Aprovechar lo bueno de la vida para poder asumir lo malo

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 15 octubre, 2015
Álvaro Cabezuelo · 15 octubre, 2015

En muchas ocasiones nos centramos en los errores que cometemos en la vida y, sin embargo, nos olvidamos fácilmente de lo bueno. Nuestra vida está cargada de buenos momentos que olvidamos cuando echamos la vista atrás y solo nos focalizamos en lo malo.

Lo cierto es que hacer recuento de los momentos importantes o de los detalles que han marcado nuestra vida no es una tarea fácil. Nuestra memoria funciona de forma selectiva, eligiendo los recuerdos que quiere mantener y aquello que finalmente se olvidan.

Los recuerdos de nuestra vida

Los recuerdos son aquellas imágenes, palabras, olores, sensaciones y emociones que guardamos en nuestra mochila. Podemos llevar una carga muy pesada o por el contrario, ligeros de equipaje. Lo malo no es caminar con una gran carga, lo malo es sentir su peso.

Mujer triste con pájaros de papel

Sentimos un gran peso cuando traemos al recuerdo las piedras pesadas de la culpa, la tristeza, y los fracasos. Sentimos un peso ligero cuando sabemos que cargamos con todo eso pero preferimos elegir sentirnos bien con la mochila puesta. Lo malo no es andar con una mochila de recuerdos, lo malo es elegir siempre el peso más pesado.

Tenemos que tener en cuenta que nuestra memoria y nuestra mente es maravillosa pero, en ocasiones, también traicionera. Nuestra mente puede jugarnos malas pasadas y recuperar recuerdos distorsionados o recordarlos peor de lo que realmente fueron. Además, sabemos que nuestro estado emocional influye de forma muy notable en la información que recuperamos en nuestra mente. Si nos encontramos mal, recordamos mal.

“Si busco en mis recuerdos los que me han dejado un sabor duradero, si hago balance de las horas que han valido la pena, siempre me encuentro con aquellas que no me procuraron ninguna fortuna.”

-Antoine de Saint-Exupery-

La vida es elegir lo bueno para poder asumir lo malo

Sabiendo que nuestra memoria no funciona siempre de la mejor manera, lo mejor que podemos hacerlo es tenerlo en cuenta cuando nos descubramos rememorando escenas que se repiten una y otra vez y no hacen nada más que dañarnos. Piensa en tu memoria y haz un análisis más objetivo de tus recuerdos.

También es fundamental tener en cuenta que en la vida no siempre todo nos sale como nos gustaría y que los errores forman parte del aprendizaje. Eres lo que eres y has llegado hasta aquí por lo que has aprendido.

Todas esas preguntas de: “y si… hubiera hecho“, “y si…hubiera dicho“, “y si…no hubiera ido“. Son posibilidades, caminos que no hemos tomado por alguna razón. Plantearse soluciones alternativas y culparnos por no haberlas tomado daña nuestro presente.

Piensa en el camino que te queda y con qué recuerdos quieres añadir a la mochila de tu vida. El trayecto no termina hasta que nos vamos y la memoria tan sólo es una parte del recorrido. Camina hacia adelante, aún quedan recuerdos que añadir en tu biografía.

 “Poder disfrutar de los recuerdos de la vida es vivir dos veces.”

-Marco Valerio Marcial-

Mujer feliz con los ojos cerrados

La biografía de tu vida

Somos tan sólo borradores. Bocetos a medio construir que vamos perfilando con nuestras experiencias, pensamientos y emociones que asociamos a ellas. No permitas que tu biografía se escriba con rencor. Construirnos a nosotros mismos no es tarea fácil. Requiere de intentos, aciertos y caídas, pero la vida no es un tan sólo un examen con una sola respuesta. Nadie nace sabiendo vivir de forma plena.

Una buena forma de ordenar nuestra biografía es expresarla. Escribirla, pintarla, cantarla, tocarla o incluso construirla con nuestras manos es una de las mejores maneras de expresar lo que somos. La expresión artística es una de las mejores formas de expresar tu biografía.

Aprovechar lo bueno de la vida para poder asumir lo malo es aceptarnos y aceptar lo que hemos vivido. Y eso es el mayor regalo que nos podemos hacer para llegar al final de camino siendo nosotros/as mismos/as.

“Me basta con la vida para justificarme.
Y cuando me convoquen a declarar mis actos,
aunque sólo me escuche una silla vacía,
será firme mi voz.

No por lo que la muerte me prometa,
sino por todo aquello que no podrá quitarme”

-Luis García Montero-