El tiempo pasa rápido, pero además hay auténticos expertos en acelerarlo

Paula Murillo · 23 junio, 2017

El paso del tiempo es una sensación compartida por todos; de hecho, en el propio avance del segundero encontramos la justificación de su existencia. Para unos supone un peso difícil de aguantar, mientras que para otros responde a la satisfacción de un deseo. Este asunto ha sido debatido por diferentes pensadores, desde los filósofos de la antigua Grecia hasta nuestros días.

La idea de aprovechar hasta el máximo cada segundo que pasa y exprimir cada instante es una obsesión para muchas personas. Miran a la vida como una mariposa que revolotea, mientras envejece, y a la que tienen que atrapar. Otros encuentran el sentido de su existencia y equilibrio dando toda la importancia al momento, sin levantar la vista más allá de la baldosa que pisan.

“¿Qué es el tiempo? Si nadie me lo pregunta, lo sé. Pero si tuviese que explicárselo a alguien no sabría cómo hacerlo”.

San Agustín

La idea de ser dueños de nuestro tiempo hace que como especie hayamos fraccionado y organizado nuestra forma de vivir en espacios temporales. La cultura occidental establece unas etapas vitales, acompañadas, eso sí, de determinados usos y costumbres. Así, teniendo una definición clara del ciclo vital, ¿qué hace que en ocasiones queramos avanzar tan rápido?

La presión del tiempo y los “deberías”

Pese a que existan personas que tomen caminos distintos, la realidad es que existe una senda pautada que la mayoría de nosotros recorremos. Estudiar, encontrar pareja, encontrar trabajo, vivir juntos, casarse y tener hijos.

Quizás seas de ese grupo de personas que no has seguido el esquema, pero incluso en la desviación seguro que has podido notar presiones de tu entorno, más o menos sutiles, para que lo siguieras.

Amigas hablando sin pensar en el tiempo

Los comentarios en los que sobrevuela el “deberías ya de…” nos persigue en entornos familiares y sociales. La presión que se ejerce en las nuevas generaciones parecía que iba a ser menor, pero no es así. Sin darnos cuenta, el sentimiento de fracaso puede nacer por no seguir muchos de esos “deberías” que nos recuerdan del exterior.

“Al final, lo que importa no son los años de vida, sino la vida de los años”

-Abraham Lincoln-

Toda escala de valores personal es muy respetable, obviamente mientras no dañe a nadie (otros o uno mismo). Los objetivos vitales que nos marcamos a nivel personal y familiar pueden volverse en nuestra contra, eso ocurre cuando no se corresponden expectativas con realidades.

Dejando a un lado las dificultades socioeconómicas y los cambios que nos rodean, existen muchas parejas que han heredado el concepto de familia de sus padres. Esto no es criticable, dado que la base de valores heredada no significa necesariamente un freno para nuestro crecimiento personal. Sin embargo, ¿hasta qué punto estamos condicionados? Pensemos ¿hemos elaborado nuestros propios objetivos o existe influencia y presión?

Quemar etapas demasiado rápido

 

Tiempo que pasa en un reloj de arena

Seguramente en nuestro entorno conocemos parejas que siguen esos pasos y deciden casarse antes de los veinticinco, comprar una casa y tener hijos antes de los treinta. Lo primero y más importante es que las dos personas estén plenamente convencidas de conseguir estos objetivos al mismo tiempo.

Por ejemplo, acabamos de hacer la mudanza con nuestra pareja a una casa en alquiler cuando nos planteamos comprar una vivienda. ¿Qué nos empuja a ello? ¿La presión de ser una pareja según lo que marca la sociedad? Tal vez ¿ser madre según los “deberías…”? El crecimiento y riqueza personal van un poco más allá de la independencia del hogar, la maternidad o paternidad. El crecimiento personal no tiene tanto que ver con el resultado de las decisiones como el lugar desde el que las tomas.

“Un joven en años puede ser viejo en horas, si no ha perdido el tiempo”

-Sir Francis Bacon-

Consumir las etapas demasiado rápido puede hacer que después nos arrepintamos o que queramos dar marcha atrás y que el coste que tengamos que pagar por ello sea muy alto. Además, puede hacer que al revisar nuestra existencia afloren ganas de culpabilizar a la pareja, a lo padres o reprocharnos a nosotros mismos.

Esto no sería justo, dado que cada uno es dueño de los momentos de su vida. Sin duda, siempre quedan espacios de decisión propia donde no solo hay que ceder, sino también ser valientes.

La grandeza de cada momento vital

Chica pensando en su tiempo libre

Uno de los principales elementos que debemos intentar alcanzar es la sensación de plenitud. Es importante saber que las emociones y las sensaciones por las que tenemos curiosidad están cultivadas antes de dar el siguiente paso.

Esto evitará que un futuro culpemos a personas por una responsabilidad que era nuestra o que aparezcan sentimientos de frustración vital. Por ejemplo, si en mi plan vital existen viajes, conocer culturas o explorar, no es un signo de egoísmo buscar un tiempo en el que disfrutar de este tipo de experiencias.

“La experiencia no es lo que te sucede, sino lo que haces con lo que te sucede”

-Aldous Huxley-

En la etapa adecuada, por ejemplo, invertir en experiencias en vez de ahorrar para la boda no es un signo de inmadurez, sino de enriquecimiento. Investiga, juega y vive el momento que te toca sin adelantar acontecimientos… Seguro que así podrás ofrecer lo mejor de ti a medida que futuro se vaya convirtiendo en presente.