Los baobabs y el Principito (miedos ocultos)

Valeria Sabater · 18 febrero, 2015

Estamos seguros de que el famoso libro de Antoine de Saint-Exupéry, “El principito”, es uno de tus favoritos. Si es así, es muy posible que recuerdes uno de sus miedos, uno de los temores que el joven protagonista solía padecer casi de modo obsesivo: los baobabs y El Principito.

Según él mismo explicaba, todo el suelo del planeta estaba infestado de semillas de baobabs. Y algo así era un peligro, puesto que si uno no se libraba de ellas a tiempo, todo el suelo quedaría perforado por sus raíces. Los baobabs crecerían en poco tiempo como gigantes titánicos, enormes monstruos que colapsarían de inmediato un planeta tan pequeño como el suyo. Hasta hacerlo explotar. Y todo, absolutamente todo, desaparecería.

Y entonces ¿cómo librarse de ese peligro?” – Es una cuestión de disciplina – explicaba el Principito-. De rutina. Cuando uno termina de asearse por la mañana, tiene que asear también cuidadosamente su planeta. Hay que arrancar con regularidad esos pequeños arbustos por donde crecen ya los baobabs, cuidando de distinguirlos bien de los rosales. Porque los rosales son buenos, hermosos. Mientras que los baobabs, son peligrosos. Es un trabajo muy fastidioso, pero fácil.”

¿Qué conclusión podemos sacar de esta idea? Los baobabs y el principito no se llevaban nada bien. Según este cuento ellos son nuestros miedos. Nuestros pensamientos negativos, esos que no debemos alimentar y que debemos saber arrancar a tiempo. Hablemos hoy sobre ello, desde la interesante perspectiva del famoso personaje de Saint- Exupéry.

 

Los miedos y las distorsiones cognitivas

 

Los baobabs y el Principito nos señalan que todos nosotros tenemos un miedo. O quizá varios. Miedo a la soledad, miedo a ser rechazados, a fracasar. Miedo a lo imprevisto, a las serpientes, a los payasos, miedo a lo que no podemos controlar. Como humanos que somos es habitual sentir y experimentar la emoción del miedo.

Evolutivamente tiene una finalidad muy sencilla: La de sobrevivir. Huir de lo que nos hace daño para garantizar nuestra supervivencia. No obstante, es necesario plantearnos la siguiente pregunta ¿Debemos escapar siempre de lo que nos hace daño? En ocasiones, hay que saber hacer frente.

Todos vivimos con nuestros miedos de un modo más o menos eficaz. Si sabemos controlarlos y gestionarlos adecuadamente, no interrumpirán nuestras vidas para hacernos prisioneros de dichas dimensiones, porque es ahí donde está el auténtico riesgo del miedo.

Si temo al fracaso nunca iniciaré ningún proyecto, si me da miedo lo desconocido jamás saldré de mi zona de confort. Si tengo un miedo irracional a lo imprevisto, es posible que elija encerrarme en casa hasta que poco a poco, me vuelva agorafóbico.

Si dejamos que nuestra realidad se “infeste de semillas de baobabs” poco a poco, éstos irán creciendo de modo imparable. En el momento en que perdamos nuestra sensación de control y permitamos que los miedos nos superen, los baobabs habrán crecido de un modo tan descomunal, que también nuestro pequeño planeta acabará colapsando. Estallando.

baobabs principito

Antes de ser un árbol grande, el baobab era pequeño

Recordemos ahora un interesante instante en la novela de Saint-Exupéry. El piloto y el Principito hablan sobre la necesidad de eliminar a los baobabs, momento en el cual, nuestro protagonista pregunta si los corderos también podrían comerse los arbustos de baobab. A lo cual, el piloto lo corrige y le indica que los baobabs no son arbustos, sino árboles gigantes, árboles tan grandes como iglesias.

Necesitaría un rebaño entero de elegantes para destruirlos. Es más, necesitaría poner un elefante sobre otro alrededor de su planeta para poder terminar con los baobabs. Aunque llegado este punto, el Principito añadió algo con gran acierto: Antes de ser un árbol gigante, el baobab es pequeño. Una pequeña semilla.

Así pues ¿Por qué no desecharlos a tiempo, cuando aún son inofensivos? Si permitimos que nuestros miedos se hagan grandes, llegará un día en que nos superarán y nos inmovilizarán por completo. Así que lo mejor, es mantener una sencilla rutina diaria.

Una rutina de limpieza y crecimiento: Alimenta todos aquellos pensamientos y dimensiones positivas de tu vida, riega las “rosas” de tu universo personal desechando las malas hiervas de baobab.

Los baobabs y el Principito nos enseñan a no alimentar las semillas de los baobabs para evitar que estos crezcan y se conviertan en verdaderos monstruos

Mírate al espejo y convéncete de que todo lo que ves, es inmensamente grande y positivo. Viste tu rostro con una sonrisa y abriga tu corazón con una ilusión sencilla, todo proyecto merecerá la pena, todo sueño es buen combustible con el que empezar a andar. No permitas nunca que esas semillas de baobab germinen y colapsen tu pequeño planeta. No vale la pena alimentar lo negativo o lo que nos hace daño.

¿Estás de acuerdo con este cuento de los baobabs y el Principito?