Las oportunidades que no aprovechamos

Las oportunidades que no aprovechamos

Noemí Carranza 4 noviembre, 2012 en Psicología 5 compartidos
Mujer con maleta que se marcha buscando oportunidades

Solía conocer a alguien a quien las oportunidades de cambiar parecían causarle un día temor y el otro desinterés. Si podía cambiar a otro empleo, no lo hacía porque ¿para qué empezar de nuevo si donde estaba ya sabía todo?

Se quejaba constantemente de estar sola, pero cuando llegaba la oportunidad de poder conocer a alguien, se empeñaba en encontrarle hasta los defectos que no tenía… Era una sucesión de oportunidades que llegaban y se iban, sin tomarlas en cuenta. Lo suyo era para preocuparse.

Y sin embargo, no es la única en el mundo que ha dejado marchar una oportunidad, aunque ella sinceramente eran demasiadas las que había desaprovechado.

Las oportunidades perdidas no se recuperan

mujer con casa en la cabeza simbolizando oportunidades

Estamos constantemente dejando de lado lo que quizá podría ser algo bueno en nuestras vidas, porque tenemos miedo de ir  más allá unas veces, otras porque estamos demasiado cómodos y no queremos tomar riesgos. ¿Para qué arriesgarnos si estamos tranquilos como estamos? ¿Cuántas cosas te reprochas hoy por no haber intentado?

Como siempre digo, lamentarnos del pasado no sirve de nada, pero a veces quizá podría servirnos como reflexión para intentar ese sueño que aún abrigamos. Todos tenemos no uno, sino muchos. Pequeños y grandes sueños, hay que ser sinceros, algunos son tan fantásticos que los dejaremos en el mundo de nuestra imaginación.

Las oportunidades y los sueños

Solía tener un sueño… Desde chica, una foto en la pared me recordaba que había un lugar lejano donde un día sorprendida, descubrí que había cosas maravillosas. Pero no, esos viajes eran solo para “millonarios”, para qué ir tan lejos si podía ver cosas buenas cerca, “deja de soñar, que te vas a golpear” era lo más que escuchaba durante muchos años, hasta que fui postergándolo y un día lo olvidé en el cajón de los sueños.

Me hice adulta y mi sueño seguía en algún lugar, sonreía pensando que no tenía tiempo ahora, que no valía la pena, y que los sueños pues eso, sueños son. Y sin embargo, un día me encontré con la posibilidad de no tener muchos días para seguir solamente cobijando mi sueño, y me dije que quizá debería intentarlo, no era barato, y no era fácil decidir un día emprender una aventura en solitario.

El paso decisivo

Rompí mi hucha (que apenas tenía nada) y me pedí un crédito, total para eso son los bancos, o lo eran hasta hace poco, y contra todo pronóstico, me tomé un mes para hacer ese viaje que había olvidado años atrás…

Mujer en una vía de tren buscando sus oportunidades

Cuando volví comprobé emocionada lo bien que lo había pasado, pero sobre todo comprobé que mi percepción de las cosas había cambiado. Tomé un nuevo trabajo cuando todos decían que la crisis se nos venía encima, que debía estar loca para hacerlo, el tiempo demostró que sí estaba loca para arriesgarme a quedarme sin empleo, en tiempos convulsos, pero funcionó y encontré el que considero el trabajo de mi vida.

Aún tengo días de perderme pensando en hacer esto o aquello, nadie dice que reflexionar antes de tomar una decisión sea malo, todo lo contrario, nuestras decisiones bien merecen una reflexión. Pero reflexión no implica ser temeroso del porvenir ni dejar pasar las oportunidades que se nos pongan delante.

Dicen que si no buscas no encuentras. ¿A qué estás esperando para encontrar tu sueño? A menos que suceda un milagro, sino vas por él no vas a lograrlo.

Noemí Carranza

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