Libres son quienes piensan, no quienes obedecen - La Mente es Maravillosa

Libres son quienes piensan, no quienes obedecen

Fátima Servián Franco 16, Febrero 2017 en Psicología 3553 compartidos
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Libres son quienes crean, no quienes copian. Al fin y al cabo, copiar solo es seguir las ideas de los demás. Crear es hacer realidad nuestros sueños a partir de la nada, producir algo determinado a partir de nuestra capacidad artística, imaginativa o intelectual.

Arriesgarse con ideas propias es la máxima expresión de libertad. Las personas libres piensan creando, acercándose de manera genuina a su propio éxito. La última de las libertades humanas es la elección de la actitud personal que debemos adoptar frente al destino para decidir nuestro propio camino.

La obediencia puede ser considerada como una virtud o como una imposición. En casos extremos, no será ninguna de las dos acepciones. Ojalá pudiéramos ser desobedientes cada vez que recibimos órdenes que humillan nuestra conciencia o violan nuestro sentido común. Ojalá nos permitiéramos serlo.

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Nadie te puede dar libertad. Nadie te puede dar igualdad o justicia. La tienes que tomar tú.
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Enseñar, es enseñar a dudar

Eduardo Galeano, fue un periodista y escritor uruguayo considerado como uno de los más destacados artistas de la literatura latinoamericana. En su obra “los hijos de los días”, Galeano nos enseña a dudar a partir de la crítica, de la reflexión y el debate. Nos anima a dudar sobre las ideas que nos vienen dadas, como mandatos inamovibles.

Para ser realmente libres, la duda es fundamental para construir, con la colaboración de todos, esas ideas liberadoras que nos hagan más humanos, más dignos, más libres. En el mundo al revés se nos enseña a padecer la realidad en lugar de cambiarla, a olvidar el pasado en lugar de escucharlo y a aceptar el futuro en lugar de imaginarlo.

Para este autor, en la escuela son obligatorias las clases de impotencia, amnesia y resignación. Denunciaba que mandar recitar de memoria lo que no se entiende es hacer papagayos. Demandaba que a los niños hay que enseñarles a ser preguntones para que se acostumbren a obedecer a la razón, no a la autoridad, ni a la costumbre.

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Arriesgarse con ideas propias es la máxima expresión de libertad

La libertad de iniciar algo nuevo requiere mucho esfuerzo y valentía, pero eso es lo que diferencia el camino al éxito de más de lo mismo. Vivir es arriesgarse, y como dijo Søren Kierkegaard, padre del existencialismo arriesgarse es perder pie por un tiempo, pero no arriesgarse es perder la vida por completo.

No nos debe importar perder una batalla, tener esperanza es también arriesgarse a fracasar. De hecho, piensa que el mayor riesgo en la vida es no arriesgarse nunca. Si no arriesgamos nada, no hacemos nada, y estaremos encadenados por nuestros miedos, siendo esclavos de ellos. Algo que finalmente nos llevará a perder nuestra libertad.

Podemos deslizarnos por la vida sin entregarnos enérgicamente a ella. Podemos no exponernos a los fracasos, a los errores, a las decepciones, al dolor. En cierta forma, esta forma de vivir es en realidad una negación de la vida. Con frecuencia se trata de una incapacidad de dar y otras veces, de una gran falta seguridad, de temor a exponerse, a arriesgar.

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Si vivimos una vida dominada por la pereza, por la evitación, por el cansancio y por la falta de esfuerzo nos estaremos perdiendo la mejor versión de nosotros mismos. Así, si damos un paso adelante, aunque nuestros proyectos e ideas a veces fracasen hay algo que nunca perderemos: nuestra capacidad para decidir.

Quien no está preso de la necesidad, está preso del miedo: unos no duermen por la ansiedad de tener las cosas que no tienen, y otros no duermen por el pánico de perder las cosas que tienen.
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Fátima Servián Franco

Psicóloga General Sanitaria. Profesora colaboradora en la Universidad Internacional de Valencia y directora del centro de Psicología, Renacer.

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