Los esnobistas verdugos de sí mismos

Edith Sánchez · 22 julio, 2014

Siempre están a la última moda en sus prendas de vestir. Para ellos es más aterrador ponerse un vestido obsoleto que quedarse con la cuenta en rojo a fin de mes. Pero no solo están atentos al último grito de la moda en ropa. También necesitan tener el último móvil, ir a la película más popular del momento o visitar los restaurantes que frecuentan los famosos.

Los esnobistas sienten pánico de quedarse atrás. De no estar en la cresta de la ola que corre en un determinado momento. Piensan que usar determinados productos o estar en ambientes específicos equivale a “formar parte” de la cultura. El riesgo de “quedar fuera” de lo más selecto los lleva al horror.

Adolescentes tardíos

La necesidad de pertenecer a un grupo, y hacer lo que sea necesario con tal de lograrlo, es muy propia de los adolescentes. A esa edad hay una revolución de valores y de hormonas. La pertenencia a un grupo es lo único que logra aliviar la angustia que produce una identidad volátil. El grupo reemplaza el hogar paterno, con el que progresivamente se rompen lazos.

En esa lucha por tener una idea más o menos estable sobre quiénes somos y qué queremos de la vida, no todos alcanzan una resolución sana. A veces el conflicto se prolonga y llegamos a la edad adulta con grandes vacíos y fuertes inseguridades.

El esnobismo se convierte en una respuesta a la falta de conocimiento o valoración por lo que somos. La consigna última del clásico esnob se puede resumir en la siguiente frase: imitar a los que considera importantes o distinguidos.

Una anécdota revela el origen de la palabra. Viene del inglés. Cuando en la Gran Bretaña comenzaron a aceptarse estudiantes sin títulos nobiliarios en las grandes universidades, las listas con los nombres de los alumnos incluían esa palabra a un lado: snob. Quería decir que ese estudiante en particular no tenía título nobiliario. Aún así, estaba en la clase.

Por extensión, desde entonces se les llama así a quienes están entre “los nobles” o los sectores más prestantes, sin pertenecer realmente a ese segmento social.

Esnobismo y autoaceptación

Algunos definen a los esnobistas como esclavos de la moda. La moda es a su vez una construcción cultural que se impone, la mayor parte de las veces, desde fuertes intereses comerciales que tienen un fin monetario. Se trata de una estrategia calculada que la mayoría de las veces no tiene nada que ver con los mejores productos, sino con la manipulación de las inseguridades.

Uno de los mecanismos favoritos de la gran publicidad es pedirle a una figura famosa que utilice determinadas prendas, o haga uso de algunos productos. Bien sea en su vida diaria, o a través de un comercial, las “celebridades” transmiten una fuerza de atracción sobre esos artículos.

Son mensajes dirigidos a personas que quieren sentirse importantes a través de la apariencia. Si usa lo mismo que está utilizando un personaje de moda, siente como si se estuviera apropiando de los atributos que esa persona representa. De su belleza, su talento o su fama.

De hecho, muchas compañías publicitarias contratan jóvenes o adultos que son populares en su entorno social y les pagan para que usen algunos productos. Esas figuras generan fuertes oleadas de imitación y es así como las empresas hacen un gran negocio.

El esnobista es alguien que ante todo está insatisfecho consigo mismo. Copian para PARECER, no para SER. Entre más copian, menos son ellos mismos. Ese es el trágico círculo vicioso en el que están atrapados. En los peores casos terminan haciendo el ridículo. En los mejores, hacen de su vida un simulacro que complace a otros esnobistas, con igual falta de identidad y de amor propio.

Imagen cortesía de Ana García.