Los niños necesitan ventilar sus emociones para crecer emocionalmente - La Mente es Maravillosa

Los niños necesitan ventilar sus emociones para crecer emocionalmente

Gema Sánchez Cuevas 7, Septiembre 2017 en Psicología 1316 compartidos
Niña con flor aprendiendo a ventilar sus emociones

No llores“, “Los niños grandes son fuertes” o “Hay que ser valientes” son expresiones muy comunes utilizadas por los adultos para aliviar el sufrimiento y el descontento de los niños. La cuestión es que, a pesar de que en ese momento con algunos niños parezcan funcionar como medidas a corto plazo, a la larga contribuyen a que no expresen cómo se sienten, pudiendo tener este silencio graves implicaciones en su desarrollo psicológico y social. Los niños necesitan ventilar sus emociones.

Ignorar o negar las emociones de los niños es una conducta peligrosa. Por lo tanto, es una buena idea evitarla si queremos que su salud emocional y sus relaciones evolucionen de manera positiva. No por ser pequeños, sus pensamientos y emociones no son importantes. Sucede más bien lo contrario.

En realidad su mundo es tan importante como el nuestro, al igual que sus percepciones y sentimientos, a los cuáles tenemos que dar soporte para que poco a poco vayan conociéndose. Profundicemos en la bonita tarea de enseñar a los niños a comprender y ventilar sus emociones.

El peligro de reprimir las emociones de los niños

La rabia, la tristeza o el enfado en los niños son respuestas naturales que pueden tener diferente origen: desde la incomprensión de lo que está sucediendo hasta la frustración de no haber conseguido lo que querían o una simple rabieta. De una u otra forma, todas estas emociones conllevan un mensaje -más allá del malestar- que necesita ser comprendido y liberado.

Rechazar las emociones negativas de los niños es enseñarlos a ahogarse en su malestar
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Ahora bien, si en lugar de traducir las lágrimas, los gritos o el malestar de nuestros hijos para profundizar en aquello que les sucede, nos dedicamos a rechazar sus emociones o bien a no darles importancia, contribuiremos a que nos las manifiesten. Además, también estaremos rechazando su identidad y exigiendo un comportamiento -ideal para nosotros- basado en el miedo y en la negación de sus emociones.

Niña en silencio tapándose los oídos

Si reprimimos las emociones de nuestros hijos, estos se convertirán en adultos incapaces de manejar el lenguaje emocional, tanto consigo mismos como con los demás, limitando así su bienestar. El desarrollo de la inteligencia emocional también se verá coartado porque, como afirma el psicólogo Daniel Goleman, el conocimiento de uno mismo y de los propios sentimientos es la piedra angular de la inteligencia emocional: la base sobre la que se asienta crecimiento personal.

El desahogo emocional en los niños

Tenemos poca práctica en educar a los niños para que identifiquen, expresen y ventilen sus emociones, sobre todo con aquellas consideradas como negativas como la rabia, el enfado o la tristeza. Incluso, pensamos que si expresan este tipo de emociones son unos groseros, maleducados o agresivos. La cuestión es que si no les enseñamos a conectar con su mundo emocional nunca llegaran a comprenderse a sí mismos y tampoco a gestionar cómo se sienten.

Así, si queremos educar niños emocionalmente inteligentes para contribuir positivamente a su salud emocional tenemos que comenzar por permitir que liberen sus emociones. De lo contrario, el malestar les invadirá poco a poco hasta que se exprese de otro modo, convirtiéndose en presos de sus emociones.

Desahogar un enfado o un sentimiento de tristeza alivia, sana y ayuda a continuar y a comprenderse. Por eso es tan necesario. Además, si los niños aprenden a ventilar sus emociones desde los primeros años, se convertirán en adultos sanos a nivel emocional. Invertir en educación emocional para los más pequeños es invertir en el futuro de los adultos, no lo olvidemos.

Es importante transmitir a los niños que todas las emociones son necesarias.
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¿Cómo ayudar a los niños a ventilar sus emociones?

Hay muchas formas para que los niños expresen cómo se sienten así como para canalizar sus emociones negativas, desde el llanto hasta el proceso de identificación de sus sentimientos paso a paso.

Lo importante es ser conscientes de que esto es una necesidad más para ellos y que no podemos responder a través del enfado, la crítica, el descontrol o las amenazas. Si no somos su sostén y apoyo en una situación de malestar, difícilmente podrán hacerse cargo ellos mismos, sobre todo durante los primeros años. Así, un niño necesita un ambiente de calma a su alrededor y no personas que alimenten su enfado. 

Nuestra actitud con él tiene que partir del afecto, la escucha y la empatía para ayudarle a identificar cómo se siente, cuáles son las causas que han producido esos sentimientos y cómo puede hacer para liberar sus emociones. Además, de este modo favoreceremos poco a poco su capacidad de regulación emocional.

Para que aprendan qué emoción está sintiendo podemos enseñarles la expresión facial, los movimientos corporales y el tono de voz que corresponden a cada emoción.
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Niña abrazando a su madre

Una cuestión a evitar, cuando los niños están enfadados o sus emociones los desbordan, es intentar razonar con ellos inmediatamente. Podemos sugerirles que expresen cómo se sienten para desbloquear el malestar, pero a menudo esperar unos minutos favorecerá su calma.

A partir de ese momento es cuando el diálogo será mucho más fluido y podremos impulsarlos a que expresen todo lo que piensen y necesiten a modo de alivio. Además, es importante que les hagamos entender que, cuando se expresan, adquieren la oportunidad de pensar mejor y actuar de manera más adecuada. La regla a seguir será no ofender ni dañar a los demás.

La técnica del semáforo

Una técnica muy utilizada para que los niños aprendan a regular y ventilar sus emociones es la técnica del semáforo. El objetivo es que los niños asocien los colores de un semáforo con sus emociones y conductas. Para ello, podemos dibujar un semáforo y explicarles algo así:

  • Color rojo. Este color estaría asociado a detenerse. Así, cuando sientan mucha rabia, se pongan nerviosos o quieran gritar y pelearse deberían recordar que se enciende la luz roja del semáforo y tienen que pararse. Es como si fueran el conductor de un coche que se encuentra con el semáforo en luz roja. El mensaje que podemos transmitirle es: ¡Alto! Tranquilízate y piensa.
  • Color amarillo. Este color señala el momento de pararse a pensar para averiguar cuál es el problema y qué están sintiendo. Podemos decirle que cuando el semáforo está en amarillo los conductores se paran, piensan, buscan soluciones y se preparan para salir. En este caso le diríamos: Piensa soluciones y sus consecuencias.
  • Color verde. Este color es el indicativo de continuar, es decir de elegir la mejor solución y ponerla en marcha. El mensaje que les ayuda en estos casos sería: Adelante y pon en práctica la mejor solución.

Otra técnica que suele funcionar para desahogar su malestar es pedirles que dibujen su enfado, para que después puedan decirle todo lo que necesiten y finalmente romperlo (una forma simbólica de terminar con él, una vez que han escuchado su mensaje). También pueden contar hasta 10, alejarse del lugar o respirar profundamente. Luego, reflexionaremos junto a ellos las causas que los han llevado a sentirse así, cómo pueden canalizarlo y qué maneras hay para solucionar lo sucedido. Esto último fomentará su conciencia, regulación y responsabilidad emocional.

niña disfrutando de la luz de los girasoles

Como vemos, los niños pueden expresar y ventilar sus emociones negativas, lo que ocurre es que la mayoría de las veces no saben cómo hacerlo. Lo importante es que los ayudemos a expresarlas a partir de una educación emocional y positiva, basada en la comprensión y el afecto.

Gema Sánchez Cuevas

Psicóloga, docente, editora y redactora.Mi pasión es la psicología, mi motor la curiosidad y mi arma la escritura. Todos tenemos recursos para el cambio, ¿comenzamos a buscarlos?

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