María: el caso de un niño transexual - La Mente es Maravillosa

María: el caso de un niño transexual

Anet Diner Gutverg 3 abril, 2018 en Historias y reflexiones 246 compartidos
Niña mirando por la ventana

Dentro de las diferentes dimensiones de lo que llamamos “sexo” está la transexualidad. Una persona transexual tiene una identidad biológica, pero no se siente identificada con ella y busca adquirir características del género con el que se identifica. Esta identificación puede ser gradual e influir en diferentes aspectos: desde lo externo, como la forma de vestir, el pelo, etc., hasta tomar bloqueadores hormonales u hormonas, e incluso realizarse operaciones de cambio de género. Simplificándolo, podríamos decir que un niño transexual es una niña que se siente niño; con una niña transexual sería al contrario.

Sin ánimo de despertar polémicas, pensemos que la diversidad sexual siempre ha existido, la diferencia es que ahora vivimos en una sociedad un poco más abierta, más informada y donde hablar de homosexualidad, transexualidad e intersexualidad no despierta un rechazo tan grande. La sociedad actual es más respetuosa con las diferentes manifestaciones de la sexualidad. Por otro lado, lo que vemos en muchos casos es que, cuando nos toca de cerca, la actitud de apertura inicial cambia.

En este contexto, hoy hablaremos de María. Un caso que en su momento supuso todo un reto profesional y con el pude experimentar en vivo muchas de las circunstancias que rodean a la transexualidad infantil.

¿A qué edad terminamos de formar nuestra identidad sexual?

La pubertad es la etapa que más se asocia a la expresión de la sexualidad, por eso muchas de las ideas/conceptos relacionados con la sexualidad aparecen, se aclaran o se experimentan por primera vez en esta etapa. Es probable que durante la niñez haya alguna muestra, pero generalmente es más allá cuando le damos un significado a este comportamiento. Lo más importante, si aparecen situaciones en la niñez, es escuchar lo que este niñx (utilizaré la terminología “x” para que englobar a todos los géneros) tiene que decir.

Muchas veces, cuando vemos un niñx jugar con muñecas o ponerse un vestido, o cuando vemos un niñx que se rodea del otro género, que tiene actitudes que consideramos “afeminadas” o “masculinas”, asumimos que este es un indicador claro de cómo construirá su identidad sexual a partir de ese momento.

Niño jugando con una muñeca

En muchas ocasiones nos falta la paciencia suficiente como para dilucidar si es solo un comportamiento, una exploración o algo más definitivo. Queremos ponerle una etiqueta, porque nos tranquiliza. En nuestra sociedad, aunque las cosas han cambiado, sigue estando mejor visto alguien que nace que alguien que se hace.

El caso de María es especial, por lo infrecuente y por el aumento de la incidencia de casos similares. Lo cierto es que cuando María tenía 3 años ya hablaba de que se sentía niño. Sus padres y su entorno reaccionaron con inseguridad, sin saber qué hacer y con sentimientos encontrados.

¿Qué nos estaba transmitiendo María?

Por lo general, los niñxs son muy sinceros cuando comparten pensamientos en un entorno de confianza. María era muy comunicativa en referencia a los cambios que empezaba a experimentar. Nos decía que era un niño; quería vestirse como niño, cortarse el pelo y muchas veces que la llamáramos por un nombre de niño que ella misma había elegido: Juan.

Casi todos los niñxs son curiosos por naturaleza, preguntan y se preguntan por los misterios que encuentran en aquello que les rodea, por su cuerpo, por las diferencias entre niños y niñas, etc. Lo que María estaba experimentando era algo más que curiosidad. Cuando empezó a desarrollar su identidad sexual, no se sintió identificada con ser niña y con todas las expectativas y protocolo que la sociedad considera coherente con esta identificación. Esto produjo cambios en su forma física, de vestir, de nombrarse a sí misma, de actuar y de jugar.

Que María fuera abierta y honesta con lo que le estaba pasando, nos ayudó y animó a todxs lxs que teníamos contacto con ella a ayudarlx. A prestar un poco más de atención, a ver si estos cambios se mantenían y eran coherentes en el tiempo, a informarnos y a buscar ayuda para María y para todxs nosotrxs. La idea de fondo era amortiguar el efecto del “choque social”, minimizando al máximo las posibilidades de que sufrir ansiedad, estrés, depresión, ganas de no ir al cole, pesadillas, o algo ya más grave conocido como disforia de género.

El trabajo con los adultos

Es importante no entrar en pánico y mantener la calma, porque esto nos permite ver si estamos ante un simple comportamiento, por ejemplo, jugar con o a juegos más frecuentes en el otro sexo, o algo más duradero e interno. Lo importante es observar con atención, ponernos a disposición del pequeño para contestar a cualquier duda y tratar de conocer sus emociones y sentimientos. Mostrarnos siempre abiertxs y tolerantes, para que el niñx sienta que está en un ambiente de confianza donde puede expresarse en confianza.

Los adultos que estamos presentes en el entorno del niñx transexual, sobre todo padres, pero también abuelos, tíos y profesores, podemos llegar a albergar sentimientos de culpa. Pensar que hemos hecho algo mal, que no hemos sido respetuosos o que hemos forzado y rechazado comportamientos porque están fuera de lo esperado y lo que nosotros conocemos. También es normal que experimentemos miedo a lo que pueda suceder en el futuro con el niñx transexual. Tenemos que tener claro que no estamos solos y que en estos casos a la mayoría nos guía el interés de hacerlo lo mejor posible.

Padres con psicólogo

Destacar que no estamos por definición ante un niño enfermo que necesite ser reconducido. Estamos ante un niño que se está descubriendo, como todos. Y que en este proceso de descubrimiento puede haber complicaciones, quizás más por lo injusto de la sociedad en la que está creciendo, y que puede ser bueno el asesoramiento y la ayuda profesional. Pero, siempre, desde este prisma.

¿Qué cambios hacer y cómo nos amparan las leyes?

Con respecto al niñx transexual, nuestro amor y nuestra aceptación incondicionales son fundamentales. En este sentido, también es importante tratar los cambios y las transformaciones de la forma más natural, no exigirle que juegue o adopte roles que no quiere, mientras buscamos información y adaptamos nuestra mente y nuestro lenguaje a los cambios. Que todo lo que rodea al niñx transexual se posicione en una única dirección, la del respeto.

Por ejemplo, la ley 2/2016 en Madrid habla, entre otras cosas, de que el niñx tiene derecho a vivir su propia identidad. Con la aprobación de los padres (hasta los 16 años) pueden cambiar el nombre DNI (aunque el género todavía no se puede), tener derecho a que lo llamen por el nombre que ha elegido, tanto en el cole, como los médicos y profesionales que lx traten. También tiene derecho a tener acceso a tratamientos, como bloqueadores hormonales, para evitar determinados cambios físicos.

El lenguaje, la cultura y la sociedad serán cambios más lentos y difíciles el niñx transexual. En cuanto al lenguaje, va a ser necesario incorporar términos más neutrales/inclusivos. Pensemos que el lenguaje es una expresión de la sociedad que poco a poco va cambiando la mentalidad y entonces esos cambios se verán reflejados en cómo hablamos. En este sentido, todavía nos queda un largo y apasionante camino por recorrer. Se lo debemos a todos los Juanes y a todas las Marías que vivieron, viven y vivirán.

Información adicional:

Asociación Americana de Psicología: Orientación sexual e Identidad de género. http://www.apa.org/centrodeapoyo/sexual.aspx

ley 2/2016 http://noticias.juridicas.com/base_datos/CCAA/573598-l-2-2016-de-29-mar-ca-madrid-identidad-y-expresion-de-genero-e-igualdad.html

ley 3/2016 http://noticias.juridicas.com/base_datos/CCAA/580692-l-3-2016-de-22-jul-ca-madrid-de-proteccion-integral-contra-la-lgtbifobia.html

Anet Diner Gutverg

Psicóloga, Psicoanalista. Siempre un buen oído, una escucha activa y una perspectiva positiva de la vida.

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