¿Es malo el rencor para la salud?

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 27 febrero, 2018
Francisco Pérez · 27 febrero, 2018

Quien más y quien menos se ha sentido maltratado en alguna ocasión. Quien más y quien menos ha sentido rencor. Puede que un amigo te la haya jugado o se dedique a criticarte a tus espaldas. Puede que hayas necesitado a alguien y te haya colocado en el último cajón de su escala de prioridades.

Quizá haya sido tu profesor el que no ha reconocido tu esfuerzo, tus padres los que no hayan visto las dificultades que encierra sobrevivir en el mundo actual o tu pareja la que se ha enamorado de otra persona. Todos hemos estado alguna vez en algún lugar parecido a estos.

Emociones y salud

Sería bueno que las emociones negativas fueran acompañadas de mensajes de advertencia, de que en los programas educativos dedicaran alguno de sus apartados a enseñar a regularlas. Hablamos de un material peligroso. Y es que existen pruebas irrefutables de que las emociones negativas mal gestionadas pueden constituirse como el mayor peligro al que se enfrente nuestra salud.

La psicología del rencor

Por ejemplo, la depresión está asociada con cambios medibles en el funcionamiento inmunológico. Las personas con depresión mayor corren un riesgo más elevado de sufrir un ataque cardíaco que las personas sin historia de depresión. Por otro lado, en mujeres, la depresión parece aumentar el riesgo de osteoporosis. En los hombres la depresión predice una disminución de la fuerza muscular tras un período de tres años.

También la ansiedad parece estar asociada con el desarrollo de problemas cardíacos. Además, parece retrasar la recuperación tras una intervención quirúrgica. Por otro lado, está perfectamente documentado que la hostilidad crónica puede constituir un factor de riesgo para sufrir enfermedades cardíacas e incluso la muerte. El ejemplo más conocido es la pauta de conducta Tipo A.

¿Qué entendemos por rencor?

El rencor es un sentimiento que mejor representa el estado emocional de muchas personas. Destaca, como todos los estados emocionales, por generar conductas que tienden a mantener a la persona en ese estado. Por otro lado, suele ir acompañado de cierto grado de obstinación o ceguera que le hace muy resistente a las medidas que intentamos tomar para desprendernos de él.

De esta forma, el rencor habla de una persona herida. Ya sea por haber sido tratada de manera injusta, por haber visto frustradas sus expectativas o traicionada su confianza, la persona puede experimentar ira y rencor. Es decir, es un sentimiento de rechazo hacia a aquel que causó el motivo de malestar.

Por otro lado, si lo expresamos como una tendencia, podríamos decir que una persona rencorosa es aquella a la que le cuesta olvidar las diferencias después de una discusión de pareja o con un amigo o necesita mucho tiempo para asimilar lo que ha pasado, perdonar y olvidar.
Pareja enfadada

¿Cómo influye el rencor sobre la salud?

Para analizar este tema, Witvliet et al. (2002) estudiaron las consecuencias emocionales y fisiológicas de actuar movidos por el rencor. Esto lo hicieron a través de un experimento. Se pidió a estudiantes universitarios que eligieran ofensas interpersonales verdaderas. Debían haberlas experimentado en el pasado. La mayoría de esas ofensas provenía de amigos, novios, hermanos o padres.

Esas ofensas incluían circunstancias como el rechazo, la mentira o el insulto. Después, los investigadores recogieron autoinformes y datos psicofisiológicos. Esos datos incluían tasa cardíaca, presión sanguínea y tensión de los músculos de la cara.

Los datos y autoinformes se recogieron mientras los estudiantes se imaginaban una respuesta a esas ofensas, ya fuera de manera indulgente o con rencor. En la condición indulgente, los estudiantes tenían que pensar en sentimientos de clemencia o de empatía con quienes les habían ofendido. En la condición de rencor, se les pedía que se mantuviesen en el papel de víctimas. Se les pedía que se centraran en el daño y que intentaran mostrarse rencorosos.

La forma en que pensamos influye sobre la salud

¿Es posible que ambas formas de pensar sobre el mismo asunto pudieran modificar el estado de ánimo y los estados fisiológicos de los participantes del estudio? La respuesta es sí. Cuando se les pidió que fueran indulgentes, los participantes tenían más sentimientos de empatía y clemencia. Sin embargo, cuando se les pidió que se mostraran rencorosos y resentidos, informaban de más sentimientos negativos, hostiles, tristes y de pérdida de control.

También se observaba una mayor tensión en las cejas, aumentaba el ritmo cardíaco, la presión sanguínea y la conductividad eléctrica de la piel. Pensemos que el aumento de la conductividad en la piel indica una mayor activación del sistema nervioso autónomo, ese que nos prepara para pasar a la acción cuando percibimos una amenaza.

Amigas sintiendo rencor

Aún más sorprendente fue otro hallazgo. Y es que después de terminar el experimento, se les pidió que se relajaran. Pues bien, los sujetos que habían imaginado sentimientos de rencor eran incapaces de relajarse. El estado de elevada activación fisiológica que habían alcanzado al imaginar ofensas pasadas resultaba muy difícil de eliminar. Es decir, se encontraban alterados o ansiosos mucho tiempo después.

El rencor: una actitud peligrosa

¿Qué implicaciones tienen los resultados de este estudio? Experimentar de manera fugaz sentimientos de hostilidad seguramente no sea suficiente para dañar nuestra salud. Sin embargo, las personas con tendencia a rumiar indefinidamente las ofensas están insistiendo en una costumbre muy peligrosa para ellas mismas. Alimentar la ira, con las consiguientes reacciones fisiológicas, puede tener consecuencias negativas para el funcionamiento del sistema cardiovascular e inmunológico.

Es por ello que fomentar el rencor puede ser peligroso para nuestra salud. Aunque no siempre es fácil, perdonar a los que nos ofenden puede hacer que disminuya nuestro estrés y aumente nuestro bienestar. Podríamos asemejar los efectos del rencor a cargar con una losa, un peso que afecta incluso a nuestra salud física, puesto que puede hacernos enfermar. Por esta razón, por puro egoísmo y por salud emocional, conviene priorizar el bienestar, decidiendo de un modo consciente no seguir alimentando ese rencor por lo ocurrido.