El lobo siempre será malo si solo escuchamos a Caperucita

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Gema Sánchez Cuevas el 16 marzo, 2018
Valeria Sabater · 7 marzo, 2016

No todo lo que escuchamos es cierto. Lo sabemos y, por lo tanto, nos tenemos que acomodar a la incertidumbre que esto nos genera. Porque somos conscientes de que tras amables palabras, en ocasiones, se esconden oscuros intereses o sagaces manipulaciones. Por otro lado, también sabemos que no es bueno confundir la verdad con la opinión de la mayoría.

Filósofos clásicos como Platón o Aristóteles definían la verdad como aquello que se corresponde con la realidad. Ahora bien, el auténtico problema reside en que la verdad es como un cristal con muchas caras que puede verse desde distintas perspectivas.

Mi verdad no será igual a la tuya, porque yo veo el mundo a través de mi experiencia personal, de mis emociones y mis sesgos.

No todo lo que escuchamos es cierto, pero suele decirse que la verdad siempre triunfa por sí misma porque la mentira necesita demasiados cómplices.

A menudo suele decirse aquello de que “el lobo siempre será malo si solo escuchamos a Caperucita” y, si bien es cierto que no es adecuado dar por válida una opinión atendiendo una sola voz, en ocasiones una única persona alberga en sí misma una verdad auténtica. Es necesario saber intuir y discriminar el simple ruido de la noble sinceridad.

El inquietante problema de la verdad en todo lo que escuchamos

Mujer hablando a otra al oído
Chimamanda Ngozi Adichie es una joven escritora nigeriana de éxito gracias a libros como Medio sol amarillo. En muchas de sus conferencias suele hablar de un interesante concepto al que ha llamado “el peligro de las historias únicas”.

Adichie comenta lo inquietante que resulta tener que enfrentarse a determinados discursos minoritarios capaces de influir en las grandes masas sobre aspectos que ni siquiera conocen. En su caso, debe corregir cada día a todos aquellos que piensan que Nigeria es solo un país de leones y jirafas, habitado por pueblos incultos y salvajes.

Las personas solemos tener la sensación de que las ideas que mantenemos y defendemos son LA VERDAD y que hemos llegado a ellas de forma libre. Pero, en realidaddichos constructos psicológicos están determinados por ESTEREOTIPOS asumidos y por sesgos de valor adquiridos casi de forma inconsciente por muchas de estas “historias únicas”.

Es necesario saber reconocer todas esas verdades impuestas, esos estereotipos que hemos interiorizado y comprender que nuestra realidad está compuesta por múltiples puntos de vista, voces y casos particulares que encierran en sí mismos la belleza de nuestro mundo.

Aunque la verdad esté en minoría, sigue siendo la verdad

Puede que solo Caperucita nos revele las malas intenciones del lobo, puede que únicamente ella levante su voz sobre el resto, pero como ocurre muchas veces en nuestra sociedad, la verdad siempre suele estar en el corazón de la minoría. La falsedad, por su parte, defendida por las grandes masas resulta más fácil de asumir, “nos normaliza”.

El peligro del conformismo

Solomon Asch fue un célebre psicólogo que a través de sus experimentos sociales nos demostró que, por lo general, nos dejamos influir por la opinión de la mayoría aunque esta sea errónea, y lo hacemos por simple conformismo.

Tras esta conducta tan habitual en muchos de nuestros contextos sociales, se encerraría en realidad un instinto ancestral del ser humano, ese que nos serviría para no ser excluidos o marginados de  la “gran masa”. Para nuestros antepasados, el sentirse apartados, supondría en ocasiones la “no supervivencia”.

caperucita con el loboEl poder de los grupos pequeños

Estamos seguros que tras leer estas explicaciones pensarás que el problema de todo reside en el peso de los grandes grupos sociales (políticos, la prensa, altos organismos en la sombra…), aquellos provocan que asumamos ciertas ideas como ciertas cuando en realidad no lo son del todo.

Ahora bien, los psicólogos Tajfel, Billig, Bundy y Flament (1971) definieron lo que se conoce como grupo mínimo para explicar cómo muchas veces nuestros propios “micromundos” familiares, de amistad o de trabajo, nos trasmiten sus preferencias, sus ideas y estereotipos de un modo tan sutil que los vamos integrando casi sin darnos cuenta.

La verdad está dentro de ti

Pensar que la solución a nuestros problemas, así como que la verdad de todas las cosas está en nuestro interior es, sin duda, algo complicado de asumir. Nuestra mente está llena de prejuicios, miedos y actitudes limitantes, entremezclados a su vez por ese ruido exterior que nos trae la vida moderna.

Según numerosos textos de la Antigua Grecia, en el templo a Apolo en Delfos, se hallaba inscrita una frase que ha perdurado en el tiempo, pero no en el propio monumento. Era la siguiente:

Conócete a ti mismo y conocerás a los dioses y al universo”.

Estas sabias palabras nos dan un claro ejemplo de lo que supone el autoconocimiento: es tener una fuerte autoestima para buscar nuestra propia verdad sin caer en el conformismo. Es saber escuchar y empatizar para comprender al prójimo igual que nos comprendemos a nosotros mismos, y entender así la realidad de todo lo que nos envuelve. Sin miedos y con sentido crítico. 

La verdad solo está pensada para los valientes, para los que escuchamos, para los que nos atrevemos a preguntar y para aquellos que con corazón noble, desean conocer la sensibilidades de este mundo.