Ley de Parkinson de la trivialidad: un problema para la producción

En muchas empresas se pierde un tiempo ingente en aspectos sin sentido ni trascendencia. La ley de la trivialidad, enunciada en los años 50, incide en un hecho que todos hemos vivido en piel propia más de una vez. Lo analizamos.
Ley de Parkinson de la trivialidad: un problema para la producción
Valeria Sabater

Escrito y verificado por la psicóloga Valeria Sabater el 07 febrero, 2021.

Última actualización: 07 febrero, 2021

La ley de Parkinson de la trivialidad nos dice que las personas tenemos una tendencia (casi) innata a perder el tiempo en aspectos sin trascendencia. Esto, por sí mismo, no sería un problema si con ello se perdiera también el bienestar y la productividad. Este fenómeno, conocido en el ámbito de la psicología organizacional como bikeshedding, nos explica también por qué muchas empresas fracasan o por qué como trabajadores sentimos en ocasiones una elevada frustración.

Hagamos un poco retrospectiva y pensemos, por ejemplo, en todas esas veces en las que una reunión laboral no parecía terminarse nunca. Así, lejos de lograr un consenso o de llegar a algún tipo de resolución, nos hemos marchado de esos encuentros sin sacar nada en claro. También podríamos hablar de cuánto tiempo se pierde a menudo con las videollamadas o de lo complicado que es, a menudo, llegar a un acuerdo.

Son muchas las veces en que, en ese escenario del área de las organizaciones, las horas se van en aspectos de lo más absurdos. Las tareas se expanden, se vuelven absurdas y se disuelve incluso el propósito original para el que fueron propuestas.

La ley de la trivialidad cuenta ya con más de 50 años desde que fue propuesta y sigue describiendo situaciones que nos son cotidianas.

Equipo de trabajo simbolizando la Ley de Parkinson de la trivialidad

Ley de Parkinson de la trivialidad: ¿en qué consiste?

La ley de Parkinson la trivialidad apareció por primera vez en 1957. Fue el escritor e historiador naval Cyril Northcote Parkinson, quien la acuñó en su libro La ley de Parkinson y otros estudios en la administración.

Desde entonces, este término ha navegado de manera constante en los escenarios laborales. Sabemos que sucede. Somos conscientes de que el tiempo se nos va en aspectos sin trascendencia, pero aún así no hacemos nada por evitarlo.

El profesor Northcote Parkinson dio un sencillo ejemplo en su libro para enunciar la ley de trivialidad, que bien merece la pena rescatarlo para comprender mucho mejor este concepto. Imaginemos ahora a un comité corporativo de empresa reunido. El objetivo del día es discutir tres temas muy concretos. Son los siguientes:

  • La construcción del nuevo reactor para la central nuclear.
  • La construcción de un cobertizo para las bicicletas de los trabajadores que llegan con este medio al trabajo.
  • Decidir el presupuesto anual del café de la empresa.

Como bien podemos imaginar, el tema más decisivo es el relativo al reactor nuclear. No obstante, en vista de que es un tema demasiado complejo, pasan pronto a la segunda cuestión. Es aquí donde, quien más y quien menos, tiene algo de conocimientos sobre el tema. Al tener mayor sensación de competencia sobre un área, le dedican más tiempo, a pesar de que esa dimensión no es ni mucho menos trascendente. 

El punto relativo al café también atrae el interés de la junta. Se habla incluso de la necesidad de adquirir uno de mayor calidad. Al final de la reunión, aún no se ha decidido nada sobre la construcción del reactor.

El tiempo dedicado a la discusión es inversamente proporcional a la complejidad del tema

La ley de Parkinson de la trivialidad aparece mayoritariamente en los entornos grupales. La presión de la mayoría hace que todos los miembros acaben centrándose en esos aspectos sin relevancia, hasta que poco a poco se crea una bola de nieve. Es más, este sesgo cumple una norma básica y es que el tiempo dedicado a la discusión es inverso a la complejidad del tema.

Aquellos aspectos de mayor trascendencia suelen aglutinar, por término medio, menor tiempo de análisis por un hecho muy concreto: la baja sensación de competencia. Es en los puntos o aspectos más triviales donde nos sentimos más solventes y es ahí donde se nos va el tiempo hablando.

La ley de Parkinson de la trivialidad y la baja productividad

Este sesgo tiene un coste elevado para las empresas. Esa tendencia a poner la atención en aspectos sin trascendencia hace que una organización rinda a un nivel subóptimo. El tiempo se diluye, la productividad se estanca, las personas se frustran y los proyectos no salen.

El fenómeno del bikeshedding hace, por ejemplo, que un equipo de trabajo pase más tiempo decidiendo de qué color va a ser la caja en la que va a ir un producto, en lugar de pensar en la estrategia de venta.

Ahora bien, cabe señalar que esto es solo una apreciación general. Ciertamente, hay empresas y grupos de trabajo altamente efectivos que saben gestionar bien las tareas y el tiempo.

grupo personas trabajando simbolizando la Ley de Parkinson de la trivialidad

¿Cómo podemos reducir el efecto de la ley de trivialidad?

A la hora de tratar la ley de Parkinson de la trivialidad, debemos centrarnos en tres aspectos: la priorización, la planificación y el estricto control del tiempo. Ni más ni menos. A veces, una empresa puede ser productiva y estar bien posicionada en el mercado. Sin embargo, sus empleados pueden percibir igualmente que el tiempo a veces se va en aspectos sin sentido.

Pocas cosas hay más frustrantes que sentir que estamos perdiendo el tiempo en reuniones interminables. También que hay días en que por la mala organización, no se ha logrado ningún objetivo. Estas situaciones agotan y desaniman. Por ello, no nos extrañará que estudios como el realizado en la Universidad de Missouri incidan en que el problema de la gestión del tiempo sigue siendo la eterna cuenta pendiente.

No obstante, sería positivo que todos los estamentos en un escenario laboral fueran entrenados en habilidades como la focalización y la concentración. A nivel general, la correcta priorización y la adecuada planificación de tareas en cada área y circunstancia es prioritario.

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