3 mitos del amor romántico

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Gema Sánchez Cuevas el 14 junio, 2018
María Hoyos · 14 junio, 2018

El amor romántico es una de las grandes mentiras de la humanidad. Nace como consecuencia de la exageración del modelo de pareja y del encubrimiento de los defectos por idealización. Está en todas partes: desde que somos pequeños, las películas de dibujos animados nos animan a superar cualquier adversidad: uno de los premios habituales para los personajes que lo consiguen es el de un amor sin mácula conocida.

El principal problema del amor romántico es la división de roles sexuales, convirtiendo al hombre en actor y a la mujer en recompensa. Aunque no nos lo parezca, este modelo se repite en multitud de novelas, películas, series y otros productos audiovisuales que conocemos y consumimos con regularidad.

Mitos del amor romántico

Los siguientes mitos del amor romántico están presentes en nuestro día a día y perjudican nuestras relaciones, creando expectativas irreales y dañinas.

Pareja abrazada sosteniendo un corazón

1. La media naranja

Desde que vemos nuestra primera película de princesas, nos hacen creer que existe una única persona para nosotros. Proyectan la idea de que estamos destinados a esa persona que, cuando la veamos, nos enamorará desde el principio, para después encajar sin aristas con nuestra personalidad y deseos. Nos enseñan, entonces, que el amor debe ser exclusivo y fiel, sin haber tenido experiencias previas.

Pero, en el amor, ¿la experiencia deja de ser un grado? Los estudios nos dicen todo lo contrario. Haber vivido diferentes relaciones en muchos casos nos ayuda a determinar qué queremos y qué no queremos. También nos ofrece pistas para saber en qué cuestiones podemos negociar o el peligro de realizar determinadas peticiones. Esto no quiere decir que sea necesario tener muchas parejas, sino que no es imprescindible tener una sola.

2. La omnipotencia del amor

La mayoría de los cuentos, películas y otros productos audiovisuales hacen referencia a la omnipotencia del amor. El amor puede con cualquier obstáculo, haciendo infinitas a nuestras fuerzas y a nuestra capacidad de aguante. El problema es que son muchas las personas que ven pisoteada su dignidad y aguantan en la relación agarrándose a esta idea.

El amor no lo puede todo. De hecho, no deja de ser un constructo social que podemos rechazar si no conviene a nuestra vida profesional, familiar o individual. No todas las personas están preparadas para tener una relación duradera ni todas quieren o están preparadas para tener un solo tipo de relación.

Hay parejas que viven juntas. Otras que, pudiendo hacerlo, son felices manteniendo su espacio y por eso viven en casas distintas. Hay parejas que deciden intentar superar un determinado obstáculo y otras que deciden separarse. Lo cierto es que todas son igual de respetables. Y lo más importante, todas las personas que las formaban o las forman pueden seguir siendo igual de felices.

3. Los polos opuestos se atraen

Al igual que el “si te molesta, le gustas”, este es uno de los mitos más peligrosos. Tiene dos vertientes, una que se relaciona directamente con la omnipotencia del amor y la media naranja, y otra con relación al cambio por amor. En la primera vertiente, se aceptan las diferencias pensando que, al final, el amor entre ambos superará los obstáculos.

En realidad, una pareja con opiniones muy diferentes se enfrentará constantemente al desacuerdo, las discusiones y los enfrentamientos. Aunque la crítica y el debate en una pareja son sanos, el enfrentamiento continuo mina el sentimiento de unidad y compatibilidad.

Pareja hablando

La segunda vertiente es una de las más extendidas de la literatura, el cine y la televisión. Todos conocemos historias en las que una persona (generalmente la mujer) encuentra una pareja que, a priori, no le conviene. Es entonces cuando, en lugar de buscar alguien más compatible, emplea todo su esfuerzo en hacer que la otra persona cambie para poder formar una relación.

La verdad es que las personas no cambian con tanta facilidad. El error en estos casos está en querer a la persona que proyectamos sobre el futuro y no a la persona actual. Es con ella con quien iniciamos o no una relación.

La compatibilidad, la tolerancia y el respeto, junto a una atracción sana, dan pie amor, fuerte y duradero (si eso es lo que nos interesa). Hemos visto que el intento de reflejarnos en modelos externos, de personas a quienes no conocemos, crea en nosotros expectativas irreales que, a la larga, nos frustrarán.