Magical girl: la niña de fuego que muere de sed

Magical Girl es la historia de un hombre desesperado que chantajea a una mujer con trastornos psicológicos para comprar un vestido a su hija, enferma de leucemia y en fase terminal.
Magical girl: la niña de fuego que muere de sed
Cristina Roda Rivera

Escrito y verificado por la psicóloga Cristina Roda Rivera el 11 julio, 2021.

Última actualización: 11 julio, 2021

Magical Girl es una película sobre sentimientos ignorados que se tornan en dolor y violencia al no ser atendidos. Es la historia de dos mujeres, una adulta y otra niña, que luchan por su salud mental y física utilizando lo único que depende de ellas: su imaginación.

Es una película con una cuidadísima puesta en escena. Planos austeros que contrastan con la simbología de excesos ocultos. Magical Girl gira en torno a lo que no se trata, a lo que no se habla. En gran parte, esto se consigue gracias a las interpretaciones de sus protagonistas.

Bárbara Lennie aparece como una mujer tutelada e incomprendida. Lucía Pollán interpreta a una niña que prefiere vivir el fin de su vida en cuentos de anime. Luis Bermejo encarna a un padre que quiere a su hija, pero no puede escuchar su dolor ni aceptar la realidad. Por último, José Sacristán es la bondad, pero pervertida por la confusión de la entrega absoluta a los demás.

Magical Girl es una auténtica fantasía para los lectores de emociones.

Magical girl: las niñas de fuego a las que dejan morir de sed

En una de las imágenes más impactantes de la película, Bárbara (Bárbara Lennie) se autolesiona tras lo que ella interpreta como un abandono de su marido. De fondo, suena la copla “La niña de fuego“, de Manolo Caracol. Una alegoría de lo que le sucede.

Bárbara muestra un comportamiento inquietante. Está medicada por obligación por su marido psiquiatra. Más que una esposa, parece tener un fetiche con el que poder experimentar y fantasear.

Bárbara no reclama cariño de forma adecuada, pero esa no es razón para no dárselo. Podría decirse que tiene un trastorno de personalidad límite. Ella no procesa el dolor, solo lo ahoga en autolesiones. Todo el mundo parece estar fascinada por ella. Está llena de fuego y, a la vez, muerta de sed.

Por otro lado, encontramos a la niña Alicia, interpretada por la actriz Lucía Pollán. En los ojos de Alicia vemos la claridad de la vida, el deseo por beber cada sorbo de ella. Alicia se apaga por su enfermedad. Los dolores terribles que posee la dejan seriamente afectada durante horas. Cuando Alicia no tiene dolor, vive con mucha más intensidad que otra gente con una salud de hierro.

Alicia quiere que su padre la escuche. Quiere que se atreva a mirarla asumiendo que tienen un tiempo valioso y limitado por compartir. Alicia necesita tiempo, cariño, pequeñas aventuras. A su imaginación le pide lo imposible y a la vida lo único que necesita: su padre.

Sin embargo, él no puede soportar tanto dolor y se refugia en las fantasías de su hija para poder ser un buen padre. Una fantasía que dejará a su pequeña muerta de sed de cariño.

Magical Girl: una historia de la que se ocultan muchos episodios

La película arranca con una escena en la que un maestro de escuela (José Sacristán) está hablando sobre la atemporalidad e independencia de ciertas verdades matemáticas.

Algunos estudiantes se ríen; de pronto, el maestro interrumpe su discurso y hace que una niña se ponga delante de la clase. En sus manos hay una nota; el maestro le pide que la lea. Luego exige que se la entregue, pero sucede algo gracioso. La niña ha vuelto a doblar la nota y ha cerrado la mano. Al abrirla de nuevo, la nota ya no está.

Así comienza Magical Girl, del guionista y director Carlos Vermut que ha creado un lenguaje cinematográfico lleno de preguntas no formuladas y respuestas inesperadas, situaciones comprometidas y horribles intentos de resolución. Un mundo de habitaciones espartanas, donde las composiciones son limpias, pero las manos de las personas que viven dentro de ellas están sucias.

Magical Girl: el drama que une a varias personas solitarias

La historia propiamente dicha comienza con Luis (Luis Bermejo), un profesor de literatura sin trabajo, que vende libros al peso para llegar a fin de mes. Luis está desempleado y cuida de su hija de doce años, que está enferma de leucemia.

Cuando Luis llega a casa, después de su venta con el librero, encuentra a su hija inconsciente en el piso de su dormitorio. Ya en el hospital, recibe noticias del médico que lo ponen nervioso. De repente, las peticiones transgresoras de su hija, como probar un cigarrillo o beber un gin tonic, no son tema de debate o cuestionamiento, sino deseos fácilmente concedidos.

Así, cuando encuentra su diario de deseos y descubre que ella codicia un vestido muy caro diseñado a partir de su anime favorito, decide conseguírselo. El problema: el vestido vale 6.000 euros.

Las ganas de contribuir a la felicidad de su hija llevarán a Luis al lado equivocado de la ley, cruzándose en el camino de la enigmática Bárbara. Una mujer tensa, perturbada y mentalmente desequilibrada. Luis aprovecha la oportunidad para chantajearla.

Una onda expansiva de autodestrucción, pasión y dolor

Cada acción en la película es una onda que se extiende de manera impredecible y trágica. Un padre se esfuerza por brindarle a su hija enferma muestras de amor que, de alguna manera, restauren su suerte. Una mujer, sin el impulso o la confianza para estar sola, lucha por encontrar una manera de hacer que su problema desaparezca.

Más tarde, el profesor Damián entrará en escena, también sujeto a la felicidad de otra persona y comenzará una espiral descendente de respuesta extrema que nunca podría haberse predicho al principio.

Las personas que pueden provocar una respuesta emocional en quienes los rodean, ya sea amor o miedo, tienen el poder de dirigir sus acciones. Una persona solo tiene el control de su propia vida cuando tiene el control total sobre la vida de quienes la rodean. Este concepto es desgarrador de considerar y Magical Girl lo sirve como la lección de corazón negro que se ha propuesto inculcar en esta historia.

Magical Girl te mantiene alerta hasta el final, mientras te arrastra alternativamente jadeando en estado de shock y riendo con horrorizada incertidumbre e incredulidad. La ames o lo odies, esta es una película que se quedará en el fondo de tu mente, desafiándote a que intentes olvidarla.

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