Las dos reglas del poder personal, según las filosofías orientales

Edith Sánchez · 5 octubre, 2019
Este artículo ha sido verificado y aprobado por la psicóloga Gema Sánchez Cuevas el 1 octubre, 2019
Para algunas filosofías orientales, hay básicamente dos reglas del poder personal. Si estás se aplican, la vida de sus portadores y de quienes le rodean se convertirán en una realidad en donde solo hay lugar para experiencias positivas y plenas.

Los orientales tienen una visión muy particular de cómo se producen los acontecimientos de la vida, tanto de qué los causa como de sus consecuencias. Afirman que el pensamiento es el que crea el mundo en el que se desenvuelve cada uno y que las reglas del poder personal deciden finalmente lo que sucede y lo que no.

Las reglas del poder personal son fórmulas o patrones que determinarían o condicionarían en buena medida los acontecimientos. Nacen de un ejercicio mental perseverante y llevan a que ciertas situaciones sean atraídas, mientras que otras se alejen, todo por obra de un equilibrio universal. Los orientales parten de la idea de que en el universo existe ese equilibrio y que simplemente debemos sumarnos a él.

En este marco, el poder personal viene a ser esa fuerza que nace, o no nace, de los pensamientos con los que cargamos nuestra mente. Las reglas del poder personal, a su vez, son básicamente dos e incluyen el tipo de pensamientos que, según ellos, debemos cultivar para que todo ocurra de una manera constructiva para nosotros.

Más que cualquier otra cosa, creo que son nuestras decisiones no las condiciones de nuestras vidas, las que determinan nuestro destino”.

-Tony Robbins-

Mujer con una luz en la mente simbolizando la neurociencia del dolor emocional

El poder personal

Dicen algunas filosofías orientales que el pensamiento tiene un poder ilimitado. Como lo pensemos, será. Según esta lógica, si dejas que el miedo se apodere de tu vida, con frecuencia vas a encontrarte con experiencias amenazantes. Si, en cambio, quieres enfrentar los miedos con valor, los caminos se irán despejando poco a poco para que lo consigas.

No se trata de un mecanismo mágico o esotérico. Simplemente, la mente atiende a aquello que ha decidido darle importancia. Por eso, el miedo hace que veamos multiplicadas las amenazas que identificamos. Si un perro agresivo siente que tenemos miedo, probablemente nos va a ladrar, o hasta atacarnos. El miedo le dice a los demás que existe un peligro.

De la misma manera, una mente serena, pendiente de encontrar salidas, conseguirá que incluso las experiencias potencialmente negativas se transformen en algo hermoso y/o constructivo. Un incendio puede llevarnos a salvar una vida. Todo dependería de nuestros pensamientos.

Perseverar en ser el factor positivo, una de las reglas del poder personal

Tomando de referencia estos criterios, los orientales señalan que la primera de las reglas del poder personal es esta: perseverar en ser el factor positivo, en cualquier situación. Algunas filosofías orientales dicen que basta con que una sola persona decida ser ese factor positivo para que las calamidades y las malas experiencias no tengan lugar.

El maestro Jan Anguita dice que dos personas con pensamientos incompatibles nunca se van a encontrar y mucho menos van a vivir experiencias conjuntas. Es un concepto similar al de sincronía que plantea Carl Jung. La realidad se dispone de tal modo que junta lo que es análogo y separa aquello que se repele.

Por lo tanto, cuando una persona decide ser un factor positivo en todas las circunstancias, encontrará personas que tienen ese mismo fin y situaciones que promueven ese objetivo. Por ser una de las reglas del poder personal, todo esto sucederá simplemente por el propósito que está fijado en la mente y en el que se debe perseverar sin descanso.

Mano tocando una luz

Convencerse de que el amor siempre vence

La segunda de las reglas del poder personal dice que, sin importar cuál sea la situación, el amor siempre vence. Los orientales señalan que la falta de amor tiene un poder muy débil. Por ser una fuerza negativa, no logra proyectarse con verdadera potencia hacia el mundo. El amor, en cambio, ejerce una gran influencia sobre todo lo existente.

El maestro Jan Anguita lo dice con una metáfora muy hermosa: puede que cien personas estén reunidas en una habitación oscura. Sin embargo, es suficiente con que una sola encienda una cerilla para que haya luz para todos. Así, el amor podría ser esa cerilla. Una persona llena de amor brilla con luz propia y hace que también sean iluminados quienes les rodean.

Las reglas del poder personal tienen tanta influencia que, a juicio de los orientales, con solo una persona que haya decidido ser factor positivo y esté llena de amor se puede evitar la destrucción, en cualquier circunstancia. No importa que los demás se opongan. Como en la metáfora, una vez que la habitación está iluminada, lo está para todos. Y si quiere seguir en la oscuridad, tendrá que irse a otro lugar.

Obiols, J. C. (2008). Zen coaching: un nuevo método que funde la cultura oriental y occidental para potenciar al máximo tu vida profesional y personal. Ediciones Diaz de santos.