Los héroes también se rinden

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Gema Sánchez Cuevas el 19 junio, 2016
Lorena Vara González · 19 junio, 2016

Todos tenemos héroes a nuestro alrededor. Nuestros héroes son esas personas que han luchado incansablemente contra el cáncer o contra cualquier otra enfermedad larga, degenerativa y/o mortal. Esas personas que con su sentido del humor y su valentía no han dejado de ponerle una sonrisa al mundo a pesar de la adversidad.

Ellos, nuestros héroes, nos han enseñado todo aquello por lo que vale la pena luchar. Nos han enseñado que el mundo puede ser de distinto color según el cristal con el que lo miras, que los verdaderos amigos están siempre en los malos momentos y que lo que merece la pena siempre cuesta un poco más.

También, al menos a mí, me han enseñado que hay batallas que una vez que tienen marcado su final es mejor dejar de lucharlas. Me han enseñado que ser honesto con uno mismo y con sus sentimientos no es ser cobarde. Pero, sobre todo, me han enseñado que rendirse no suele ser bien recibido aunque en ocasiones es lo más natural.

El dolor de querer marchar

Cuando la noticia de la enfermedad llegó mi héroe no podía creérselo, estaba en shock. La negación fue su primera etapa del duelo. La noticia es abrumadora y poco manejable. Esta etapa hizo que se protegiera a sí mismo del sufrimiento, al menos durante un tiempo.

Cuando las pruebas médicas se sucedían empezó a comprender su estado. Se sentía como un conejillo de indias sin poder controlar nada a su alrededor, solo sentía dolor. Esta falta de control y este dolor le llevaron a la segunda etapa, la ira. En ella se volvió una persona inaccesible, dura e intransigente. Hubo un momento en el que parecía que los demás teníamos la culpa de su dolor. Pero sé que era su forma de afrontarlo.

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La tercera etapa conocida como negociación pasó deprisa porque su estado empeoraba rápidamente. Porque de repente tenía un día bueno pero no sabía cuanto iba a durar o si ese día iba a ser realmente su último día bueno y, aunque lo hubiera dado todo por superar la enfermedad, no hubo cambios.

A continuación llegó la depresión llamando a la puerta con sus garras porque ya dejó de ser un “si mueres” para convertirse en un “cuando mueras”. Pero no dejó que las garras le atraparan porque por primera vez dejó de pensar en él para pensar en todos los demás, en los que iba a dejar atrás.

Y así llegó la aceptación, la última fase, lo inevitable. Aceptaste la muerte como un proceso más de la vida, porque todo tiene su final. El problema es que los que te queremos no la aceptamos porque no te ponemos a ti en primer lugar.

Nos has dicho que ya no vas a luchar más, que quieres despedirte de todos porque no quieres que veamos tu deterioro, porque luchar ya no sirve de nada. Tu destino está escrito, has decidido esperar a la muerte y pides respeto. Nos cuentas que te duele marchar por los que dejas atrás pero que te duele más vivir y que ese dolor físico que tienes en vida hace que la muerte no de tanto miedo.

“La muerte no existe, la gente sólo muere cuando la olvidan; si puedes recordarme, siempre estaré contigo”

-Isabel Allende-

El egoísmo de no dejarte ir

Dicen que crecer es aprender a despedirse. Entonces yo soy una niña caprichosa llena de miedos que se aferra a ti con todas sus fuerzas. No quiero despedirme de ti tan pronto, quiero acompañarte en tus últimos días, quiero que luches con todas tus fuerzas por arañar unas horas más lejos de la muerte.

Pero también se que tu dolor es insoportable y que soy una egoísta impidiendo que te marches, recriminando que hayas decidido rendirte como si eso fuera algo malo. Actúo así porque perderte será el mayor de mis dolores, pero tú me has enseñado que es posible vivir con dolor.

No te preocupes, hoy he decidido entrar en la fase de aceptación yo también, he aceptado que te marches y que vaya a perderte. Y no te preocupes, que aunque diga que cuando te marches no tendré vida porque toda mi vida eres tú, no es cierto, es que soy egoísta y no quiero vivir en un mundo dónde tú no estés. Pero no voy a perderme en la tristeza, te recordaré siempre y viviré feliz como homenaje a ti y a lo que tú no has podido vivir.

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Siempre seréis mis héroes

A todos aquellos que deciden rendirse quería recordarles que los héroes no siempre llevan capa o tienen superpoderes. A veces llevan una mochila cargada de historias, de sueños, de amigos y familia que tienen que dejar a medio camino pero que nunca van a olvidar.

La única manera de vivir con sentido no es vivir pensando sólo en el dolor de los demás sino asumir también el dolor propio. Asumir que no todas las historias tienen un bonito final después de un largo recorrido sino que a veces se quedan a medias de contar. Y aunque la historia no esté completa y no tenga un bonito final, es una historia que deja huella.

Es un bonito cliché de película de Hollywood decir que los enfermos luchan hasta el final, que su coraje no flaquea, pero eso no es lo que suele pasar. Los héroes también se rinden y por ello no dejan de ser menos héroes.