En la vida se escribe, se borra y se reescribe

Arantxa Alvaro Fariñas · 17 junio, 2016

Walt Disney fue despedido del periódico donde trabajaba por falta de creatividad. Para continuar con su vida fundó su primera empresa Laugh-O-Gram Films, dedicada a la animación. Al cabo del tiempo la tuvo que cerrar. Finalmente llegó a Hollywood y por fin sus películas comenzaron a tener éxito.

“No puedo creer que existan obstáculos insuperables para personas que conocen el secreto de convertir los sueños en realidad”

-Walt Disney-

Existen muchas historias como la de Walt Disney. Cada uno de nosotros hemos tenido en nuestras propias vidas momentos de fracaso, en los que ha sido necesario rectificar y comenzar de nuevo. El éxito, el fracaso y el aprendizaje son parte de nuestro día a día, son las bases que nos hacen crecer como personas. Por eso en la vida escribimos, borramos y volvemos a escribir.

Lo que significa tener éxito en la vida

¿Para ti qué es el éxito? ¿Es que te reconozcan en tu trabajo, es ser feliz en tu vida, es sentirte bien contigo mismo y con los demás, tener dinero o riquezas, tener una familia, tener pareja o hijos, viajar alrededor del mundo, tener trabajo y salud?

“El 90% del éxito se basa en insistir”

-Woody Allen-

Independientemente de lo que signifique el éxito para ti, conseguir lo que entiendes que es el éxito te aporta confianza, te empuja a seguir adelante, en definitiva, te hace feliz. Elsa Punset, escritora y filósofa hija de Eduardo Punset, habla en estos casos del efecto ganador.

Cuando te sientes ganador generas dopamina y eso te hace sentir mejor y más preparado, lo que te permitirá esforzarte al máximo y conseguir los retos que deseas. Es decir, tener éxito conduce a tener más éxito. Es como un efecto en cadena.

Aprender del fracaso

Para ver cómo funcionan el éxito y el fracaso, os contamos un dato curioso: según algunas estimaciones, el 90% de los productos que salen al mercado fracasan. Por lo tanto, fracasar no es la excepción, es la regla general. Sin embargo, el fracaso no está bien visto.

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Saber que el fracaso es lo más habitual, debería hacernos pensar en la forma de convivir con el fracaso de una manera más natural. La psicóloga Carol Dweck asocia la forma de enfrentarnos al fracaso con nuestra idea sobre el talento.

“El fracaso es la oportunidad de empezar de nuevo, con más confianza”

-Henry Ford-

Hay un enfoque que entiende que el talento de las personas es algo innato, es decir, ya naces o no con talento y no hay más. Sin embargo, otro enfoque entiende que el talento se desarrolla en base a la perseverancia y a los esfuerzos para conseguir lo que se desea.

Las personas del primer grupo hacen frente a los retos como una forma de demostrar su talento innato y creen que fracasar supone que no tienen bastantes habilidades o suficiente talento, por lo tanto, tienen miedo al fracaso y no soportan la idea de no alcanzar el éxito.

 

Sin embargo, las personas que piensa que el talento se desarrolla, conciben el fracaso como una prueba de que se están esforzando y lo ven desde un punto de vista positivo. El fracaso es una forma de hacerse más fuerte y mejor. Si no fracasas no mejoras.

Aprender del fracaso y asumir riesgos en la vida requiere mucha valentía. No todo va a salir bien siempre, viviremos muchas decepciones, pero nuestro verdadero éxito será aprender, madurar y crecer. Piensa en lo que te hace feliz, en lo que pone una sonrisa en tu rostro y lucha por ello.

La inteligencia emocional y el éxito

En el libro Inteligencia Emocional (publicado en 1995), Daniel Goleman cita diferentes estudios en base a los que se observa la vida de varios jóvenes que consiguen puntuaciones muy altas en las pruebas de inteligencia.

motivación en la vida

En los estudios se comparan los  niveles de satisfacción de esos jóvenes frente a conceptos como la felicidad, el prestigio o el éxito laboral y se pone de manifiesto que el cociente intelectual supone aproximadamente el 20% de los factores que determinan el éxito.

El 80% restante depende de variables como la suerte, la clase social y, sobre todo, la inteligencia emocional. Por lo tanto, la automotivación, la capacidad de perseverar, la gestión de los estados de ánimo y la empatía son factores más determinantes que la inteligencia.

 “En la vida ni se gana ni se pierde, ni se fracasa ni se triunfa. En la vida se aprende, se crece, se descubre; se escribe, borra y reescribe; se hila, se deshila y se vuelve a hilar”

-Ana Cecilia Blum-