Aprende a establecer tu verdadero valor

Las definiciones limitan

Cristina Pérez 25 enero, 2014 en Psicología 31 compartidos

Definir a una persona la suele limitar, porque los seres humanos somos mucho más que una simple definición. A veces sucede, que alguien puede pensar que es de una manera y luego no es así. Por ejemplo, podemos etiquetar a alguien de "vago", porque no es una persona trabajadora, no le apetece hacer muchas cosas, le cuesta ponerse en marcha, se levanta tarde, etc… pero habría que observar si esa manera de ser estaría producida por tristeza o falta de motivación.

Hay muchas personas que son catalogadas de vagas, cuando en realidad es que no han encontrado esa chispa a la vida que las hace motivarse y levantarse con ilusión para trabajar por un objetivo que las alegre. Por ello las definiciones limitan, cada forma de comportarse tiene un porqué, no nacemos de una manera sino que nos vamos moldeando y adaptando al entorno y ambiente.

No siempre son los demás los que tienden a etiquetar a las personas, a menudo, es uno mismo quien se impone una definición. No somos de una manera estática, depende de muchos factores, del entorno, situación, etc… Las palabras no llegan a la profundidad de lo que es un ser humano, en el momento en el que se le define, pierde la esencia más importante.

La manera de actuar, los triunfos y fracasos, los títulos, la profesión, los hobbies, son pequeñas cosas que acompañan a la persona, pero hay algo mucho más extenso y excelente en cada ser humano como para definirle y ponerle unas etiquetas estáticas.

No somos como una piedra inamovible, nos vamos moldeando con el paso de los años. Las definiciones, muchas veces impiden que la persona cambie porque se aferra a lo que cree que es. ¿Cuántas veces hemos oído o nos han puesto alguna etiqueta? Si somos conscientes de que no somos de una manera fija, las etiquetas no nos limitarán porque estaremos en continuo descubrimiento de nosotros mismos y trataremos de crecer como personas.

LAS ETIQUETAS LIMITANTES EN LOS NIÑOS

Ya desde niños se nos imponen unas etiquetas. En los colegios están los estudiosos, los buenos, los malos, los guapos, los feos, los desastres que lo suspenden todo, etc… Entre compañeros se tiende a etiquetar. Luego en la edad adulta, siguen arrastrando esas etiquetas, por ejemplo, personas que no eran muy agraciadas y con la edad cambiaron y se volvieron atractivas, habitualmente tenderán a no creérselo, porque tienen ya desde la niñez la etiqueta de poco atractivos.

Si nos damos cuenta de que la programación mental que tenemos, está muy influenciada por las experiencias pasadas, por las definiciones que hemos ido recibiendo, veremos que en nuestras manos está volver a empezar para valorarnos de una manera profunda, sin definiciones, ni culpas, ni negatividades.

Los padres habitualmente etiquetan a sus hijos en función de cómo vayan en la escuela, de esa manera, no cambiarán porque ya se les formará una definición y creerán haber nacido así. Si un mal estudiante ya ve que en su casa tiene la etiqueta de desastre, no hará el esfuerzo de cambiar, ¿para qué? “Si mis padres ya tienen esa idea de mí y no confían en que pueda ser de otra manera”.

En cambio si se eliminan las etiquetas y los resultados de las acciones no se unen a la persona, sino a la situación o a la etapa, las cosas podrían cambiar. Un niño se mira desde los ojos de sus padres, no tiene las herramientas para ser independiente y tener una opinión propia de sí mismo.

No es lo mismo que un padre le diga a su hijo, “eres un desastre y mal estudiante, te castigaremos y pagarás por tus malas notas”, que “este año has suspendido, pero sabemos que eres inteligente y lo podrías hacer mejor, vamos a ver qué podemos hacer para que el año que viene mejores” y negociar, educar, poner objetivos con recompensas, etc…

En la primera frase se etiqueta como desastre y mal estudiante, por lo tanto se une la valía personal a los resultados académicos obtenidos, de esa manera se da por supuesto que no se puede cambiar. En la segunda frase, los malos resultados no se unen a la persona sino a un mal año y se da la opción de cambiar confiando en la valía de la persona.

Si unos padres creen en el cambio de su hijo y lo valoran, él también lo creerá y se valorará. Tratar a un niño de una manera u otra, puede hacer que se forme un niño conflictivo sin opción de cambio o un niño con una sana autoestima.

¿QUIÉNES SOMOS?

La gran pregunta, ¿cómo nos definimos?, ¿en base a qué?, lo más saludable sería hacerlo por los valores humanos, ya que son cosas que pueden permanecer en el tiempo y no perderse. Si por ejemplo te defines por lo que tienes, profesión, etc… son cosas que a la larga podrían perderse, por ello jamás hay que unir la valía personal a cosas inestables.

Lo sano y seguro sería unirse a valores humanos, como la honestidad, humanidad, generosidad, etc.. si nos definimos en base a valores positivos que poseemos, tendremos una base sólida que no podrá ser destruida con el tiempo.

Somos quien queremos ser, nos convertimos en lo creemos que somos, por lo tanto, positiviza tu pensamiento. La mente es una máquina muy poderosa, ponla a tu favor, cree en ti, quiérete y no de definas en exceso, ya que somos mucho más que unas cuantas palabras. Somos seres humanos muy complejos y extraordinarios, no tenemos definición porque estamos en continuo crecimiento y cambio personal.


Fotografía cortesía de Vanessa Kay y David Robert Bliwas

Cristina Pérez

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