Love Actually: el filme navideño por excelencia

25 diciembre, 2019
Este artículo fue redactado y avalado por la crítica de cine Leah Padalino
Love Actually se ha convertido en la comedia navideña por excelencia. Sencilla y ligera, pero con un mensaje universal, termina por invitarnos a brindar con esperanza.

Diciembre es el mes de las grandes cenas, de los reencuentros, de los excesos… Pero también es el mes de los tópicos, de los clásicos y las tradiciones que parecen repetirse año tras año. Montamos el árbol, ponemos el belén, esperamos que nos toque la lotería, comemos turrón, despedimos el año, cenamos con la familia, bebemos champán y volvemos a ver Love Actually.

Parece que el filme de Curtis es ya toda una tradición navideña, todo un clásico, es el All I want for Christmas is you del cine, el emblema navideño que inunda la pequeña pantalla. Y así, año tras año, desde su estreno en el ahora lejano año 2003, Love Actually nos envuelve con sus historias de amor impregnadas por el espíritu navideño.

Es cierto que hay otros títulos que suelen aparecer por estas fechas, pero Love Actually parece ser el título de referencia, es la película que buena parte de la población decide volver a ver una vez al año por Navidad.

Richard Curtis logró reunir a un elenco de éxito, tejer un entramado de historias que reflejan las distintas etapas del amor y construir una especie de mito navideño. En este artículo, te desvelaremos algunas curiosidades de su éxito.

Un reparto envidiable

Richard Curtis conoció las mieles del éxito como guionista de la mano de títulos como El diario de Bridget Jones (2001), Notting Hill (1998) o Cuatro bodas y un funeral (1994). Todas ellas encajan en el género de la comedia romántica y todas ellas contaban en su reparto con Hugh Grant, el actor que se consagró como uno de los reyes del género en su juventud.

Grant volvió a ponerse en manos de Curtis para Love Actually, filme del que Curtis, además de guionista, era el director. Al actor se unieron otros rostros tan reconocibles del momento como: Emma Thompson, Alan Rickman, Colin Firth o Liam Neeson, entre otros.

Curtis logró algo imposible: reunir en su película a los actores británicos del momento, aquellos ya consagrados como Alan Rickman que ya habían gozado de reconocimiento el siglo pasado y aquellas nuevas estrellas, como Keira Knightley, que empezarían a brillar a comienzos del nuevo milenio.

Así, se consolidaba un reparto bien conocido por el gran público, un reparto en el que destacaban las estrellas de la comedia romántica como Colin Firth o Hugh Grant y que terminaba por garantizar el éxito del filme.

Por ello, no es de extrañar que Love Actually arrasara en taquilla, que el público acudiera en masa a ver la película navideña del siglo.

Sin embargo, el verdadero éxito vino mucho después, gracias al boca-boca y a las reposiciones en televisión. De alguna manera, la película terminaría por convertirse en el icono de una época, del romanticismo y, por ende, del espíritu navideño.

Love Actually: la sobremesa perfecta

Tras una copiosa comida navideña, lo que más nos apetece a muchos es sentarnos en el sofá y relajarnos. Tener algo de fondo que nos anime, que avive el espíritu navideño, pero que no nos haga pensar demasiado.

Eso es, precisamente, lo que promete Love Actually, una comedia romántica, inocente, pero ingeniosa que ameniza las tardes de invierno.

Porque Love Actually no quiere que pensemos demasiado, no es tediosa, sino ligera, dulce y amable. Nos sacará más de una sonrisa y también nos llevará a rememorar historias vividas en primera persona. ¿Cuál es su clave? Narrar una serie de historias de amor desde diversas perspectivas y etapas.

Tenemos al joven preadolescente que vive la primera llamada del amor con gran intensidad; al matrimonio que, tras muchos años juntos, comienza a sufrir los estragos de la infidelidad; al enamorado de la mujer de su amigo; a los enamorados que, pese a no hablar el mismo idioma, logran entenderse y hasta a un primer ministro bailarín que hará lo que sea por conquistar a su amada.

Por otro lado, la nota cómica y musical la pone, especialmente, Billy Mack, una estrella de pop que será el personaje irreverente del filme.

De esta manera, con historias de lo más variadas acerca del amor, Curtis logró dar en la tecla acertada. Cuando todo parece endulzarse demasiado, otra historia más trágica o más informal irrumpe en escena.

Así, Curtis sortea lo empalagoso, lo trágico y lo absurdo que podría haber llegado a ser para terminar retratando las mil caras del amor. Lo interesante es que utiliza un lenguaje que conocemos a la perfección, pone ante nuestros ojos historias que, aunque exageradas, conectan con nuestra realidad.

Por ejemplo, tenemos al joven que en su Reino Unido natal no tiene éxito con las mujeres, pero al trasladarse a Estados Unidos se da cuenta de que su acento allí es codiciado; tenemos al matrimonio desgastado de Thompson y Rickman y hasta una joven cuyos problemas familiares no le permiten hacer su vida.

Bien es cierto que otras historias cojean un poco más y que algunas, con el paso del tiempo, han sido reinterpretadas; así le ocurre al joven enamorado de la mujer de su amigo que, hoy en día, es visto más como un acosador que como un romántico.

Hombre con mensaje de amor en una pancarta

El paso del tiempo

El tiempo ha propiciado que Love Actually se consagre como el clásico navideño que es hoy en día, pero también ha hecho que, en algunas historias, se echen de menos valores más contemporáneos.

Con esto, no queremos decir que la película haya envejecido mal, en absoluto, su mensaje sigue siendo igual de sencillo y claro que en su estreno. Sin embargo, si analizamos el filme desde una perspectiva actualizada, nos daremos cuenta del escaso diálogo que tienen los personajes femeninos, de que peca de tópicos y de que no hay ninguna representación del colectivo LGTBI.

Por lo visto, Curtis tenía pensada una historia entre dos personas del mismo sexo, pero terminó por desecharla en la versión final. Seguramente, si Love Actually se hubiese rodado hoy en día, tendríamos una o más historias de este tipo, habría mayor diversidad y las mujeres adquirirían otro relieve.

De alguna manera, parece que el año 2003 ya ha quedado muy lejos y la película nos demuestra cómo ha cambiado nuestra perspectiva desde entonces y cómo aquello que considerábamos normativo e incluso romántico puede ser hoy susceptible de crítica.

Pese a ello, al filme no le han sentado mal los años, su mensaje sigue siendo universal, demostrando que el amor está en todas partes, en cada rincón y son tantas sus historias que, fácilmente, cualquier espectador puede reconocerse en alguna de ellas. Y, ahí, precisamente, está una de sus claves: en el posible reconocimiento del espectador, en verse reflejado en un personaje o en un sentimiento que se apoya sobre un discurso sencillo y natural.

Love Actually dibuja historias marcadas por los sentimientos, adornadas por las luces navideñas y, pese a que en ocasiones se torne inverosímil, apela al amor en general, a ese sentimiento que todos conocemos.

Tal vez, una de sus claves sea la humanidad que se respira, la ligereza de su comedia y lo universal de su mensaje que culmina con la ya clásica escena del aeropuerto. Esa escena es un fiel reflejo de lo que son los aeropuertos en época navideña: lugares de paso, pero de reencuentros, de abrazos, de lágrimas… Quizás, el mejor reflejo de lo que es el amor.

“Siempre que me siento pesimista por cómo está el mundo pienso en la puerta de llegadas del aeropuerto de Heathrow. La opinión general da a entender que vivimos en un mundo de odio y egoísmo, pero yo no lo entiendo así. A mí me parece que el amor está en todas partes”.

-Love Actually-