Lo que aprendimos de “Una mente maravillosa”

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Gema Sánchez Cuevas el 10 octubre, 2017
Raquel Aldana · 26 mayo, 2015

Ha muerto John Nash, ese genio de la vida y de las matemáticas que inspiró la fantástica película de Una mente maravillosa.

Basado en la novela homónima de Sylvia Nasar, el largometraje Una mente maravillosa, producido en 2001, fue un verdadero éxito que obtuvo 4 Oscar y un sinfín de seguidores. Protagonizada por Russell Crowe, la película nos ofrece de manera sencilla un gran mensaje que nos invita a buscar la manera de superar nuestras limitaciones, sean cuales sean.

A quien no conozca la historia de John Nash… 

John Nash tenía 30 años cuando le diagnosticaron esquizofrenia paranoide. A la sana ambición de su mente privilegiada se le impuso el lastre de una tremenda enfermedad que lo desolaba.

Era una mente brillante, una mente maravillosa que destacada y prometedora cuando todo ocurrió. Sin embargo, nada le detuvo a la hora de perseguir sus sueños. Tras años de cruentos tratamientos que intentaban ayudarle a superar su enfermedad mental, John Nash consiguió mantener sus síntomas a ralla.

Aprendió a convivir con voces con sus alucinaciones. John oía voces, veía cosas.., pero pudo manejarlas.

Su trabajo interno fue, como es obvio, descomunal hasta el fin de sus días. Lógicamente vivir sin poder discernir qué es real y qué no lo es resulta muy complicado; sin embargo, la mente brillante de Nash lo consiguió. En la película Una mente maravillosa se refleja muy bien esta situación, su impotencia junto a su capacidad de superación.

Nash ganó el Nobel de Economía en 1994 por su teoría de juegos, aún hoy vigente y útil en el ámbito de la estrategia. John combatió la esquizofrenia paranoide durante toda su vida. Y, sí, lo consiguió. Consiguió llevar una vida completamente diferente a la que su enfermedad les destinaba.

Su muerte, como su vida, no ha sido la esperada. El 23 de Mayo de 2015, Nash falleció, junto a su esposa, víctima de un accidente de tráfico.

Boda de John Nash real y en la película una mente maravillosa

 

Un ejemplo de superación y de esperanza que inspiró Una mente maravillosa

A él le debemos mucho, no solo por su contribución a la ciencia sino por contarnos su historia y volver “al mundo de los cuerdos” para enseñarnos que, trabajando nuestro interior, todas las mentes son maravillosas.

John se aferró a su inteligencia y convivió con las voces de su cabeza a pesar de que le ahogaban. Su lucha no fue fácil. Sin embargo, logró entender que el camino de su vida estaba en la aceptación. Y nos lo mostró.

Entonces le llegó la inspiración. Logró crear un mundo estable en un lugar cambiante. Y, lo que en un principio era un combate, acabó por ser un hogar en el desarrollarse. A pesar de sus limitaciones, Nash logró una plaza como profesor del MIT mientras, a su vez, recuperaba la brillantez que su problema mental había truncado.

John Forbes Nash aprendió a vivir con la esquizofrenia durante toda su vida aplicando una regla según la cual “todo problema tiene una solución”. Algo que, si bien no es válido para todos los enfermos mentales, todos podemos adecuar a nuestra vida de alguna forma.

Vivir sabiendo que gran parte de nuestro dolor es inevitable debería de ser una premisa que todos siguiésemos. Sin duda, John, nos ofreció la clave para disfrutar de la vida: aceptar, fluir y actuar.

Mente con llave

Entonces, ¿la esquizofrenia se cura o no se cura?

A veces, lo que una persona necesita no es una mente brillante que le hable sino un corazón paciente que le escuche.

Nos cuenta el periodista de investigación Robert Whitaker que durante mucho tiempo, en Laponia Occidental (Finlandia) tenían las tasas más altas de esquizofrenia entre su población. Para hacernos una idea, allí viven unas 70.000 personas, y en la década de 1970 y principios de 1980, cada año se daban veinticinco o más nuevos casos de esquizofrenia, el doble o triple que en el resto de Finlandia y de Europa.

Pero en 1969, Yrjö Alanen, llegó al hospital psiquiátrico de Turku (Finlandia).  Por aquel entonces, eran pocos los psiquiatras que creían en la posibilidad de la psicoterapia como tratamiento para las psicosis.

Sin embargo, Alanen pensaba que las alucinaciones y los delirios paranoides de los pacientes esquizofrénicos, cuando se analizaban detenidamente, muestran historias con sentido.

Así que comenzaron a trabajar la labor de escucha a los pacientes y a sus familias por parte de los profesionales allí presentes.

Crearon una nueva modalidad de tratamiento que se denominó  “Terapia Adaptada a las necesidades de los pacientes”. Sin embargo, no se olvidaron de que cada persona es un mundo y fomentaron, a su vez, la creación y adecuación de un tratamiento específico para cada caso.

Algunos pacientes tendrían que ser hospitalizados, pero otros no. Por otra parte, habría pacientes que podrían beneficiarse de dosis bajas de medicamentos psiquiátricos (ansiolíticos o antipsicóticos) y otros que no.

Hombres con polea

Así, como vemos, personalizaban y trabajaban de manera minuciosa cada caso, haciéndose conscientes de las necesidades de cada persona y de cada familia. Por supuesto, las decisiones en cuanto al tratamiento eran conjuntas, valorando cada opinión en la medida adecuada.

Las sesiones de terapia no giraban en torno a la disminución de los síntomas psicóticos, sino que se centraba en los éxitos y logros previos del paciente, procurando así fortalecer el control sobre su vida.

De esta manera, el paciente no pierde la esperanza de ser como los demás, de mantener una normalidad y de conseguir mirar más allá en lugar de aislarse.

Durante los últimos años, la terapia Diálogo Abierto ha transformado “el cuadro de la población psicótica” en Laponia Occidental. El gasto en los servicios psiquiátricos de la región se redujo enormemente y, en la actualidad, es el sector con menor gasto en salud mental  de toda Finlandia.

Los 25 nuevos casos de esquizofrenia al año

se han transformado en solo 2 ó 3 casos anuales.

Lo que está claro es que las cosas se pueden hacer de otra manera. Hay otro tipo de tratamiento para las personas con esquizofrenia o cualquier otro tipo de psicosis que garantiza una vida diferente a la que estamos acostumbrados a depararles.

Les sometemos a terapias farmacológicas agresivas, electroshocks y compasión, mucha compasión. No nos olvidemos de la pena, el miedo y el rechazo que infunden las miradas que destinamos hacia ellos. Si sumamos esto, podemos poner la mano en el fuego por el fracaso. Y no nos quemamos.

Por eso, recordad, siempre hay mejores maneras de actuar. Pero si como sociedad nos sentimos enfermos, no lograremos ver que hay una luz maravillosa al final del túnel para todos.