Mariano José de Larra: biografía del escritor romántico

Este artículo fue redactado y avalado por la crítica de cine Leah Padalino
· 31 diciembre, 2018
Mariano José de Larra es uno de los mayores representantes del Romanticismo en España. Sus artículos de costumbres, su crítica a la sociedad de la época y su profunda tristeza han hecho de él una figura imprescindible dentro de la literatura española. Pero, además, su vida se vio marcada por el desamor, el desencanto con su país y una profunda desesperanza que le llevarían a uno de los suicidios más sonados del panorama artístico en España.

Una de las figuras más emblemáticas del Romanticismo español es, sin duda, la de Mariano José de Larra. A pesar de su corta vida, su producción abarca más de doscientos artículos de prensa. Recordado por sus aportaciones a la literatura y al periodismo, Larra ha sido reconocido, además, como una figura que encarna los valores del Romanticismo; una figura melancólica cuya vida se vio truncada por el desamor y su posterior suicidio.

La verdad romántica de Larra nos cautiva y nos impresiona, como Espronceda, transmite un mensaje político totalmente inconformista que no terminó de cuajar en su tiempo. Sin embargo, alimentó las ansias renovadoras y el espíritu crítico. Larra dejará una profunda huella en autores hispanoamericanos, pero sobre todo en la Generación del 98. Los autores del 98 rescatarán su figura y harán un manifiesto ante su tumba.

Larra nació en Madrid en 1809, pero pronto su familia se exiliaría a Francia para, posteriormente, regresar a Madrid. La familia cambió de residencia en múltiples ocasiones, su padre era médico y Larra comenzó también sus estudios en medicina, pero no los terminó.

En Valladolid, Larra comenzó sus estudios en Derecho, aunque tampoco los concluyó. Se dice que, en ese periodo, Larra se enamoró de una mujer mucho mayor que resultó ser la amante de su padre. Este amor trágico e imposible marcaría a Larra, aunque, sin duda, el amor que terminó por sumirlo en la tragedia fue el que sentía por Dolores Armijo.

Larra y el Romanticismo

Cuando decimos que Larra representa el Romanticismo, adquirimos la obligación de explicar qué es realmente el Romanticismo. El Romanticismo surge en Alemania y Reino Unido a finales del siglo XVIII, alcanzará su expansión en la primera mitad del XIX y se difundirá por el resto de Europa. Nace como una reacción a las tendencias neoclásicas, a la imitación de los clásicos de la Antigüedad y al canon que se había asentado en el época.

Hasta la fecha, la producción artística y literaria se había visto fuertemente influida por el canon, por unos estereotipos predeterminados y se fundamentaba en la imitación. Con la llegada del Romanticismo, la subjetividad prima frente a la objetividad, lo universal desaparece y los autores se decantan por el sentimiento, por la exaltación del yo. El Romanticismo es la búsqueda de la libertad individual, del sentimiento, se relaciona con la naturaleza y, como consecuencia de su subjetividad, desembocará en distintas vertientes vinculadas al territorio y a lo individual.

Todo ello propicia que crezcan los nacionalismos, la realidad es distinta en cada rincón y los autores escriben desde su propia perspectiva. Aparece la conciencia del yo como entidad totalmente autónoma, donde la originalidad y la nostalgia cobrarán protagonismo. Por esta razón no es de extrañar que las autobiografías adquieran importancia y, al mismo tiempo, el sentimiento revolucionario. En cada país se dará de diversas formas, en España, se dio de forma tardía y se vio ensombrecido por el avance del realismo.

Algunos de los autores más representativos de este periodo son Espronceda y el Duque de Rivas; entre los géneros, destacan el folletín o la novela por entregas y los artículos de costumbres, donde Larra será fundamental. El artículo de costumbres describe situaciones como fiestas, comportamientos, valores… y le aporta cierto componente satírico o nostálgico. Larra curioseaba en la sociedad y, posteriormente, la criticaba; hablamos de un hombre lleno de contradicciones que harían que muriera de manera prematura.

El periodismo

Larra comienza a escribir durante la Restauración Absolutista, El Duende Satírico del Día fue su primer proyecto periodístico cuando apenas contaba con 19 años. Larra no tenía todavía un opinión política clara, quería ser periodista y criticar la sociedad de su tiempo, continuando, de algún modo, la tradición barroca. Con el paso del tiempo, veremos como Larra entra en contradicciones, navegando de manera peligrosa entre diferentes corrientes de opinión.

Entre 1832 y 1833, se publica en Madrid El pobrecito hablador, una publicación que se definía como revista satírica de costumbres y que Larra firmaba bajo el pseudónimo de Pérez de Munguía. En este momento, Larra hace una crítica indirecta y demoledora al mismo tiempo, en la que el satirizado es el Estado y no el poder político. Sin embargo, aparecerán los primeros problemas, atacará al Correo Literario y Mercantil e insultará a José María Carnero. Esta situación hará que Larra tenga que retractarse públicamente y terminará cerrando su periódico.

En El pobrecito hablador, asistimos a un contraste de puntos de vista, se utiliza el recurso del narrador ficticio y se sigue la tradición de cartas de Montesquieu y Cadalso. En Fígaro (1835), encontramos artículos de costumbres que pasarán a convertirse en artículos políticos. De este periodo son algunos tan conocidos como El castellano viejo, Vuelva usted mañana, El Ministerial o Tercera carta de un liberal de acá a un liberal de allá. Larra se muestra como un hombre cansado de su país y terminará por salir  de España.

Larra tiene problemas con la censura, criticaba a todos y se encontraba en un ambiente irrespirable. A estos problemas se sumaron sus vaivenes emocionales con Dolores Armijo y otros conflictos personales. Además, como buen romántico, ansiaba emprender un viaje intelectual que le permitiera ampliar sus horizontes. En este viaje, conoció la sociedad refinada de París y entró en contacto con algunos de los autores más prestigiosos del momento.

En este periodo colabora con escritores franceses en libros de viajes, traduce y prologa El dogma de los hombres libres. A su regreso, ha adquirido una ampliación de horizontes, conoce cómo viven los escritores europeos y se ha sumergido de lleno en el Romanticismo. De este modo, adquiere un componente más social, asumiendo que la literatura debe ser para la humanidad y nos brinda obras de mayor profundidad y modernidad.

El suicidio de Larra

Larra ha sido descrito como un hombre reflexivo, con tendencia a la introspección y a la frustración. Parece que su suicido era algo que muchos hubiesen podido anticipar; en cualquier momento, Larra iba a poner fin a su vida. Hablamos de un hombre inconstante, con muchos más proyectos iniciados que llevados a buen puerto; cambiaba de opinión y vivía el amor de una forma realmente dramática.

En su juventud, se enamoró de una mujer mayor que resultó ser la amante de su padre; se casó con 20 años con una joven llamada Josefina Wetoret con quien tuvo una hija. Sin embargo, no se trató de un matrimonio feliz, sino que Larra y su esposa parecían no encajar en absoluto. Se ha descrito a Josefina como ridícula, superficial y simple, algo que, desde luego, desentona con lo que hoy conocemos de Larra.

El gran y último amor de Larra fue Dolores Armijo, una mujer casada con quien mantuvo una relación. Esta infidelidad fue descubierta por sus respectivas parejas, de las que se separaron. En 1835, Larra viaja por Europa y, a su vuelta, la situación en España es bastante inestable. Armijo, en 1837, decide volver junto a su marido tras dos años de separación.

En febrero de 1837, Larra ya no escribe, se encuentra sumido en una profunda tristeza provocada por la situación de España y sus vaivenes emocionales. Tan solo escribe tres cartas dirigidas a Dolores Armijo solicitando una entrevista. La tarde del 13 de febrero de 1827, Dolores Armijo visita a Larra con el fin de pedirle unos documentos, ha decidido viajar a Filipinas para reunirse con su esposo.

Larra perdió el único motivo que le hacía seguir con vida y se disparó poniendo fin a todo a pocos días de cumplir 28 años. El suicidio de Larra no fue por Dolores, fue por España, por la desilusión y la desesperanza… porque para él ya nada tenía sentido. El mundo que le rodeaba era infernal y, al perder a Dolores, también se cortó el último hilo que le unía a la vida. Curiosamente, Dolores tampoco llegó a su destino, su viaje a Filipinas se vio truncado por el hundimiento del barco que la condujo a la muerte.

«Aquí yace media España, murió de la otra media».

-Mariano José de Larra-

  • Larra, M.J., (2008): Artículos. Madrid, Alianza.
  • Navas Ruiz, R., (2004): El Romanticismo Español. Madrid, Cátedra.