotros mismos o con los demás, tenemos que salir, disfrutar de otras cosas, despejar la mente y recuperarnos.

“Recuerda que no conseguir lo que quieres, a veces significa un maravilloso golpe de suerte.”

-Dalai Lama