Malestar emocional nocturno: ¿por qué siento ansiedad por la noche?

La noche puede llegar a ser muy oscura en aquellos momentos de tormento vital. En este artículo, analizamos por qué y qué podemos hacer para aliviar o mejorar nuestra rutina nocturna.
Malestar emocional nocturno: ¿por qué siento ansiedad por la noche?

Escrito por Raquel Aldana, 03 septiembre, 2021

Última actualización: 03 septiembre, 2021

La noche es temida cuando se transita por una etapa de malestar emocional. Tanto la necesidad de descansar como la imposición de las 8 horas de descanso nos martillean cuando no podemos conciliar el sueño. Otras veces, a pesar de conciliarlo, este no es reparador, lo cual se suma a la vorágine emocional del día a día.

Puede ocurrir que, en medio de nuestra desesperación, aparezcan la angustia y la desesperanza. Esto ocasiona que nuestro metabolismo emocional nocturno se vea alterado y, por lo tanto, a los problemas que estamos experimentando se les sume el cansancio.

Hay momentos del día en los que somos más vulnerables y, sin duda, la noche es uno de los más comunes por diversas razones. Veamos a continuación por qué y cuáles son los efectos que esto tiene en nuestra salud.

Mujer despierta por la noche en la cama

¿Por qué se intensifican el malestar emocional y la ansiedad por la noche?

Lo cierto es que la noche tiene una serie de características distintivas que pueden promover estados psicológicos diversos en función de la predisposición de una persona. Por un lado, la disminución de los estímulos externos a todos los niveles sensoriales y sociales nos puede conducir a la focalización de sensaciones corporales diversas. Esta es la razón por la que los dolores, la tensión muscular, las taquicardias o los pensamientos son interpretados de manera más disfuncional durante la noche.

Por ejemplo, debido a la falta de estimulación externa, las personas con acúfenos o zumbidos en los oídos los acusan más en el silencio de la noche. Para paliar este efecto se suele recomendar que la persona conviva con música relajante en volumen bajo, puesto que esto disminuirá la intensidad del acúfeno y le ayudará a conciliar el sueño y a vencer al malestar que los produce.

Por otro lado, también debemos indicar la importancia de la interpretación que hacemos del malestar emocional nocturno. Siendo la noche el espacio reservado social y biológicamente para el descanso, no poder hacerlo nos dirige a anticipar enorme malestar.

Asimismo, el silencio de la noche y la falta de actividad puede conducirnos a entrar en nuestra mente y a sobrepensar aquello que nos preocupa o que nos ocupa. Siendo un período de tiempo en el que no podemos ejecutar una solución, si es que la encontramos en nuestra rumia, pensar nos conducirá sin duda a un camino repleto de incertidumbre.

De esta manera, dar muchas vueltas mentales a algo habitualmente nos enreda en una espiral de sufrimiento en la que terminamos por analizar demasiado la realidad mental y creamos escenarios que poco pueden tener que ver con lo que sucede.

El sueño interrumpido como causa y consecuencia de la ansiedad por la noche

Muchas veces nuestro sueño es constantemente interrumpido por oleadas de malestar, ansiedad o despertares frecuentes. Esta tendencia es sumamente dañina. De hecho, estudios como el realizado en la Universidad Johns Hopkins, en Baltimore, evidencian que la interrupción del sueño es muy peligrosa para nuestro estado anímico, ya que además se alteran las fases del sueño.

Se ha visto que en la interrupción del sueño se reducen las ondas lentas cerebrales. Esto se ha asociado en la literatura científica a trastornos del estado de ánimo.

No olvidemos que, para que se produzca un adecuado reciclaje mental y físico, nuestro sistema de regulación tiene que completar una serie de ciclos de sueño, pasando en varias ocasiones por las fases REM y No REM.El hecho de que esto se vea alterado, somete a nuestra mente en una especie de bucle. No dormimos bien porque nos sentimos mal y nos sentimos agotados emocionalmente porque no dormimos bien.

¿Qué hay detrás del malestar emocional nocturno?

Habitualmente, cuando analizamos por qué una persona siente ansiedad por la noche nos encontramos con malestar emocional que no ha sido gestionado. Precisamente los sueños son elaboraciones mentales que se generan con el objetivo de digerir o reciclar lo que nuestra psique ha vivenciado durante el día.

A veces, los sueños están vestidos de recuerdos, eventos o miedos, pero lo que está claro es que son el intento de nuestra mente de recolocar mientras dormimos aquello que no hemos organizado conscientemente durante el día.

Si lo que tenemos que filtrar, digerir o elaborar posee gran carga emocional, esta tarea mental nocturna será mucho más pesada e indigesta. Por ello, nuestro descanso se verá alterado, siendo el coste de esto dormirnos más tarde o despertarnos antes, que nuestro sueño se vea interrumpido constantemente, que haya pesadillas, terrores nocturnos o sueños repetidos, etc.

Esto produce un efecto devastador en nuestro estado psicológico, lo que complica la gestión de los desafíos diarios y el miedo a lo que ocurrirá a la noche. Este miedo induce la aparición de pensamientos a partir de los que construimos realidades catastróficas repletas de sensaciones negativas mentales y físicas.

Se debe tener en cuenta que en algunos casos será importante solicitar ayuda psicológica a un profesional de la salud mental para que nos ayude a elaborar y gestionar lo que estamos viviendo.

Hombre con ansiedad por la noche

Claves para reducir el malestar emocional nocturno y recuperar una buena rutina de sueño

Para romper este bucle es fundamental que sepamos que reconciliarnos con la noche y dormir es un proceso que requiere que evaluemos cuáles son los factores que nos afectan. Asimismo, otras consideraciones a tener en cuenta son las siguientes:

  • Descartar preocupaciones e ir resolviendo durante el día lo que sea posible es crucial para agilizar la digestión emocional nocturna y ahuyentar la aparición de la ansiedad por la noche.
  • Regular los horarios dedicados a actividad física. Tanto el exceso como el defecto de actividad pueden afectar al sueño.
  • Los períodos actividad física deben alejarse de la hora de dormir para no tener que lidiar con la sobreexcitación fisiológica. Igualmente, debemos tener presente que el uso de dispositivos tecnológicos en la noche interfiere el sueño.
  • Mantener una adecuada temperatura, higiene y ventilación en nuestra zona de descanso, la cual solo debe ser usada para dormir o mantener relaciones sexuales.
  • Identificar qué estímulos nos alteran más y tratar de reducir su efecto.
  • Mantener horarios regulares de comida y descanso.
  • Realizar actividades compensatorias que nos permitan rebajar la activación fisiológica de la emoción. Por ejemplo, relajación muscular progresiva, yoga o mindfulness.
  • Por último y como más importante, tener presente que el sueño llegará y que hay muchas herramientas que se pueden adquirir para regularlo. Se trata de explorar en base a esto qué se puede mejorar y qué nos hace falta.

El sueño y el descanso son mecanismos del cuerpo que nos permiten regular nuestros sistemas físicos y mentales. Digamos que se trata de un reinicio que ayuda a que todo vuelva a funcionar. Por ello, el material emocional diurno que no revisamos puede aparecer en forma de tormento nocturno.

No olvidemos que llevarnos los problemas a la cama tiene efectos devastadores, por lo que es imprescindible que nos concedamos la opción de gestionar psicológicamente aquello que necesitemos.

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  • Finan, P. H., Quartana, P. J., & Smith, M. T. (2015). The Effects of Sleep Continuity Disruption on Positive Mood and Sleep Architecture in Healthy Adults. 
  • (11), 1735–1742.