Lo que más valoramos nos costó un esfuerzo

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 20 marzo, 2016
Dolores Rizo · 20 marzo, 2016

En la vida, lo que más valoramos es lo que nos costó un esfuerzo, ya que nos permitió crecer y superarnos. Conseguir lo que nos proponíamos, pudo resultar difícil, costoso y largo y, sin embargo, esto lo convierte en más valioso.

El valor reside precisamente en que hemos puesto parte de nosotros en el logro conseguido, en que en él está empeñado parte de nuestro coraje, de nuestras ganas de superarnos y de levantarnos cuando nos han golpeado una y otra vez. Cuando ha sido el último hilo el que nos ha salvado en determinadas ocasiones en las que no veíamos nada más en lo que apoyarnos y la esperanza era prácticamente nula. Una especie de operación a corazón abierto.

Sin embargo, cuando la vida nos resultó cómoda, porque nos regalaron o nos lo dieron hecho, la alegría por obtener algo que deseábamos probablemente no fue tan grande ni el recuerdo ha quedado tan grabado en nosotros. Salvo, claro está, cuando eso, que puso en nuestras manos el destino, era muy necesario.

La comodidad, enemigo del crecimiento

Crecer no es cómodo, ya que supone fallar, caer y decepcionarse varias veces. Sin embargo, es innato crecer y, para ello, la vida nos pide como moneda el esfuerzo. El sudor, real o imaginario, es el que le pone nuestro olor a los logros y los hace especiales.

Permanecer en nuestra zona de confort, nos protege del fracaso, si bien, difícilmente conseguiremos que la felicidad permanezca en ella, entre otras cosas por lo reducida que suele ser. Instalados en ella relegamos el gobierno de nuestra vida a los demás o al caprichoso destino afinado por la fortuna.

Dibujo de zona de confort en el suelo con letras blancas

Para crecer y ser felices, necesitamos explorar, buscar y esforzarnos por lo que queremos conseguir. Con ello, el éxito y el fracaso tendrán un sentido en nuestra vida y esto lo valoraremos en función del esfuerzo que nos haya supuesto.

“La fuerza y el crecimiento vienen sólo a través del esfuerzo y la lucha continua.”

-Napoleón Hill-

La autonomía y la madurez

Desde que nacemos, estamos creciendo y esforzándonos por salir adelante, sorteando obstáculos, aprendiendo cosas nuevas e inventando juegos y estrategias para conseguir lo que queremos. Al principio la ayuda es imprescindible pero después el instinto de supervivencia nos sacaría adelante. Si delante de ti hay una gran grieta y no tienes más remedio que seguir, terminas saltando.

Así en realidad cuando crecemos lo difícil es encontrar el equilibrio entre la dependencia con la que nacemos y la autonomía que necesitamos para crecer. Para ello, es aconsejable que en el momento del desarrollo en el que los niños están preparados, les permitamos vivir sus propias experiencias, sus consecuencias, sus retos y exponerse a su propio esfuerzo para alcanzar sus metas.

El valor del esfuerzo 

El esfuerzo nos permite ser autónomos y nos ayuda a madurar y, además, es un componente esencial para el desarrollo de nuestra autoestima. Cuando nos exponemos ante un reto, una dificultad o un problema y con esfuerzo nos vemos capaces de resolverlo y seguir avanzando, descubrimos nuestras capacidades y valía personal.

Muñeco subiendo una piedra por una montaña

Por el contrario, aquellas personas a las que les facilitaron la vida, dándoselo todo hecho, regalándoles todo lo que pueden necesitar, por sobreprotección o miedo, difícilmente se harán una idea de su valor. Lo cierto es que no se demostraron a ellas mismas de lo que son capaces, por que no les hizo falta. 

“El éxito depende del esfuerzo.”

-Sófocles-

Cada uno sabe lo que le hace feliz

Podríamos desear una vida más fácil y cómoda, en la que otras personas nos cuidaran, protegieran, apoyaran y valorasen más. Sin embargo, esto no nos hará más felices, ya que viviremos la vida que los demás desean para nosotros, aunque probablemente no sea la que nosotros deseamos para ser felices. Si no nos esforzamos por conseguir lo que queremos, no valoraremos lo que tenemos, ya que probablemente no coincida con lo que realmente queremos.

Solo cada persona sabe lo que la hace feliz y aunque cueste un esfuerzo conseguirlo merecerá la pena intentarlo. Al buscarlo y esforzarnos por ello, ya estaremos recorriendo nuestro propio camino. Además, podremos sentir el valor del esfuerzo, la satisfacción y el orgullo personal al descubrir nuestra valía para trazar nuestro propio camino.

Mujer sonriendo tumbada en el césped

La felicidad está en el camino

Recorrer una vida de esfuerzo, conlleva a veces dolor y sacrificio. Sin embargo, cuando conseguimos avanzar aunque sea en pasos pequeños, la recompensa podemos sentirla desde el primer paso, ya que nos sentiremos plenos, satisfechos y felices de caminar hacia donde nosotros mismos nos marcamos y no hacia donde otros nos hubiesen llevado.

La felicidad está en el valor de cada paso, en el camino y en el trayecto que nos proponemos recorrer. Siempre que éste sea decisión propia y los retos conseguidos, productos de nuestro esfuerzo y valía personal.

“La satisfacción radica en el esfuerzo, no en el logro. El esfuerzo total es una victoria completa”

-Mahatma Gandhi-