Marilyn Monroe: retrato psicológico de una muñeca rota

29 julio, 2019
Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Valeria Sabater
Norma Jean construyó un personaje llamado Marilyn Monroe con el cual, huir de su pasado y alcanzar el éxito. Ella mismo dio forma a ese mito sexual que terminó cosificándola, llevándola a la deriva de la depresión, la enfermedad y a las malas compañías

En 1961, y un año antes de su muerte, Marilyn Monroe escribió una  carta de seis páginas a su psiquiatra, el doctor Ralph Greenson. Lo hizo desde una habitación del hospital psiquiátrico donde se encontraba. En ella le hablaba del atisbo de esperanza que estaba creciendo en ella de nuevo. Era consciente del viaje de excesos en el que se había embarcado y sabía que debía hacer un cambio, enfocar su vida de otro modo..

Depresión, baja autoestima, inseguridad y hasta un elevado cociente intelectual. Se ha hablado y escrito mucho sobre la personalidad de Marilyn Monroe, o mejor dicho, de Norma Jean; de esa mujer detrás del mito que supo en un momento dado, construir un personaje para sobrevivir en la Industria del cine.

Ahora bien, el final en el que derivó sigue suscitando inmensos enigmas. Para muchos, fue una combinación de varios factores: enfermedad mental, la mafia, la élite política de la época… Libros tan interesantes como Marilyn Monroe: a case for murder nos hablan de ello. Sea como sea, su estela, su recuerdo dorado, sigue suscitándonos tanto interés como misterio.

«Justo ahora, cuando miré por la ventana del hospital, donde la nieve había cubierto todo, de repente, todo es como un verde apagado. La hierba, arbustos de hoja perenne en mal estado, aunque los árboles me dan un poco de esperanza, las desoladas ramas desnudas prometen que tal vez haya primavera y tal vez prometan esperanza».

-Marilyn Monroe-

De la la jaula en la fábrica a la jaula en Hollywood

Laureada por su aspecto físico en unos años en los que las mujeres trascendían en las pantallas básicamente por su estela erótica, Norma Jean, apareció en los estudios de Hollywood, para huir de una vida de obrera en la fábrica. Su mayor aspiración era escapar de todo lo que le era conocido y ser actriz.

Enfermedades mentales y la búsqueda de figuras de protección

Con un pasado marcado por  los abusos sexuales vividos en la adolescencia junto con un historial genético en el que existían antepasados con trastornos mentales -en ambos abuelos maternos y en su propia madre-, la vida de Marilyn Monroe mostraba un marco psicológico idóneo para desarrollar todo tipo de trastornos afectivos.

Uno de los rasgos más interesantes de su personalidad adulta, especialmente en los últimos años antes de su muerte, fue su afán por estar cerca de personas inteligentes y cultas en materia artística, autoridades que ella reconocería como las figuras paternas que nunca tuvo.

Estrella Hollywood de Marilyn Monroe

Entre estas personalidades cabe destacar al dramaturgo Arthur Miller. Con él compartió bastantes años, los suficientes para que Marilyn comenzara a escribir poesía y a leer novelas.

Aunque se han extraído informaciones acerca de su cultura y nivel intelectual, probables mediante imágenes como la fotografía en la que se muestra muy interesada en la novela “Ulises” de James Joyce, Arthur Miller afirmaría en su momento que jamás la vio terminar un libro.

Por supuesto, no se reniega de su inteligencia. Es más, quienes la conocieron destacan un aspecto: ella fue capaz de construir un personaje tras el que esconderse. Le dió hasta un timbre peculiar de voz, una tonalidad infantil que para muchos era irresistible. La ingenuidad era su máscara, pero tras ese embalaje se escondía una mujer inteligente.

Trastorno histriónico de personalidad o cómo ser Marilyn Monroe

A medida que se ha ido indagando en sus memorias, alusiones de las personas que la conocían, biografías de todo tipo y análisis por parte de estudiantes y profesionales en psicología, principalmente del psiquiatra de Marilyn, Ralph Greeson, se ha ido desentrañado el marco psicológico de esta actriz.

  • Se sabe que padecía trastorno histriónico de personalidad, un desorden emocional que tiene unos rasgos que encajan con el estilo de la seductora Marilyn.
  • Este trastorno se caracteriza por una excesiva preocupación por la apariencia física, sensibilidad excesiva a la desaprobación y exuberancia en la demostración de la sexualidad.
  • Esto se da hasta el punto de que la persona no es capaz de mantener una conversación con personas del sexo opuesto sin que exista: el rol depredador–presa y baja tolerancia a la frustración.

Ser objeto de deseo para potenciar su autoestima

Marilyn Monroe, según los biográfos, presentaba una necesidad enfermiza por ser constantemente atendida independientemente de los medios. Algo así le ocasionaba depresión y ansiedad debido a que aquello que conseguía (ser deseada por su atractivo físico) no se correspondía con lo que quería de sí misma (ser deseada por su personalidad).

Este estado empeoraría en la década de los cincuenta con el fin de su matrimonio con Arthur Miller. Según él, Marilyn se valía de la promiscuidad para huir de sí misma, para ser admirada y para obtener la reverencia que no obtenía sin necesidad de llamar la atención utilizando un arsenal que se oponía a sus propios valores.

  • Desde un principio, quiso ser tenida en cuenta para que la tomaran en serio y, sin embargo, para ello se valió de su atractivo físico, hecho que si que consiguió que hombres de gran cultura se postraran a sus pies.
  • Sin embargo, cuando ella era consciente de que su atractivo no radicaba en lo que ellos veían en ella como Norma Jean Mortenson sino en el mito sexual que era Marilyn Monroe, recurría a nuevas conquistas e infidelidades para llenar un vacío al que solo pondría fin una sobredosis de barbitúricos.
Marylin Monroe

La muñeca rota

Curiosamente, ella siempre quiso ser recordada como una gran actriz. No obstante, algo que quedó en evidencia es que parte de su legado ha sido ser un estereotipo, un “cliché social”.

Marilyn Monroe fue, ni más ni menos, una mujer que padecía  graves carencias emocionales y que disponía de escasos recursos para huir de sus fantasmas pasados. Murió antes de tiempo habiendo sido una actriz a tiempo completo que vivió para los focos y las miradas ajenas, mostrando su mejor sonrisa y aceptando las reglas del juego.

Mientras una Norma Jean Mortenson a la que no le habían permitido – ni se había permitido – madurar emocionalmente, soñaba con que cayera, de una vez, el telón y empezara la vida.