Los cinco psicofármacos que han cambiado la historia

24 Marzo, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Cristina Roda Rivera
¿Qué son los psicofármacos? ¿Cómo aparecieron y cuáles son los más importantes? Intentaremos responder a estas y otras interesantes preguntas.
 

Los síntomas de las enfermedades mentales provienen de factores biológicos y ambientales, incluidos patrones de conducta desadaptativos. Aunque muchos tipos de profesionales de la salud mental administran psicoterapia, los psiquiatras, que están capacitados como médicos, también pueden recetar psicofármacos como parte del tratamiento que brindan.

Tanto la psicoterapia como los psicofármacos han demostrado ser efectivos para muchos trastornos psiquiátricos. A menudo, una combinación de los dos funciona mejor.

El nacimiento de la psicofarmacología moderna se remonta a la década de 1950, cuando una serie de descubrimientos cambió para siempre el curso de la psiquiatría y la vida de millones de pacientes.

Los siguientes psicofármacos, aunque algunos ya no se usen de manera común, cambiaron el campo de la terapia de manera dramática, abriendo la psiquiatría al tratamiento de trastornos que alguna vez se consideraron intratables. Sus descubrimientos se encuentran entre los mayores logros en la historia de la medicina.

 
Psicofármacos

Los fármacos más influyentes en el contexto de la salud mental

1. Psicofármacos para estabilizar el ánimo: carbonato de litio

El descubrimiento moderno del litio como tratamiento para el trastorno bipolar fue realizado en 1948 por John Cade, un psiquiatra australiano que seleccionó el litio porque neutralizaría el ácido úrico, que en ese momento creía que era la causa de la manía.

Al final resultó que, el trastorno bipolar no tiene nada que ver con el ácido úrico, lo que no quitó para que el litio fuese una gran ayuda a partir de ese momento para compensar a pacientes maniacos.

El litio fue el primer psicofármaco moderno, puesto que se demostró su eficacia como antimaníaco en 1949, antes del descubrimiento de la clorpromazinaSe convirtió en el primer medicamento específico para la intervención en un trastorno psiquiátrico particular.

 

Más de setenta años después de su descubrimiento, el litio sigue siendo la medicación más efectiva en toda la psiquiatría, con una tasa de respuesta de más del 70 % para pacientes con trastorno bipolar. También tiene aplicaciones útiles en el tratamiento de las depresiones unipolares.

El descubrimiento del litio como un tratamiento efectivo para el trastorno bipolar marcó el comienzo de la revolución de los psicofámacos en psiquiatría. Por primera vez en la historia, se podría hacer algo para tratar una enfermedad mental grave.

2. Psicofámacos para trastornos psicóticos: clorpromazina

El descubrimiento fortuito del litio en 1948 fue seguido poco después por otro descubrimiento milagroso: el primer fármaco antipsicótico del mundo.

En 1949, un cirujano militar francés en Túnez llamado Henri Laborit estaba buscando una forma de reducir el shock quirúrgico. Investigó un antihistamínico, la clorpromazina, que descubrió que tenía profundos efectos psicológicos en los pacientes cuando se administraba antes de la cirugía.

 

Laborit en 1952 convenció a otro psiquiatra para que administrara el medicamento a un paciente esquizofrénico por primera vez.

El uso de la clorpromazina como el primer neuroléptico barrió toda Europa, pero en los Estados Unidos, “dominados” por el psicoanálisis, su recepción fue silenciada.

En ese momento, los psiquiatras estadounidenses buscaban explicaciones psicosociales de la esquizofrenia, como la teoría del doble vínculo de Gregory Bateson. Todo lo que tuviera relación con psicofármacos no interesaba o interesaba poco.

La compañía farmacéutica que produjo clorpromazina (marca Thorazine) comenzó a cortejar a los gobiernos estatales, en lugar de a los psiquiatras y las escuelas de medicina, insistiendo en que el medicamento podría ahorrar una suculenta cantidad de dinero a los programas estatales de salud mental.

Poco después, casi todos los principales hospitales psiquiátricos de EE.UU se habían abonado a la línea de la clorpromazina. La introducción de Thorazine en los EE. UU. contribuyó al movimiento de desinstitucionalización y el número de pacientes hospitalizados disminuyó de aproximadamente 600.000 en 1952 a 160.000 en 1977.

 

La clorpromazina sigue siendo uno de los medicamentos antipsicóticos más efectivos, particularmente para pacientes con enfermedades graves, y tiene aplicaciones útiles en situaciones de emergencia. Junto con el litio, figura en la lista de medicamentos esenciales de la Organización Mundial de la Salud.

3. Psicofármacos para los trastornos del estado de ánimo: imipramina

El tercero de los descubrimientos históricos en la psicofarmacología temprana fue la imipramina, el primer antidepresivo tricíclico.

El desarrollo del primer antipsicótico (clorpromacina) estuvo vinculado a la investigación sobre antihistamínicos. También sucedió así en la síntesis del primer antidepresivo, imipramina.

A principios de la década de 1950, las compañías farmacéuticas buscaban nuevos medicamentos para competir con la torazina en el mercado de la esquizofrenia.

Roland Kuhn, un psiquiatra suizo contratado por la compañía farmacéutica Geigy que siempre estaba más interesado en la depresión que en la esquizofrenia, hizo algo decisivo. Decidió ir a espaldas de la compañía farmacéutica que financiaba su investigación y administrar este compuesto para la depresión. Los resultados que obtuvo fueron una revolución para la época.

 

A las pocas semanas de iniciar el tratamiento con imipramina, los pacientes con depresión crónica de Kuhn comenzaron a recuperar un sentido de propósito, motivación y esperanza. Sus síntomas depresivos, una vez considerados intratables, respondieron muy bien a este nuevo fármaco.

Con el descubrimiento de la imipramina, la psiquiatría finalmente tuvo tratamientos biológicos efectivos para sus tres trastornos principales: esquizofrenia, trastorno bipolar y depresión.

Durante muchos años, la imipramina se consideró el “estándar de oro” en el tratamiento de la depresión mayor. Si bien su uso regular ha sido reemplazado en gran medida por los nuevos ISRS e IRSN, sigue siendo útil en el tratamiento de las depresiones atípicas y refractarias.

4. Psicofármacos para la ansiedad e insomnio: Valium

El valium fue inventado por el químico Leo Sternbach en Hoffman-La Roche en Nueva Jersey (1963), el segundo fármaco de benzodiacepinas que se descubrió, después de Librium, en 1960.

 

Las benzodiacepinas se volvieron muy populares en los años 60 y 70 como ansiolíticos porque sus efectos secundarios carecían de la gravedad de los efectos adversos de los barbitúricos, la generación anterior de sedantes.

Una sobredosis de barbitúricos eran fácilmente letal. Posiblemente gracias a ellos permanece el estereotipo cultural de “matarse con pastillas para dormir”.

Las benzodiacepinas son solo letales en casos excepcionales, muy seguras en sobredosis y enormemente adictivas. Como familia pertenecen a las tres categorías: son a la vez sedantes, ansiolíticos e hipnóticos. Todo depende de la molécula en cuestión, la dosis y su vida media en sangre.

Mano con muchas pastillas para representar el efecto placebo

5. Psicofármacos para el estado de ánimo: Prozac

En los últimos 30 años, tal vez ningún medicamento psiquiátrico sea más conocido que el Prozac (fluoxetina), que fue descubierto por Eli Lilly and Company en 1970 y entró en uso médico en los EE. UU. Fue uno de los primeros medicamentos ISRS.

 

Desde la introducción de Prozac, han seguido una serie de ISRS, cada uno con una estructura química y un perfil de efectos secundarios ligeramente diferentes, pero similar en su mecanismo básico y efectividad. El motivo principal es que producen muy escasos efectos secundarios y que tienen un amplio espectro de acciones e indicaciones.

Los nombres de los ISRS son: fluoxetina, fluvoxamina, paroxetina, sertralina, citalopram y escitalopram. El descubrimiento de los medicamentos ISRS fue un logro histórico en psiquiatría y ahora son los medicamentos más recetados para la depresión clínica, los trastornos de ansiedad o el trastorno obsesivo compulsivo.