Los poéticos espacios de la casa según Gastón Bachelard

Edith Sánchez · 28 julio, 2018

Gastón Bachelard fue uno de esos intelectuales que son imposibles de clasificar. Fue un filósofo, poeta, epistemólogo, físico y profesor literario francés, ahora bien si algo destacaba por encima de todo lo demás era su pensamiento poético. De hecho, uno de sus escritos más recordados es La poética del espacio, en el que llama particularmente la atención el análisis sensitivo que hace de los espacios de la casa.

Realmente son muy pocos los grandes intelectuales que se han dado a la tarea de profundizar en los espacios de la casa. Pareciera un tema de arquitectura o de sociología, pero Bachelard lo convierte en una reflexión poética maravillosa. Él mismo lo define como un topoanálisis, que, en todo caso, está dotado de una sensibilidad exquisita.

Porque la casa es nuestro rincón del mundo. Es nuestro primer universo. Es realmente un cosmos”.

-Gastón Bachelard-

Al referirse a los espacios de una casa, el propio Bachelard señala: “pareciera que la imagen de la casa fuese la topografía de nuestro ser íntimo”. Así lo aborda. El espacio externo como un reflejo del mundo interno.

Espacios de una casa, espacios amados

Gastón Bachelard señala que el principal valor que entraña una casa es el de la protección. Los espacios de la casa son espacios vividos. Por lo tanto, poco tienen que ver con la geometría o la arquitectura. Cada lugar y cada objeto tienen memoria y significado, por las vivencias de las que han sido testigos. Y las vivencias del hogar son las mismas de lo íntimo.

Gaston Bachelard

Para este maravilloso filósofo francés, al aprender a habitar la casa, también aprendemos a habitar nuestro interior. Los espacios de la casa están en nosotros, así como nosotros estamos en ellos. Compara el hogar con las imágenes de un nido o de una concha. Con ello quiere decir que la casa es, simbólicamente, el lugar donde se crea la vida y también donde ella se refugia.

Así mismo, establece una analogía entre la casa y el vientre materno. De hecho, asume la casa como una extensión simbólica de la madre. La casa es como una madre que nos alberga, nos protege y nos contiene. Es también el escenario de los sueños y los ensueños. De los recuerdos y de las evocaciones.

La casa real y la casa soñada

Bachelard señala que hay una casa natal y una casa soñada. La casa natal es la primera. Aquella en donde transcurrieron nuestros primeros años. Se queda grabada para siempre en nuestro espíritu. Todas las demás casas que habitemos tendrán algo de esa morada primitiva. No tanto de su forma, sino de su atmósfera.

Al mismo tiempo, desde siempre construimos una casa soñada. También habitamos los espacios de la casa soñada. La diseñamos, la ubicamos y la habitamos, en los momentos de inconformidad. Esa morada no tiene ninguno de los defectos de la casa real. Pertenece al mundo onírico y permanece en nosotros como un ideal. Nunca se renuncia a ella.

La intimidad necesita un nido”, nos dice Bachelard. Significa que así como la vida requiere de un espacio físico desde el cual desplegarse, los sueños también demandan sus propios espacios imaginados, sus quimeras, para poder volar.

Los rincones, los objetos

Gastón Bachelard se refiere a los rincones como los espacios de la casa con mayor significado. De uno u otro modo, cada quien elige un pequeño espacio de su vivienda para habitarlo al máximo. Casi siempre es la habitación, pero también podría ser un cuarto alejado, un lugar del jardín, el estudio, etc. Allí es donde con mayor fuerza hacemos presencia. Tales rincones hablan mucho acerca de la forma como nos relacionamos con nosotros mismos y con la vida.

Muchos libros en una estantería

Dentro de los espacios de la casa también hay un conjunto de objetos que resultan ser habitantes adicionales del lugar. Bachelard le da especial significado a los armarios, cajones y cofres. Simbólicamente son los lugares del secreto y del atesoramiento. Son una metáfora de lo que también está cuidadosamente guardado en algún rincón de nuestra mente.

Abrir un armario, un cofre o un cajón, siempre produce algún grado de estremecimiento. También, de algún modo, siempre es un viaje que va de lo externo a lo íntimo. De lo “normal” a lo que tiene una connotación, a veces, sagrada. Por lo que guardan las personas allí se puede hacer una lectura de su vida, especialmente si todo lo tienen bajo llave. Todos los espacios de la casa y todos los objetos que lo componen hablan de sus habitantes. ¿Qué dicen tu casa y tus cosas de ti?