Los efectos de no saber aceptar una derrota

Edith Sánchez·
06 Diciembre, 2020
Este artículo ha sido verificado y aprobado por Psicólogo Sergio De Dios González al
06 Diciembre, 2020
Saber aceptar una derrota es tan importante como saber gestionar los posos del triunfo. Los errores y fracasos tienen consecuencias, pero también nos ofrecen muchas oportunidades.

En principio, pareciera que no hay que aprender nada en torno a los hechos de ganar y perder. Sin embargo, sí que se requieren herramientas para incorporar lo uno o lo otro a la vida de forma inteligente. De hecho, los efectos de no saber aceptar una derrota o de no poner cierto autocontrol en la gestión del éxito puede tener consecuencias muy negativas.

El éxito, medido en base a unos parámetros muy concretos, se ha convertido casi en una obligación. Por lo tanto, es frecuente que el hecho de ganar sea asimilado casi como un deber que luego se usa como evidencia social. Mientras tanto, perder se asume como un fracaso, cuando no como una vergüenza. Así, ni lo uno ni lo otro se aborda de la manera adecuada.

En ese contexto es difícil que se aprenda a aceptar una derrota. A veces esto se convierte en un factor que debilita el entusiasmo y la fortaleza personal. Otras veces desata conductas obsesivas que se traducen en una obstinación caprichosa, que termina dando lugar a un círculo vicioso de frustración.

“Se aprende poco con la victoria, en cambio, mucho con la derrota”.

-Proverbio Japonés-

Hombre decepcionado

¿Por qué es difícil aceptar una derrota?

Como ya lo mencionamos, uno de los factores que más incide para que sea tan difícil aceptar una derrota son las creencias falsas. La primera de ellas dice que no lograr algo equivale directamente a un fracaso. La verdad es que hay una gran distancia entre ser derrotado y fracasar. Lo primero es un revés completamente natural; lo segundo, una actitud.

En términos generales, una persona que no sabe aceptar una derrota tiene dificultades en tres aspectos de su vida:

  • Tolerancia a la frustración. Supone una gran dificultad para asimilar que las cosas no salgan o se desenvuelvan como se desea.
  • Falsa autoestima. Tiene que ver con una valoración de uno mismo en la que se descarta la posibilidad de error o de derrota. Es falsa en la medida que no se experimenta aprecio por las vulnerabilidades propias.
  • Sistema de valores. Se le da una importancia exagerada al éxito, demeritando otros aspectos valiosos del desarrollo y de la vida. Así mismo, se valora mucho más el resultado que el proceso o todo aquello que lo inspira.

Las personas que tienen dificultades para aceptar una derrota suelen experimentar un sentimiento de falsa superioridad. Por lo tanto, no lograr lo planeado consigue que la ficción que han construido se venga abajo.

La obstinación neurótica

No saber aceptar una derrota suele tener como efecto una seguidilla de frustraciones que incrementan el malestar. Así, la persona que no acepta que perdió el amor de su pareja es probable que intente una y otra vez una reconciliación imposible, a la vez que es probable que vea frustrado su deseo una y otra vez.

O quien se resiste a aceptar que perdió una oportunidad importante podría buscar caminos fallidos para darle un nuevo aire a esa opción que ya se fue. También es posible que termine siendo muy duro consigo mismo, exigiéndose más de lo que puede dar en ese momento, o recriminándose por no haber hecho algo o haber dejado de hacerlo.

Esa obstinación no concede espacio para procesar lo sucedido y adquirir el aprendizaje que se desprende de ello. También exacerba las emociones negativas, como la ira y la tristeza que se desprenden de la frustración. De este modo, es posible que una persona llegue a quedar bloqueada o estancada, en función de su resistencia a aceptar la realidad.

Mujer triste pensando

Aprender a perder

La derrota tiene un valor enorme en la vida, desde el punto de vista psicológico. En primer lugar, le pone un límite al narcisismo infantil con el que todos iniciamos la vida. Saber que no todo se puede lograr, que no todos los deseos se van a cumplir, es la base sobre la que se construye el principio de realidad.

Así mismo, las derrotas son una gran fuente de conocimiento. A partir de estas se descubren los límites propios, los errores de apreciación y las coordenadas de lo real. Por lo tanto, genera saberes válidos que pueden ser utilizados luego en provecho de un nuevo objetivo. La ciencia funciona así: avanza sobre la base de error.

Saber aceptar una derrota implica abordarla con curiosidad e interés. A nadie le gusta perder, pero quien sabe hacerlo supera relativamente pronto el sentimiento de frustración y se centra en el aprendizaje que emerge de ello. Resulta paradójico, pero saber perder es también una forma de ganar.

Sánchez, A., & María, A. (2010). Instrucciones para la derrota. Narrativas éticas y políticas de perdedores. Barcelona: Anthropos.