La validación emocional: aceptar para sanar

Llevas tiempo descuidando tus emociones, tus necesidades y universos internos. Es momento de validar lo que sientes para aceptarte como persona y empezar a realizar cambios que reviertan en aquello que mereces: calma, equilibrio y bienestar.
La validación emocional: aceptar para sanar
Valeria Sabater

Escrito y verificado por la psicóloga Valeria Sabater el 06 diciembre, 2020.

Última actualización: 06 diciembre, 2020

Tener al alcance de nuestra mano unas buenas estrategias de validación emocional es como tener a nuestra disposición un botiquín de primeros auxilios. Si la vida te trata mal, te aplicas esa tirita que alivia el dolor y que te recuerda que solo ha sido un mal día, no una mala existencia. Si la tristeza te abraza, haces uso de esa pomada calmante con la que entender que toda emoción tiene su propósito y que entenderla te permitirá transitar mejor por ese momento.

El arte de la validación no se orienta solo hacia las personas que nos rodean. Sabemos que es esencial reconocer los sentimientos ajenos, las necesidades y particularidades de aquellos a quienes queremos. Hacerlo mejora las dinámicas relacionales; es cierto. Sin embargo, es bueno no descuidar la relación más decisiva de todas: la que tenemos con nosotros mismos.

No cometemos ningún error si decimos que la falta de validación interna constituye el mayor problema en materia psicológica. Avanzamos por el mundo casi a la deriva, sin saber cómo hemos llegado a esas islas de sufrimiento. ¿Por qué siento este desánimo? ¿Es que hay quizá algo malo en mí?

Las personas somos como barcos transatlánticos cargando sobre nosotros cúmulos de nudos emocionales, ideas irracionales y relatos no resueltos que nos hunden día a día en la infelicidad. Nada es tan decisivo como trabajar esas necesidades internas.

Mujer triste pensando en cómo validarte a ti mismo

¿Por qué es importante la validación emocional?

“Estás dramatizando, no te pongas así por eso, no vale la pena sufrir por lo que te han dicho, todo lo sobredimensionas…”. Buena parte de nosotros hemos recibido en piel propia este tipo de frases y comentarios desafortunados. A veces sucede. Son muchos los que crecen en un entorno familiar pobre en caricias emocionales, distorsionado en lo que se refiere a cómo educar a un hijo en madurez psicológica.

Estudios, como los realizados en la Universidad Wayne State de Michigan, señalan la trascendencia que puede tener en el desarrollo del niño el papel de la validación emocional por parte de la madre. La atención constante a las realidades emocionales del hijo y su reconocimiento favorece el desarrollo de la autoconciencia y es un predictor del buen desarrollo de la personalidad de los pequeños.

Así, en caso de no recibir este tipo de “píldoras” afectivas y validadoras en edades tempranas, es común no dárnoslas tampoco a nosotros mismos. La falta de refuerzos emocionales externos nos convierte en desconocedores de este proceso. Y esto nos aboca a infravalorarnos, a caer en relaciones dañinas, aumentando el riesgo de trastornos de ansiedad o depresiones.

Profundicemos un poco más.

¿Qué es la autovalidación?

Validar tus emociones no pasa por ponerte una capa de optimismo infundado. Tiene más que ver con un diálogo emocional inteligente, hábil y compasivo que te permita trabajar en las siguientes dimensiones:

  • La autovalidación es aceptar nuestra experiencia interna: emociones, sentimientos y pensamientos.
  • Ahora bien, aceptación no es ver como positivo o adecuado todo pensamiento o emoción que pase por la mente. Por ejemplo, yo puedo experimentar rabia al ver cómo mi compañero de trabajo logra el ascenso y yo no. Sé que ese estado interno no es correcto, pero lo acepto y lo valido para entender lo que me ocurre y transformar esa situación. “Siento rabia y envidia, pero en lugar de quedarme encapsulado en este estado debo esforzarme más para superarme y alcanzar nuevos logros”.
  • Validar pensamientos y emociones nos permite manejarlos mucho mejor.
  • Una vez que conectamos y aceptamos mejor nuestras realidades internas, logramos conocernos para desarrollar nuestras habilidades personales.
Chica llorando por la pérdida de un ser querido durante los primeros días de duelo

Validarte: ¿cómo hacerlo?

La validación es un concepto esencial dentro de la práctica psicológica. Forma parte de todo contexto clínico y es, por ejemplo, una de las herramientas más básicas en la terapia dialéctico-conductal (DBT).

Marsha Lineham, creadora de este enfoque terapéutico, señala lo siguiente: “la validación por parte del terapeuta implica hacer ver al paciente que sus respuestas emocionales tienen sentido y son entendibles dentro de su historia y contexto actual”.

Ahora bien, ¿de qué manera puedes empezar a validarte? Estas serían algunas estrategias que nos aporta la propia doctora Lineham.

  • Debemos aprender a estar presentes. Tomar conciencia de la emoción que sentimos aquí y ahora es clave de salud. Por lo general, estamos habituados a dejar para después el malestar que sentimos hoy.
  • Reconocer, etiquetar y aceptar. Todo pensamiento, sensación, emoción y sentimiento debe reconocerse, para después ponerle nombre y darle espacio. No podemos reprimirlo, la aceptación es liberación para comprender lo que sentimos.
  • ¿Por qué siento esto y de dónde viene? Todo proceso mental tiene un origen y parte de un contexto. Si me siento decepcionado a pesar de tener un buen trabajo, es posible que en realidad yo siempre haya deseado otra cosa, otra ocupación.
  • Aceptar sin juzgar. No debemos ser nuestros peores jueces ni nuestros peores enemigos. Todo lo que sentimos es válido.
  • Transformar, canalizar y concienciarnos. Toda emoción y todo pensamiento reclama algo y nos informa de algún hecho concreto. Una vez que comprendamos su mensaje es momento de pasar a la acción, de generar cambios para lograr el equilibrio y el bienestar. En caso de no lograrlo por nosotros mismos, tomaremos conciencia de la necesidad de solicitar ayuda.

Para concluir, todos estos procesos para validarte a ti mismo requieren tiempo, voluntad y práctica. Aceptarnos, cuidarnos y decirnos que no hay nada malo en nosotros es un ejercicio de salud psicológica que debemos empezar a practicar.

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