Los pensamientos depresivos, el laberinto mental que nos arrincona

30 Diciembre, 2019
Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Valeria Sabater
Un síntoma más de la depresión es el estilo de nuestro pensamiento. Así, esos procesos mentales dominados por el autoboicoteo, el fatalismo y donde cada idea y aseveración alimenta la angustia, tienden a intensificar aún más esta condición psicológica.

Los pensamientos depresivos constituyen un factor más en esos complejos mecanismos que dan forma a este trastorno del estado del ánimo. De este modo, quien da poder y «privilegios» al diálogo interno negativo acaba creando un escenario mental regido por el hábito de la negatividad, el desgaste y la indefensión. En esos mundos, apenas se atisba la esperanza.

Las personas que transitan por una depresión rara vez son conscientes de cómo el estilo de su pensamiento alimenta e intensifica su angustia y malestar. Queda claro que esta condición psicológica tiene varias causas y factores que la determinan, pero nuestras cogniciones son una parte importante en ese puzzle. Asumirlo, responsabilizarnos de ello, no fácil.

No es sencillo por varias razones. Las personas asumimos que los pensamientos surgen en nuestra mente de forma espontánea y libre, cuando en realidad muchas de nuestras ideas y razonamientos están condicionados. Condicionados por la educación recibida, por la valoración que hacemos de nuestras experiencias, por afinados mecanismos de defensa, por razonamientos ilógicos, etc.

Asimismo, los pensamientos se ven afectados por nuestro estado de ánimo. En este sentido, a pesar de que no siempre podemos controlar cómo nos sentimos, sí podemos ejercer el control sobre nuestro estilo de pensamiento.

Esto explica por qué la terapia cognitiva (enfocada a ayudarnos a controlar y poner a nuestro favor pensamientos y percepciones) es una de las más idóneas para tratar la depresión.

“Si nuestro pensamiento queda empantanado por significados simbólicos distorsionados, razonamientos ilógicos e interpretaciones erróneas, nos volvemos, en verdad, ciegos y sordos”.

-Aaron T. Beck-

Mujer con pensamientos negativos

Pensamientos depresivos ¿cómo detectarlos?

Una depresión presenta una amplia sintomatología en la que se entremezclan, por un lado, factores físicos (agotamiento, entumecimiento, hipersomnia o insomnio) como también factores emocionales y también, cómo no, aspectos cognitivos.

Así, los pensamientos distorsionados y negativos conforman ese ingrediente casi decisivo para intensificar aún más la cárcel de un trastorno depresivo.

Un ejemplo, estudios como los llevados a cabo en la Universidad de Luxemburgo por parte del doctor Claus Vogele y su equipo destacan la importancia de detectar los pensamientos depresivos para diagnosticar esta condición.

Así, algo que pudo verse en una exhaustiva investigación a un grupo de personas de entre 16 y 49 años es que las personas no siempre son conscientes de cómo sus ideas y diálogos internos socavan su salud psicológica hasta derivar en trastornos de ansiedad y depresión.

Sin embargo, cada producto mental nos condiciona para bien o para mal. Esto encaja muy bien a su vez con la teoría que nos propuso el psiquiatra estadounidense Aaron T. Beck en 1976. Se trata de la tríada cognitiva de la depresión, en la cual se explica que este trastorno viene determinado por tres dimensiones básicas:

  • Los pensamientos negativos de la persona sobre el mundo en general.
  • Las ideas negativas sobre uno mismo.
  • Los juicios negativos sobre el futuro.

Ser conscientes de que lo que ocurre en nuestra mente es clave para mediar en nuestro bienestar o sufrimiento. Por tanto, conozcamos otros tipos de pensamientos depresivos a tener en cuenta.

Hombre con laberinto de pensamientos en la cabeza

Tendencia a generalizar lo negativo

«Si nos presentamos hace una semana a una entrevista de trabajo y no nos cogieron… ¿para qué volver a intentarlo si está claro que nadie va seleccionarnos?». «Si fui ayer a ver a una amiga y no estaba en casa… ¿por qué debo volver hoy o mandarle un mensaje si lo más probable es que no quiera ya hablar conmigo?»

Este tipo de razonamientos erigen muros. Son como cercos que la mente depresiva va construyendo para arrinconarnos, para dejarnos sin aire ni atisbo de esperanza. Es algo que conviene detectar cuanto antes.

Una mente que selecciona lo peor de cada día

Es muy complicado que un suceso sea valorado como positivo si este es mirado a través del filtro de la depresión. Su mirada solo se focaliza en lo negativo, lo selecciona y le otorga una relevancia absoluta a la vez que destructiva. No importa que hayan ocurrido muchas más cosas positivas, distendidas y amables… Solo verán lo más adverso, por insignificante que sea.

Por ejemplo, no importa que hoy empiecen mis vacaciones y mañana me vaya de viaje. Si hoy he perdido el metro, eso lo ha condicionado todo.

Yo soy responsable de cada cosa que suceda

Yo llevo el peso del mundo, sobre mí recae toda responsabilidad. Si alguien a mi alrededor es infeliz, yo soy la causa, porque algo habré hecho mal…

Si un familiar enferma, también será culpa mía, como lo será a su vez, si dos compañeros discuten en el trabajo o si mi hijo suspende esa asignatura en el colegio.

El pensamiento depresivo orbita de manera irremediable en el autocastigo, por irracional que este sea.

Tendencia a predecir fatalismos

La persona con un trastorno del estado del ánimo teme un aspecto por encima de cualquiera: el futuro. La presión de lo que pueda ocurrir mañana angustia, y lo hace porque la mente sitúa en ese horizonte grandes fatalidades. En efecto, un rasgo más de los pensamientos depresivos es esa tendencia al fatalismo, a predecir el mañana de manera adversa.

Nada de lo que pueda ocurrir irá en nuestro favor…

Pensamiento dicotómico

Para un paciente con depresión no existen las situaciones intermedias, solo los extremos: o no puedo con nada o puedo con todo o supero esto o esto acaba conmigo. No hay nada en ese centro que le permita ver las cosas de otro modo, porque el pensamiento está distorsionado, y en ese mundo de blancos y negros no hay tonalidades intermedias con las que atisbar un mínimo sentido de esperanza por el que luchar.

Son como vemos, realidades muy complejas.

Mujer con pensamientos irracionales

Para concluir, los pensamientos depresivos arraigan en la mente de manera profunda, dolorosa… Y lo que es peor, pueden quedarse ahí como semillas de sufrimiento durante meses y años. No es lo adecuado. Podemos (y debemos) tomar medidas para cambiar estos patrones de pensamiento y, un modo de lograrlo, es gracias a enfoques psicológicos como la terapia cognitiva.

Tengámoslo en cuenta.

  • Vögele. Claus, Nadine Furka, Andrea Hans Meyer. Perseverative thinking in depression and anxiety. Cognit. Ther. Res. 25, 651–663.