Los rostros confiables, los inolvidables y los que condicionan

Edith Sánchez·
Este artículo ha sido verificado y aprobado por el psicólogo Sergio De Dios González al
Para bien o para mal, las personas tendemos a formarnos una primera impresión de los demás a partir de diferentes variables; entre ellas, está el rostro. Conocer cómo se producen esas percepciones podría ayudarnos a entender por qué una impresión u otra en los demás.
 

Con razón o sin ella, hay estudios en los que se comprueba que las personas tienden a hacer juicios acerca de los demás por su apariencia. Los rostros son uno de los factores decisivos para que muchos decidan automáticamente si pueden confiar en alguien, por ejemplo. También hay caras que condicionan y otras que nunca se olvidan.

En principio, la gente hace juicios instantáneos sobre la confiabilidad que alguien le despierta. Esa impresión se forma a partir de los rasgos de los rostros y no necesariamente de su expresión. Básicamente se genera una sensación que le dice a cada quien si la persona que tiene en frente despierta tranquilidad o desconfianza.

 

Esa valoración de los rostros se hace en fracciones de segundo y no está ligada a una idea en particular. Tampoco se puede catalogar de instintiva, porque hay influencias y dimensiones culturales que inconscientemente llevan a valorar ciertos rasgos, en detrimento de otros. Veamos lo que dicen los investigadores al respecto.

La cara no es jamás opaca del todo; el alma se muestra a través de sus muros”.

-Aldous Leonard Huxley-

Hombre hablando con una mujer narcisista que miente

Un estudio sobre los rostros

El equipo de Carmel Sofer, de la Universidad Radboud de Nimega (Países Bajos), junto a la Universidad de Princeton, en New Jersey (Estados Unidos), llevaron a cabo un estudio sobre los rostros y la sensación que estos causan en la mayoría de la gente.

 

En el experimento central, los investigadores tomaron 92 fotografías de caras femeninas y combinaron los rasgos de los rostros que aparecían en las imágenes. De este modo, crearon un prototipo de lo que podría llamarse un “rostro promedio”. Así mismo, crearon la imagen de lo que podría considerarse una cara atractiva.

Sobre la base de esos dos modelos, hicieron nueve combinaciones y al final crearon 11 variaciones. Las mismas combinaban la variable “cara típica” con la de “cara bella”. Los científicos ordenaron las fotografías de los rostros, desde “más típica y menos bella” hasta “menos típica y más bella”. Luego les pidieron a los voluntarios que identifican la que más confianza les despertaba.

 

Los resultados fueron contundentes. Buena parte de quienes participaban en el experimento señalaron que el rostro que les inspiraba más confianza era el que estaba en la mitad de la escala. El experimento se repitió varias veces y al final los investigadores concluyeron que los rostros más confiables son aquellos que, en general, resultan más comunes.

Otro experimento sobre sensaciones

Los investigadores Alexander Todorov y Nikolaas Oosterhof también realizaron un estudio en el que se buscaba definir cuáles eran los rasgos de las personas que les resultaban confiables o que eran percibidas como “seguras” para los demás y cuáles no.

 

Para establecer estos datos, los investigadores le mostraron una serie de fotografías a un grupo de voluntarios y les pidieron que describieran las sensaciones que los rostros les transmitían. Para hacer más precisa la evaluación, se les entregó una lista de 12 características y los participantes debían marcar la que correspondía a cada imagen.

Los resultados indicaron que los rostros más confiables eran los de las personas que tenían una boca en forma de “u” y cuya mirada tenía una expresión de asombro. A su vez, los que les parecían menos confiables a estas personas eran quienes tenían la boca en forma de una “u” invertida y fruncían el ceño.

 

Rostros con diferentes expresiones

Los inolvidables y los que condicionan

En otra investigación liderada por Holger Wiese, Carolin Altmann y Stefan Schweinberger, de la Universidad Friedrich Schiller de Jena en Alemania, se buscó la pista de los rostros que la gente recordaba mejor. Lo que comprobaron al final es que la gente tiende a recordar los rostros más atractivos, siempre y cuando no correspondan a una “belleza convencional”.

Los investigadores verificaron que hay patrones de belleza que se convierten en moda. Esto hace que las personas que coinciden con ese tipo de estética sean como una sola y se pierdan en la memoria. Por lo tanto, solo tienden a recordarse con nitidez aquellos rostros que se salen de ese patrón. Las caras de las personas poco atractivas se recuerdan con mayor fuerza.

 

De otro lado, se indagó por los rostros que condicionan, es decir, aquellos que afectan de algún modo a la persona cuando los ve y generan una especie de “alto”. Se comprobó que esto sucede cuando alguien muestra en su cara una emoción muy fuerte, bien sea de dicha, o bien de tristeza, enojo, etc.

¿Para qué puede servirnos toda esta información? Quizás sea buena idea identificar la sensación que nuestra cara provoca en los demás. Si estamos en el grupo de quienes generan más aceptación a través de su rostro, podemos aprovechar eso a nuestro favor. Si pertenecemos al otro grupo, es bueno entender que el fenómeno no es determinista: hay más variables que influyen en la primera impresión que causa una persona.

 
Altuna, B. (2010). Una historia moral del rostro. Valencia: Pre-textos.