Las cuatro grandes crisis en una pareja estable

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 1 marzo, 2019
Edith Sánchez · 1 marzo, 2019
Las crisis en una pareja estable tienen que ver con el final de diversas etapas y el comienzo de otras nuevas. Son una oportunidad para reevaluar la relación y decidir si lo mejor es mantenerla o ponerle punto final.

Toda pareja pasa por sus pequeñas crisis, pues una relación de varios años enfrenta distintos cambios significativos en su evolución. Estas crisis pueden hacer que la pareja se plantee el futuro que les espera juntos, además de invertir recursos en analizar las dinámicas del presente. También pueden dar paso a la ansiedad e inseguridad, especialmente si los integrantes de la pareja tienden a dudar de sus decisiones.

La crisis en una pareja estable es, básicamente, natural. Aunque genere cierta inestabilidad e inseguridad, también representa una oportunidad para ajustar la relación. Los cabos sueltos o los conflictos que quedaron sin resolver plenamente pueden emerger en esas etapas. De la pareja depende si aprovechan esto para terminar de resolver lo pendiente o si lo convierten en ocasión para profundizar la distancia.

Las crisis en la pareja estable tienen lugar cuando se completan etapas. Por eso, lo usual es que a esos momentos de inestabilidad se les clasifique según el tiempo que lleva la pareja. Desde ese punto de vista, hay cuatro grandes momentos de crisis: la de un año, la de tres años, la de 10 años y la del nido vacío. Veamos.

En los inicios de un amor los amantes hablan del futuro, en sus postrimerías, del pasado”.

-André Maurois-

1. La crisis de un año, el fin de la limerencia

La limerencia es un concepto acuñado por la doctora Dorothy Tennov, en su obra Love and Limerence: The Experience of Being in Love (Amor y limerencia: la experiencia de estar enamorado), publicado en 1977. Se define como ese estado romántico y obsesivo, en el que hay una fuerte atracción hacia otra persona y un deseo muy intenso de ser correspondido.

El fin de la limerencia suele dar lugar a la primera de las crisis en una pareja estable y esto sucede aproximadamente un año, o año y medio después de haber comenzado la relación. La característica principal es que se diluye la idealización que se ha hecho del otro.

Cada miembro de la pareja comienza a ver los defectos de su consorte y trata de recuperar espacios personales que dejó de lado por la relación. Gran cantidad de relaciones terminan en este momento, si no hay un vínculo sólido que las sustente.

Pareja abrazada con los ojos cerrados

2. Tres años: la segunda crisis en una pareja estable

Más o menos, hacia los tres años se produce la segunda crisis en una pareja estable. Estos tiempos en realidad son aproximados. En cualquier caso, lo que sucede por lo general en esta etapa es que aparece el deseo de subir al siguiente nivel. Si todavía no conviven juntos, ese nivel será el de la convivencia. Si ya viven juntos, en el horizonte puede aparecer la idea de tener descendencia.

Lo que flota en el ambiente es la necesidad de incrementar el grado de compromiso que hay entre los dos. Formalizar, por así decirlo, el vínculo existente. En ese momento la relación vuelve a evaluarse y el resultado es que efectivamente se pasa al siguiente nivel o que se produce una ruptura porque uno de los dos o ambos no se sienten listos para esto.

3. La crisis de los 10 años

La crisis de los 10 años suele centrarse en dos aspectos fundamentalmente: los hijos y el sexo. Respecto a los hijos, en esta etapa es cuando las parejas desplazan su atención hacia ellos y confrontan sus estilos de crianza. Más que en términos de pareja, se piensa en términos de familia.

El sexo, por su parte, ha pasado a un segundo plano. Surgen entonces dudas e inconformidades, porque cada uno quiere sentirse atractivo de nuevo y quiere que la sexualidad vuelva a tener protagonismo en su vida. Todo ello en conjunto puede llevar a un renacer de la relación o marca un final para la misma.

Mujer preocupada

4. La crisis del nido vacío

Las parejas que han logrado sortear la convivencia con éxito y consiguen un equilibrio en la relación deben enfrentar una “última crisis”. Se le llama del nido vacío porque tiene lugar cuando los hijos crecen y se marchan de casa. En ese momento, la pareja debe volver a centrarse en la relación y esto quizás no sea tan sencillo.

A lo largo de los años anteriores, ambos han cambiado mucho. Se conocen en sus roles familiares, pero individualmente podrían sentir cierta extrañeza mutua sin la presencia de ese filtro que son los hijos. Es entonces cuando deben reinventar la relación para continuar juntos o decidir que ya no tienen nada en común y es momento de volver a buscar un destino individual.

Como se anotó anteriormente, todas estas crisis en una pareja estable son también oportunidades para repensar la relación. Ambos deben volver a evaluar si lo mejor para los dos es seguir o terminar. Si no se dejan llevar por los impulsos y sopesan sus decisiones con cuidado es probable que elijan la mejor opción.

  • Willi, J. (2002). La pareja humana: relación y conflicto. Ediciones Morata.