Las 4 etapas de una crisis emocional

Edith Sánchez·
30 Octubre, 2020
Este artículo ha sido verificado y aprobado por la psicóloga Gema Sánchez Cuevas al
30 Octubre, 2020
Las etapas de una crisis emocional representan diferentes momentos en ese proceso de superar una situación que se percibe como confusa y amenazante. Este tipo de situaciones se abordan y resuelven mejor con ayuda profesional.

Las etapas de una crisis emocional son fases normales dentro del proceso de recuperación del equilibrio. Una situación crítica no se resuelve de la noche a la mañana, sino que implica el tránsito por una serie de pasos antes de llegar a una resolución completa.

Cada una de las etapas de una crisis emocional comprende un conjunto de respuestas que si bien en principio no son las más adecuadas, sí corresponden a una forma normal de reaccionar. Así, impedirá que forcemos situaciones o reacciones, permitiendo que fluyan con naturalidad cuando nuestra intervención no es necesaria.

En este tipo de crisis, se produce una gran afectación que no solo involucra las emociones, sino también a la cognición y la conducta. En esas condiciones, es complicado que una persona logre pensar con claridad, encuentre soluciones o pueda ser de ayuda para los demás. Enseguida veremos cuáles son las etapas de una crisis emocional.

Las crisis pulen tu vida. En ellas descubres lo que realmente eres”.

-Allan K. Chalmers-

Hombre sintiendo culpa por la ventana

1. Parálisis, la primera de las etapas de una crisis emocional

La principal característica de una crisis es que constituye una situación en la cual se produce un cambio inesperado que torna inestable o incierto lo que sigue hacia el futuro. En el caso de las crisis emocionales, hay una o varias realidades que provocan una conmoción subjetiva y que desbordan momentáneamente la capacidad de reacción.

La primera de las etapas de una crisis emocional es la parálisis. En este caso, esa reacción constituye un mecanismo de defensa saludable. En la naturaleza, todos los animales se quedan quietos cuando se sienten frente a un peligro, en especial si es desconocido. La parálisis es una expresión de desconcierto, principalmente, por lo repentino de la situación.

2. Incertidumbre

Tras ese primer momento de estupor, lo que sobreviene es un estado de incertidumbre, el cual se caracteriza por la presencia de angustia y ansiedad. Comienza a comprenderse lo que sucede, pero se ve más la magnitud de la amenaza que las herramientas para abordarla y tramitarla.

En este punto, surge la ansiedad confusional. Esta es una modalidad que está estrechamente vinculada con sentimientos de desorientación, dificultad para precisar las emociones, desorden en las ideas y conciencia limitada. Predomina la sensación de estar perdidos y, al mismo tiempo, amenazados por la realidad.

3. Intrusión

Dentro de las etapas de una crisis emocional no siempre está presente la fase de intrusión, aunque sí en muchos casos. Esta vivencia aparece especialmente en los casos de crisis más intensa o vital. Se caracteriza por la aparición de miedos irracionales y una agudización del sentimiento de angustia.

Lo que sucede en esta etapa es que la persona se repliega y no actúa, pero sí piensa constantemente en la crisis que vive. A partir de esto se incuban ideas relacionadas con un sobredimensionamiento de los peligros hacia el futuro, imágenes trágicas y fuertes sentimientos de minusvalía.

Aparecen los llamados “pensamientos intrusivos”. Estos son imágenes o ideas que llegan a la mente de forma espontánea e involuntaria. Son pensamientos desagradables y atemorizantes, que se quieren mantener a raya, sin éxito. Esta es la fase más aguda en el proceso de abordar una crisis emocional.

Mujer pensando en que está siempre preocupada

4. Elaboración y resolución

Es muy difícil salir de una crisis emocional sin la intervención de algún factor externo. A veces es un amigo, un libro, un consejo, un terapeuta, etc., lo que se convierte en ese factor que marca el tránsito desde el estado de conmoción hacia otro que permite trabajar sobre lo ocurrido, con el fin de tramitarlo.

Se necesita un vehículo para exteriorizar el malestar que se experimenta y este pude ser la palabra. Esta puede ser oral o escrita y constituye el mecanismo para comenzar a poner en orden las ideas, las emociones y las percepciones. Construir una narrativa de la situación es fundamental para asirla y comenzar a comprenderla.

Es necesario dejar salir el dolor para que la conciencia vaya emergiendo. Cuando esto ocurre, se logra construir una idea más realista de la situación y también identificar las herramientas personales con las que se cuenta para abordarla. Tras esa elaboración viene la resolución, que no es otra cosa distinta que recuperar un tono emocional saludable.

En muchos casos, sin ayuda especializada, una persona puede quedar atrapada durante un periodo prolongado en alguna de las etapas de una crisis emocional. Acudir a un psicólogo en este tipo de situaciones es más que pertinente, pues constituye un valioso apoyo para llevar a cabo el proceso más rápidamente y de una forma más saludable.

González de Rivera y Revuelta, J. L. (2001). Psicoterapia de la crisis. Revista de la Asociación Española de Neuropsiquiatría, (79), 35-53.