Los efectos a largo plazo de mentir a los niños

Edith Sánchez · 1 diciembre, 2019
Este artículo ha sido verificado y aprobado por el psicólogo Sergio De Dios González el 1 diciembre, 2019
Mentir a los niños puede ser una opción fácil y rápida para salir del paso cuando hacen preguntas incómodas. Sin embargo, a largo plazo esta estrategia suele tener consecuencias negativas en la vida adulta.

Mentir a los niños nunca es una buena opción. Algunos padres lo hacen porque piensan que es una forma de simplificarles la comprensión de alguna situación, una alternativa para protegerlos de la cruda realidad o una manera de estimular su fantasía y llevarlos a un mundo mágico y hermoso.

A veces, también se acude al recurso de mentirle a los niños para ganar más control sobre ellos. Frases como “Te portas bien, o te lleva el policía” son consideradas completamente inofensivas por algunos padres. Se equivocan. Quizás en el corto plazo logran su cometido, pero con los años solo llevan a producir adultos más inseguros y desconfiados.

Es cierto que decir la verdad puede no ser fácil y que esa dificultad se incrementa cuando estamos hablando con niños pequeños. Sin embargo, el esfuerzo no debe ir dirigido a mentir a los niños, sino a encontrar las mejores palabras y los mejores recursos para decirles la verdad de una manera que resulte comprensible para ellos.

Con una mentira suele irse muy lejos, pero sin esperanzas de volver”.

-Proverbio judío-

Niño sentado pensando

¿Por qué no mentirle a los niños?

Mentirle a los niños es un recurso fácil, que ahorra tiempo y muchas veces evita explicaciones incómodas o embarazosas. Así mismo, la inocencia y confianza de los pequeños ayuda a que la persuasión sea fácil.

Sin embargo, como lo señala la sabiduría popular, la verdad siempre sale a flote. Tarde o temprano los niños terminan enterándose de que lo que se les había dicho era falso. Generalmente acceden a esas verdades a través de terceros. Esto, obviamente los lleva a la conclusión de que sus padres no son personas confiables.

A mediano plazo, y dependiendo de la gravedad del engaño, esto puede llevar a que dejen de tomar a sus padres como punto de referencia. La confianza se basa precisamente en la idea de que sabemos, con un alto grado de certeza, lo que podemos esperar del otro. Cuando alguien miente, ese principio se diluye.

Hablar con la verdad favorece el desarrollo cognitivo y emocional de los niños. Mentir genera dificultades de adaptación en la vida adulta. Así lo prueba un estudio llevado a cabo en Singapur, del que hablaremos enseguida.

Un estudio sobre las mentiras

El profesor Setoh Peipei, de la Facultad de Ciencias Sociales de NTU Singapur, creó y llevó a la práctica un estudio para identificar las principales consecuencias a largo plazo de mentir a los niños. Para su estudio tomó como base a 379 adultos, quienes completaron cuatro cuestionarios online sobre el tema.

Peipei partía de la hipótesis de que quienes son engañados durante la infancia tienden a presentar dificultades para adaptarse a los desafíos de la vida adulta. También que se vuelven más mentirosos, manipuladores y egoístas, al tiempo que desarrollan más fácilmente sentimientos de culpa y de vergüenza.

Aunque el estudio no profundizó en torno a la naturaleza y la gravedad de las mentiras, en una primera instancia, sí logró probar la hipótesis central. Esto es, que quienes habían sido engañados cuando eran niños presentaban mayores dificultades de adaptación, así como más comportamientos impulsivos, agresivos y egoístas. También tendían a violar con mayor frecuencia las normas.

Padre hablando con su hijo

Comunicarse con los niños sin mentir

Estas son algunas recomendaciones para ser sinceros con los niños:

  • Pensar antes de hablar. Es importante elegir un lenguaje comprensible y concreto, que ellos puedan entender.
  • Si no hay tiempo, o lo que se debe decir es muy difícil, vale la pena pedirles tiempo. “Hablaremos esta noche. En este momento no sé cómo explicarte esto”. Obviamente, hay que cumplir.
  • No hablar con el niño en momentos de exaltación. Los padres deben estar tranquilos y los niños también, para que puedan escucharse.
  • Valorar la sinceridad. Es importante exaltar la importancia de la sinceridad en familia.
  • Emplear la fantasía como metáfora de la verdad y no como engaño.
  • Ayudarle al niño a prepararse emocionalmente para hacer algo que no desea. En lugar de mentirles, ayudarles a encontrar sus propios recursos para enfrentar las situaciones.
  • Desdramatizar las situaciones. Es importante hablar con naturalidad, abiertamente y sin eufemismos.

Los padres tienen que elegir con frecuencia entre dos opciones: mentir o desarrollar la verdad y la coherencia para explicar, motivar o interrumpir el comportamiento de un niño.

En muchas ocasiones, optan por la mentira o una media verdad muy manipulada: a corto plazo, es la que genera menos problemas, también la que requiere menos esfuerzo. Pensemos en ello.

HOyOS vALDéS, D. I. A. N. A. (2010). Filosofía para niños y lo que significa una educación filosófica. Discusiones filosóficas, 11(16), 149-167.