Lavarse las manos no limpia la conciencia - La Mente es Maravillosa

Lavarse las manos no limpia la conciencia

Cristina Medina Gomez 6 mayo, 2016 en Emociones 1762 compartidos
Mujer en el mar para lavarse las manos

Según cuentan los evangelios, Poncio Pilato dejó la sentencia que marcaría el destino de la vida de Jesús en manos del pueblo. Al hacerlo, lo que hizo fue renegar de cualquier tipo de responsabilidad sobre lo que ocurriese: lavarse las manos aleja de las consecuencias de la elección y de cualquier interés por la situación.

Transmitida a lo largo del tiempo, esta expresión forma parte de nuestro lenguaje más cotidiano y se usa, normalmente, con un matiz negativo: “yo me lavo las manos” o, lo que es lo mismo, “niego todo compromiso con lo que pueda suceder y me exculpo de antemano”.

Como sabemos, se emplea sobre todo cuando alguien es consciente de que existe una gran presión para que de todas las opciones que hay detrás de una decisión, se opte por una de ellas.

Por eso es una acción que molesta, porque lavarse las manos es un acto de cobardía que deja caer todo el peso de una situación sobre los hombros de los demás. Ahora bien, tarde o temprano se paga. Es probable que alivie la carga, pero solo lo hará momentáneamente, ya que la conciencia se ensucia y el comportamiento se mancha.

Es más fácil eludir responsabilidades que consecuencias

Mujer ante un búhoTodos las decisiones necesitan a alguien detrás que responda por ellas, de otro modo es complicado que sean tomadas con responsabilidad y ética. Esto es algo que tenemos presente, ya que cuando nos encontramos en alguna situación complicada puede aparecer la tentación de compartir el peso de la decisión que no nos gusta.

En estos casos, comunes en el entorno familiar o de trabajo, lo que ocurre es que alguien elude tomar decisiones, buscar soluciones o afrontar los malos momentos: requiere menos esfuerzo y es más sencillo. Pero esa persona se olvida de que, por acción u omisión, está dentro del problema y las consecuencias terminan llegando.

En otras palabras, mostrar desinterés por algo que le incumbe no hace a nadie libre de ello y puede que después termine quitándole el sueño: la conciencia es un valioso juez que valora el comportamiento y dictamina sus propias sentencias.

“El testimonio de mi conciencia es para mí de mayor precio

que todos los discursos de los hombres”

-Cicerón-

Un experimento científico

Tal y como cuenta el diario ABC, los estudios revelan que lavarse las manos (literalmente) después de un momento conflictivo reduce el malestar y justifica la forma de actuar: el agua parece ayudar con el sentimiento de culpa y con el remordimiento.

La Universidad de Michigan realizó un experimento para comprobarlo. Dieron a un grupo de personas unos CDs y les hicieron ordenar diez en base a sus preferencias. Tras ello se les dijo que tenían que elegir para ellos el que habían puesto en quinta posición o bien el que habían puesto en sexta posición.

Acto seguido, la mitad de los participantes se lavó las manos con jabón y la otra mitad examinó un bote de jabón. Al terminar, los dos grupos tuvieron que reordenar los CDs. Los que habían lavado sus manos mantuvieron su orden inicial de CDs, mientras que los que no lo habían hecho colocaron el CD que habían elegido entre los primeros y el que habían descartado entre los últimos.

Los investigadores entendieron que aquellos que se habían lavado las manos no tenían la necesidad de justificar la decisión que habían tomado entre los dos CDs, sin embargo los que no se lavaron las manos reordenaron los CDs porque tenían la necesidad de justificarse. Pusieron al que había elegido como mucho más preferido que el que habían descartado.

Lavarse las manos no es tenerlas limpias

PErsona lavándose las manos

En el mismo sentido que el experimento podría entenderse el uso del agua en la religión: un símbolo de purificación del alma que ayuda a redimir los pecados. Entonces es probable que la expresión, desde Poncio Pilato, no solo recogiera la acción de quitarse responsabilidades sino también de disminuir los remordimientos por ello.

Sin embargo, en la práctica lavarse las manos no siempre las limpia: todos hemos cometido alguna vez el error de querer desentendernos de algo, incluso por la sencilla razón de que nos estaba superando. Lo cierto es que, después, esa decisión nos ha acompañado como un lastre con el que hemos tenido que luchar.

Tener una mala conciencia, de hecho, es como tener un mal amigo del que es casi imposible liberarte. La moral ética nos hace darnos cuenta de que no hemos actuado bien y no nos deja descansar tranquilos hasta que no hemos recuperado nuestra paz interior. La conciencia cuando se ensucia nos enseña a crecer con los errores, a ganar en solidaridad y a renovar valores.

Ilustración principal de Valeri Tsenov

Cristina Medina Gomez

Teóricamente filóloga y esencialmente humana, por lo que siempre busco encontrar en las palabras la manera de conocerme y, por qué no, de conocernos: a veces escribir no es brindar belleza, es hallar moldes emocionales que nos unan a los demás.

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