Lo prohibido nos atrae

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 25 noviembre, 2015
Marian García · 9 noviembre, 2013

Desde tiempos remotos el ser humano siempre se ha sentido atraído por aquello que no está al alcance de su mano. Parece como si lo prohibido se revistiera de un halo de atracción irresistible para nosotros. En el fondo es una manifestación, digamos casi natural, que tenemos las personas por matar la curiosidad y por conquistar la libertad.

Desde el momento en el que nacemos, se nos van imponiendo límites morales, éticos y sociales. Desde niños, nos van enseñando lo que podemos y lo que no podemos hacer. Son los padres, quienes primero marcan ese camino y van delimitando esas líneas rojas, que no podemos traspasar. Después la sociedad sigue sumando límites en esa lista de prohibiciones.

Nuestra propia condición como seres humanos es la que nos empuja a experimentar aquello que se nos niega porque necesitamos conocer lo desconocido y valorar sus consecuencias. Transgredimos las normas para sentir “en primera persona” sus consecuencias. Es el único modo que tenemos de repetir o renunciar por voluntad propia a actividades prohibidas, si éstas resultan o no realmente dañinas para nosotros. Como apuntaba Oscar Wilde “la única forma de vencer una tentación es dejarse arrastrar por ella”.

EL RETO DE ALCANZAR LO PROHÍBIDO

Cuando a algo o a alguien se presenta ante nuestros ojos con el cartel de prohibido, inmediatamente parece como si nuestro lado más aventurero se activara para conseguir ese reto. Lo vetado nos seduce y nos atrae. Si echamos un vistazo a nuestra vida cotidiana podemos encontrar múltiples ejemplos que confirman esta máxima.

Basta que el médico nos haya prohibido consumir un alimento para que se convierta en el más apetecible; un libro despierta nuestro interés si ha sido censurado por algún motivo; una persona nos atrae más tiene pareja o se presenta como un amor imposible. Está claro que cuando algo está prohibido, nuestra mente decide prestarle más atención que de costumbre.

Un estudio realizado por la Universidad de Columbia, en Reino Unido, desvela que el deseo por algo prohibido disminuye, cuando renunciamos a él en grupo, es decir, nos resulta más sencillo respetar los límites cuando lo hacemos en grupo, que de modo individual. Estas conclusiones podrían mejorar las terapias grupales para ayudar a las personas a superar ciertos hábitos y adicciones.