Max Eitingon y los pilares de la formación psicoanalítica

Este artículo ha sido verificado y aprobado por el psicólogo Sergio De Dios González el 7 febrero, 2019
Edith Sánchez · 7 febrero, 2019
Fruto de la amistad entre Max Eitingon y Sigmund Freud surge un gran cambio en el mundo del psicoanálisis. Eitingon adelantó uno de los primeros psicoanálisis didácticos de la historia. Con el tiempo, fue el encargado de consolidar el método de formación para los psicoanalistas.

Max Eitingon fue uno de los médicos y psicoanalistas más importantes de la primera generación. Y lo fue porque realizó aportes fundamentales en lo referente a la formación de los psicoanalistas. Su particular trabajo marcó el destino de dicha corriente de pensamiento.

La formación de los psicoanalistas es diferente a la de otros profesionales de la salud mental. Pensemos que en los orígenes del psicoanálisis todavía no existía una formación exclusivamente dedicada a dicho estudio, por ello, era necesaria una formación en Medicina. Es decir, los primeros psicoanalistas fueron, en esencia, médicos.

Esta tendencia se sigue manteniendo en algunos lugares a día de hoy, aunque no es la única vía existente para dedicarse al psicoanálisis. Gracias al trabajo de Max Eitingon y otros colaboradores, este hecho dio un giro irreversible, produciéndose la escisión con la Medicina.

Actualmente, una de las diferencias capitales entre un psicólogo y un psicoanalista es el hecho de que el primero adquiere ese título gracias a los estudios universitarios. En cambio, el psicoanalista se forma como tal durante su propio psicoanálisis, el cual debe incluir un componente didáctico. Max Eitingon resultó ser una figura decisiva para que este cambio pudiera llegar a buen puerto.

Con este artículo, pretendemos aportar algo de luz a estas cuestiones, descubriendo, al mismo tiempo, al hombre que hoy nos ocupa: Max Eitingon.

“El sentimiento de triunfo por la liberación está muy intensamente mezclado con la aflicción, pues uno llega a amar hasta la prisión de la cual ha sido liberado”.

-Sigmund Freud en una carta dirigida a Max Eitingon-

Max Eitingon y sus primeros años

Max Eitingon nació en la localidad de Moilev, Bielorrusia, el 26 de junio de 1881. Provenía de una familia de judíos ortodoxos de muy buena posición social. El padre, Chaim Eitingon, fue un próspero comerciante que se especializó primero en el negocio del azúcar y, posteriormente, en la comercialización de productos peleteros. Max tuvo dos hermanas y dos hermanos, siendo él el segundo en nacer.

La familia se instaló en Alemania cuando Max contaba solo con 12 años de edad. Era un chico tímido con un tartamudeo bastante severo. Como consecuencia de su tartamudeo, abandonó los estudios de secundaria, pero, más adelante, asistió como oyente a clases de historia del arte y filosofía en las prestigiosas universidades de Halle, Heidelberg y Marburgo.

En 1902, comenzó a estudiar medicina en Leipzig, después de haber rendido equivalencias de sus estudios secundarios. Posteriormente, se empleó en Zurich como asistente de Eugene Bleuler y, una vez allí, conoció a Carl Gustav Jung. De todo ese grupo, fue el primero en buscar un acercamiento directo con Sigmund Freud; para ello, viajó a Viena en 1907. En su correspondencia, Freud lo describió como: «el primer mensajero que se aproximó a un hombre solitario”.

Max Eitingon junto a otros psicoanalistas

Eitingon y el psicoanálisis

Max Eitingon comenzó a asistir a las reuniones de la Sociedad Psicológica de los Miércoles. Allí, realizó una interesante intervención que llamó la atención de Sigmund Freud. Fruto de esta intervención, llegó una reunión en la que le habló de un caso que le preocupaba. De manera espontánea, el padre del psicoanálisis y Eitingon realizaron uno de los primeros psicoanálisis didácticos de la historia. Lo hicieron por etapas, entre 1908 y 1909, durante paseos vespertinos.

El encuentro personal con Sigmund Freud marcó un antes y un después en la vida de Max Eitingon. A partir de este momento, se forjó una amistad indestructible, que pervivió intacta hasta su muerte. Max se convirtió para Freud en algo así como “su hombre de confianza”. Por eso, en más de una ocasión le confió el manejo de las crisis en las diferentes sociedades psicoanalíticas.

Sin embargo, no todo fueron aplausos y buenas palabras para Eitingon, pues surgieron discrepancias entre los psicoanalistas del momento. Para Carl Jung, Eitingon era alguien sin trascendencia; Otto Rank, por su parte, se oponía a que entrara en el Comité Secreto, hecho que ocurrió en 1919. Max nunca fue un gran teórico del psicoanálisis, sino más bien como el fiel guardián de su maestro y el encargado de implementar la técnica básica de este corte.

Dibujo de un hombre subiendo unas escaleras

Unos aportes considerables

Max Eitingon fundó, junto con Karl Abraham, el Policlínico Psicoanalítico de Berlín, aportando cuantiosos recursos económicos a esa empresa. También lo hizo para sostener la Editorial Psicoanalítica Internacional.

El Policlínico, posteriormente, daría lugar a la creación del Instituto Psicoanalítico de Berlín, una institución cuyo objetivo era impartir una formación estructurada para los psicoanalistas.

Los tres grandes pilares de la formación, señalados por Sigmund Freud e implementados con gran consistencia por Max Eitingon, fueron los siguientes:

  • La instauración del psicoanálisis didáctico: este es el psicoanálisis que se realiza una persona que aspira a ser psicoanalista. El objetivo es que la persona resuelva sus conflictos inconscientes y aprenda la técnica.
  • Formación complementaria mediante seminarios estructurados: en el psicoanálisis, la participación en seminarios o grupos de estudio es fundamental para interactuar con los pares y alcanzar la idoneidad.
  • Supervisión y exposición de los casos: cada psicoanalista es supervisado por sus pares, a quienes debe exponer los casos que ha tratado.

Estos tres pilares se han mantenido intactos hasta la actualidad, al menos, en el psicoanálisis clásico. Max Eitingon fue siempre muy cercano a Freud, hasta que este murió en 1939. Max falleció cuatro años después, en Jerusalén. Pero su impronta sigue viva en el psicoanálisis, especialmente en el ámbito enfocado a la formación de los futuros psicoanalistas.

  • Infante, J. A. (1968). “Algunas reflexiones acerca de la relación analítica”. Revista de psicoanálisis, 25(3-4), 767-775.