Las definiciones limitan

Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Elena Sanz
Las opiniones de los demás y, especialmente, lo que cada uno pensamos de nosotros mismos condiciona nuestra vida. Si quieres ser libre, no te definas.
 

Si ahora mismo te preguntase cómo es tu padre, tu mejor amiga o tu compañero de trabajo seguramente se te vendrían, de inmediato, un montón de adjetivos a la mente. Las personas tendemos a organizar por categorías los elementos que componen el mundo que nos rodea. Y, por lo mismo, etiquetamos a las personas. Esto nos ayuda a tener un esquema cognitivo más sencillo y manejable pero también nos resta libertad: las definiciones limitan.

Estamos tan acostumbrados a operar de esta manera que no somos conscientes de cómo los calificativos condicionan nuestra propia vida y la de los demás. En este artículo vamos a descubrir cómo nuestra opinión sobre alguien tiene el potencial de modificar su conducta. Pero, sobre todo, cómo lo que pensamos sobre nosotros mismos limita nuestras posibilidades.

Las definiciones forman nuestra personalidad

Es evidente que en la formación de la personalidad intervienen múltiples causas. El temperamento, la genética y el ambiente en el que crecemos interactúan dando forma a nuestros rasgos personales. Pero, dentro de este último, las definiciones juegan un papel primordial. Las etiquetas que los padres asignan a sus hijos moldean, de forma más o menos consciente, la forma de ser de los mismos.

 

Igualmente, cuando los pequeños comienzan la escolarización, las expectativas que los maestros depositan en ellos afectan su rendimiento académico. Este fenómeno fue denominado efecto Pigmalión y corroborado en diversos estudios. Aquellos niños a quienes los profesores consideraban más capaces obtenían mejores calificaciones y realizaban mayores progresos.

Esto se explica porque tanto padres como profesores se relacionan con el niño en base a sus creencias. Si un padre piensa que su hijo es desobediente se dirigirá a él de una forma más impositiva y menos paciente. Esto llevará al niño a reaccionar con oposición y se confirmará la expectativa del padre.

Lo mismo ocurre cuando un profesor considera que un niño es vago o poco inteligente: no le ofrece los mismos recursos de aprendizaje que a otros que considera más capacitados; por ende, ese niño termina obteniendo un rendimiento que refuerza la creencia del profesor.

Igualmente, si consideramos que nuestro hijo es inteligente nos centraremos en enriquecer sus conocimientos. Y si pensamos que es buen deportista lo apuntaremos a actividades deportivas. Las creencias definen cómo nos relacionamos con el niño y esto va moldeando su personalidad. A modo de profecía autocumplida las etiquetas que imponemos a los pequeños, tarde o temprano, se corroboran. 

 

Las definiciones limitan desde dentro

Pero el mayor impacto que ejercen estas etiquetas se produce desde dentro. Cuando, por ejemplo, una niña crece escuchando únicamente lo guapa que es, asumirá que es esta es una de sus virtudes. Por ende, trabajará en mantener una buena apariencia. Pero, quizá, no se esforzará en la escuela o tendrá dificultad para hacer amistades, porque nunca le dijeron que era inteligente y siempre recalcaron su timidez.

Aprendemos a definirnos en base a las definiciones que obtenemos de los otros. Cuando esas creencias calan en nuestro propio sistema cognitivo comienzan a sabotearnos desde dentro. Si creo que se me dan mal las matemáticas no encontraré motivación para tratar de entenderlas y disfrutarlas. Si me veo a mi mismo como alguien pesimista nunca trabajaré en cambiarlo, porque es uno de mis rasgos y no hay nada que hacer.

Las definiciones limitan nuestras posibilidades. Nos dicen quienes somos y borran nuestras opciones de ser. Debido a estos adjetivos tan interiorizamos nos negaremos a nosotros mismos la posibilidad de explorar nuestro propio potencial. Rechazaremos oportunidades porque creemos que no contamos con las cualidades necesarias. Nos resignaremos a seguir repitiendo las mismas conductas que nos disgustan porque creemos que no podemos cambiar.

 

Permítete ser

Dejemos de definirnos y permitámonos ser libres. Quizá siempre fuiste tímido pero nada te impide convertirte en alguien sociable. Tal vez acostumbras a ser pesimista o impulsivo, pero tienes la posibilidad de comenzar a adoptar una actitud positiva y reflexiva. Nuestras acciones diarias determinan quienes somos, y lo que fuiste no tiene porqué ser lo que eres hoy.

Deja de escuchar voces ajenas que te condicionan. Deja, incluso, de escuchar tu propia voz crítica interior. No temas cambiar de hábitos y patrones, no te aferres a cualidades definitorias. Cada día tienes la oportunidad de decidir cómo quieres ser.

  • Rosenthal, R. (2002). The Pygmalion effect and its mediating mechanisms. In Improving academic achievement (pp. 25-36). Academic Press.
  • Castro, D. V. (2016). Profecía autocumplida o los dos tiempos de la verdad. Desde el jardín de Freud: revista de psicoanálisis, (16), 63-76.