Leon Festinger: un experimento de disonancia cognitiva

Este artículo fue redactado y avalado por el psicólogo Francisco Roballo
· 7 mayo, 2019
A través de un experimento, Leon Festinger pone a prueba el proceso de toma de decisiones. Te lo explicamos.

La toma de decisiones se pone a prueba en un experimento de disonancia cognitiva. Pero, ¿qué es la disonancia cognitiva? Pues es una sensación que aparece derivada de un conflicto entre las ideas, creencias y valores del sujeto con su comportamiento. La disonancia cognitiva surge de la incompatibilidad de pensamientos, que crea un estado de malestar considerable en las personas.

Podemos entender entonces a la disonancia cognitiva como una tensión psicológica. El concepto fue introducido por Leon Festinger en 1957.

Según el autor, esa tensión fuerza al sujeto a crear nuevas ideas o aptitudes que alivien la tensión y sean complementarias con el sistema de creencias del sujeto. Esta teoría se ha relacionado con la toma de decisiones; siempre que decidimos hacer algo que choca con nuestras creencias se despliegan diversas estrategias para aliviar esta tensión.

«Cuando existe disonancia, además de tratar de reducirla, la persona evitará activamente situaciones e información que probablemente aumentaría dicha disonancia»

-Leon Festinger-

Hombre pensando en el vacío existencial

Leon Festinger: el creador de un experimento revolucionario

Festinger fue un psicólogo social estadounidense nacido en Nueva York en el año 1919. Su teoría sobre la disonancia cognitiva ha tenido especial relevancia en la psicología social, especialmente en las áreas de la motivación y la dinámica de grupos.

La teoría se basa en que el ser humano es consciente de sus acciones y siempre que hace algo con lo que no está de acuerdo tiene la necesidad de aliviar la disonancia generada.

El experimento de disonancia cognitiva

El experimento de disonancia cognitiva fue diseñado por Leon Festinger y su colega Merrill Carlsmith en 1957. Se realizó con estudiantes y constó de los siguientes pasos:

  • Se le asignaban tareas aburridas a un estudiante en solitario. Estas tareas eran repetitivas, despertando difícilmente interés alguno. Sin embargo, el objetivo del experimento no residía en evaluar la ejecución de estas tareas.
  • Luego, se le solicitaba al estudiante que, al salir de la sala, convenciera al siguiente participante de que el experimento era divertido. En resumen, se les pedía que mintieran.
  • Se ofrecía una recompensa por la mentira. A la mitad de los estudiantes se les ofreció veinte dólares por mentir, mientras que a la otra mitad únicamente un dólar.
  • El sujeto que estaba esperando para entrar al experimento (cómplice del mismo), les decía a los estudiantes que una amiga suya había hecho el experimento la semana anterior y que le había parecido aburrido.
  • Los sujetos mienten mientras se los observaba. Se tomó nota de cómo se justificaba esa mentira.

La disonancia cognitiva se presentó en aquellos estudiantes que aceptaron mentir a cambio de un dólar. Los mismos tuvieron que convencerse a sí mismos de que aquel experimento fue divertido para paliar el conflicto generado.

¿Por qué? Porque la recompensa no era la suficientemente buena para «sentirse a gusto» con la mentira. A la hora de justificar sus actos, se les veía especialmente tensos en comparación con el grupo que recibió veinte dólares. Este último, lo hacía con más naturalidad y despreocupación.

El conflicto de la mentira

El experimento de disonancia cognitiva nos deja varias conclusiones. Principalmente, el grupo de veinte dólares de recompensa sabía perfectamente que el experimento era aburrido. Así mismo, dicho grupo también contaba con la justificación necesaria para decir lo contrario. No así el grupo de un dólar, donde pudimos ver cómo los sujetos se convencieron a sí mismos para aliviar la tensión generada por una recompensa insuficiente.

Conclusión del experimento

En una etapa final, después de mentir, el experimentador principal preguntaba a los participantes si realmente les había parecido divertido. En el grupo de veinte dólares, los sujetos expresaron sinceramente que el experimento no había sido realmente divertido. Paradójicamente, el grupo que tuvo que convencerse por la inconsistencia de la recompensa, reafirmó la mentira y muchos expresaron que lo volverían a hacer.

Resultados de la disonancia cognitiva

  • Evitación. Los sujetos tienden a evitar cualquier estímulo que les haga volver al estado de disonancia original. Se evitan situaciones, personas, ideas y lugares que lo confronten nuevamente con el conflicto.
  • Búsqueda de aprobación. Como consecuencia de las estrategias desplegadas, se busca en los demás la aprobación de la historia o los motivos sobre los cuales el sujeto se autoconvence, para justificar sus actos.
  • Comparación. Quienes sufren la disonancia tienden a compararse con otras personas para justificar sus actos.

«El creyente debe tener apoyo social de otros creyentes».

-Leon Festinger-

Mujer con los ojos cerrados pensando en la felicidad de los demás

La disonancia cognitiva en la actualidad

Han pasado 60 años desde el experimento y en la actualidad el tema sigue planteando preguntas y abriendo debates. Se ha propuesto, por ejemplo, como justificación de los métodos de defensa que aparecen en diversas patologías psicológicas. A su vez, también se ha utilizado en el análisis psicosocial de delincuentes y personas que justifican sus actos escudándose en el grupo o en el seguimiento de órdenes.

El poder del convencimiento, el alivio de la culpa

El experimento también cuestiona la tendencia del ser humano a encontrar el alivio psicológico y mental. El contraste entre las normas sociales y las decisiones del día a día hace que pasemos por este estado desagradable con más frecuencia de lo que nos gustaría. El problema aparece cuando, por este afán de librarnos de la tensión, terminamos generando conductas desadaptativas.

Además, conocer la disonancia puede ayudarnos a identificarla cuando la sufrimos. También puede ayudarnos a calibrar la influencia que tiene sobre nosotros la información que obtenemos de nuestro grupo de referencia y observar cómo las normas que lo constituyen condicionan nuestra manera de actuar, pensar o sentir. Finalmente, destacar que la disonancia cognitiva nos confronta con nuestros valores, haciendo que en ocasiones los actualicemos o actualicemos nuestra forma de actuar.

  • Tavris, C. y Aronson, E. (2007). Mistakes Were Made (But Not by Me): Why We Justify Foolish Beliefs, Bad Decisions, and Hurtful Acts. Harcourt Books.