Las 5 cosas que cambié cuando empecé a cuidarme

Cristina Roda Rivera · 30 diciembre, 2015

El camino hacia la realización personal y la calma espiritual es arduo y a veces sumamente angustiante. Es tanto lo que vivimos y lo que procesamos que a veces, llegar a estar en paz con nosotros mismos y con lo que nos rodea parece casi una misión imposible.

Quién ha tenido que afrontar situaciones dolorosas, la mayoría de las veces ha arriesgado su comodidad y ha apostado por la superación en detrimento del estancamiento personal y emocional, pudiendo llegar a encontrar esta calma en el momento y las circunstancias más insospechadas.

Puede ser que de forma inconsciente, nuestra lucha interior se fuese cristalizando en logros imperceptibles para nosotros pero al acumularse uno detrás de otro, dio frutos maravillosos. De repente no necesitas que todo sea ideal y esté controlado, simplemente disfrutas de lo que tienes e ignoras lo que te hace daño.

Quién ha luchado por mejorar se da cuenta de que una de las mejores formas de alcanzar el bienestar es, simplemente, saber cuidarse a uno mismo. Y eso requiere una serie de sabias decisiones, que balancean lo que queremos y lo que no queremos en nuestra vida.

Saber escucharme, en lugar de solo escuchar lo que los demás dicen de mí

No hay nada peor que supeditar tu vida y tu personalidad a la aprobación constante de los demás. Es muy fácil convertirse en una muñeco roto si acatas todo lo que la sociedad supone que es mejor para ti.

Tu personalidad nunca estará integrada en un todo, sino que será una construcción de retales y viejas ideas impuestas en ti, sin que tan siquiera te hayas planteado el verdadero sentido que tienen para tu alma.

niña jungando con un sol que lucha contra el vacío

Saber escucharse a uno mismo, hacer caso a tu intuición, perderte por dónde los demás dicen que no vale la pena que vayas y encontrarte al final del camino con el trozo más auténtico de ti, para quedártelo y decidir llevarlo siempre contigo. Eso es un triunfo.

Apartarme de todo aquello que no es bello, útil y divertido

Sí, elegí ser un poco hedonista y el resultado fue mejor de lo esperado. Seguir esta premisa me ha traído solo buenas sensaciones y ha evitado la mayor parte de las malas vibraciones que giran mi alrededor.

“El placer es el bien primero. Es el comienzo de toda preferencia y de toda aversión. Es la ausencia de dolor en el cuerpo y de la inquietud en el alma.”

-Epicuro-

Si uno no es capaz de entregarse a los placeres de la vida, debería cuestionarse profundamente qué es para él la vida, y quién o quienes les han hecho creer que estaba en lo equivocado o lo acertado.

Disfrutar es un verbo con una conjugación que resulta positiva en singular y plural: Yo disfruto, tú disfrutas y nosotros disfrutamos. Casualmente, si yo soy la primera persona en hacerlo, contribuiré a que esa conjugación se extienda a los que están a mi alrededor.

No tengo que sacrificarme por nada ni por nadie. Luchar por lo que quiero y por los que quiero es un placer y un privilegio

Nuestra sociedad nos ha impuesto la idea de que todo lo que vale la pena implica sacrificio, pero a mi esa palabra me transmite angustia. La he sustituido por pasión, constancia o por tenacidad. Las cosas que mejor he aprendido en mi vida han estado dotadas de un ambiente relajado, de una concentración placentera en lo que hacía porque estaba siendo interesante. Trabajar por algo que no nos gusta se llama estrés. Trabajar por algo que nos gusta se llama pasión

Los conceptos más difíciles de la vida académica y de mi vida personal solo se han acomodado en mi mente y en mi espíritu cuando iban acompañadas de una explicación dulce y una actitud empática.

De hecho, he observado que las personas que ha optado por el continuo sacrificio, por la asunción de dogmas sociales, por apartar todo lo desconocido por poder ser peligroso son personas con un aura gris, apagada, con ceños fruncidos y lenguas viperinas. He empezado a entender que mi locura era más sana que la rígida cordura de otros.

niña con cisne

Que en el amor a veces hay que perder el orgullo, pero jamás la dignidad

Cuando me regía por reglas y no por sentimientos, mi corazón y mi mente estaban heridos y mi alma encarcelada. Empecé a cansarme de esa forma tan mediocre de amar y sentir, y decidí tirarme a la piscina aunque estuviese vacía. A veces me he llevado golpes tremendos, y en otras ocasiones he terminado navegando.

No hay nada peor en la vida que sentir miedo a experimentar un sentimiento tan apasionante como el amor. Gracias a esos golpes, me sigo tirando a piscinas vacías pero con una técnica que impide que sufra graves contusiones o heridas, aunque sí que algún que otro rasguño que me perdono porque no hay peor herida que la que te hace sentir el vacío de no atreverte a nada.

Que tengo que cuidar a los que quiero y me quieren, y eliminar de mi vida a todo aquel que me infligió un daño intencionado

La vida nos da un tiempo limitado para que la disfrutemos, así que no pienso malgastar ni un segundo más de mis pensamientos y de mi tiempo en intentar entender porque algunas personas me hicieron daño con su indiferencia, trataron de humillarme, me traicionaron o me juzgaron.

“La honestidad es un regalo muy caro, no la esperes de gente barata.”

-Warren Buffet-

Madre cuidando de sus hijos

Desde que lo decidí, esa parte destinada a estos quehaceres absurdos e inútiles ha quedado vacía de resentimiento y abierta y dispuesta a llenarse de todo aquello que me hace ser feliz. De todas esas personas que aun con dificultades en nuestros caminos nunca emplearán la maldad sobre mí.

Todo lo que sé ahora es un privilegio que no compré con dinero. A mi me ocurrió simplemente cuando empecé a cuidarme, y es verdaderamente un regalo.