Si me quieres, deja de controlar nuestra relación - La Mente es Maravillosa

Si me quieres, deja de controlar nuestra relación

Francisco Pérez 13, Mayo 2017 en Psicología 5887 compartidos
Pareja feliz mirándose a los ojos

¿Se puede tener realmente una relación de pareja y seguir siendo libre? Es asombrosa la facilidad con la que se desarrollan las relaciones controladoras, incluso entre las personas que desean evitarlas. La mayoría de las personas quieren ser libres y no desean mantener una relación en la que se sientan controlados. Sin embargo, al mismo tiempo desean sentirse unidas a otras personas, incluso importantes para ellas. Son las dos caras de la moneda entre las que tenemos que encontrar un equilibrio.

Hay algo dentro de nosotros, de forma muy arraigada en nuestro ser, que nos mueve a desear vincularnos. No se trata de algo lógico ni tampoco de algo físico. Se trata de una necesidad espiritual. El espíritu quiere ser libre y al mismo tiempo estar relacionado.

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¿Por qué establecemos relaciones en las que entregamos el control?

En el centro mismo del problema yace la propia sensación de inseguridad, la falta de fe en nuestro propio criterio. Si necesitamos que otra persona nos dé su aprobación para obtener un refuerzo, tenemos un gran problema. Le estamos dando a la otra persona un poder excesivo en relación con la imagen que tenemos de nosotros mismos. Nos estamos colocando en las condiciones óptimas para que nos controlen.

“Dejamos que alguien nos controle por nuestra sensación de inseguridad, por la falta de fe en nuestro propio visto bueno”
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La sensación profunda de inseguridad puede desarrollarse de diferentes formas. Suele iniciarse en la niñez y dentro del entorno familiar, pero existen excepciones. Se desarrolla sobre la base de una serie de creencias falsas y se ve acrecentada por la necesidad de aceptación.

¿Cómo se desarrolla la inseguridad?

No nacimos como una pizarra en blanco, limpia, vacía y apta para escribir en ella las primeras letras. Vinimos a este mundo con lo que podríamos denominar un “equipo de nacimiento”. Este equipo incluía los rudimentos de una personalidad susceptible de ir definiéndose progresivamente, cierto potencial intelectual y toda una serie de inclinaciones y predisposiciones.

Además, no nacimos con una falta innata de autoestima. No existía la menor inclinación natural a cuestionarnos a nosotros mismos. Tampoco a cuestionar nuestras capacidades ni nuestra valía. Los niños nacen aceptándose a sí mismos en su totalidad por lo que son. El fenómeno de la desconfianza en uno mismo es una semilla que crece como consecuencia de determinadas circunstancias, como que alguien la plantara en nosotros.

Los padres son imperfectos

En el transcurso de la educación de los hijos a veces se cometen errores, y a veces estos errores tiene consecuencias a largo plazo. Así es la vida. Los hijos necesitan el amor y de la compañía incondicional de sus padres y cuando no la obtienen puede desarrollarse en ellos el germen de la inseguridad.

Algunos hijos carecen del cariño y la aceptación de uno de los progenitores, pero los reciben del otro. De otra forma, existen hijos que nacen en hogares donde ambos padres son incapaces de brindarles el amor y la orientación que tanto necesitan.

Los hijos necesitan el amor y la compañía incondicionales de sus padres. Cuando no obtienen aquello que necesitan, el germen de la inseguridad puede crecer en ellos.
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Terminan asumiendo la falta de amor y de orientación como una dinámica normal dentro de sus vidas. Lo introducen en el cajón de lo que consideran normal y aceptable en una relación conyugal, en ser padres, en lo que es ser un hombre o una mujer. Así, sucesivamente, lo van trasladando a todos los roles que van adquiriendo a lo largo de sus vidas.

La inseguridad también puede desarrollarse en los niños que sí reciben este apoyo. Por ejemplo, al llegar al instituto hay adolescentes que experimentan tal rechazo por parte de sus iguales que sienten que la confianza en su propio criterio se tambalea. Ellos no tienen control sobre las opiniones de los demás, sin embargo les dan a esos juicios subjetivos una carácter de verdad que compromete la confianza que tienen en ellos mismos.

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¿Cómo conservar nuestra libertad en el marco de una relación?

Antes de poder relacionarnos con otra persona y entablar una relación sana, tenemos algunas tareas por hacer. El cambio empieza por dentro y es importante recuperar nuestro propio “self. Ello supone recobrar la fe en nosotros mismos y librarnos de la creencia en nuestra supuesta incapacidad.

“El verdadero amor no es el amor propio, es el que consigue que el amante se abra a las demás personas y a la vida; no atosiga, no aísla, no rechaza, no persigue: solamente acepta”

-Antonio Gala-

Cuando dos personas trabajan realmente su relación, esta debería volverse más firme, más íntima y más cercana. Este es el sentido de crear una relación a largo plazo: evolucionar juntos y desarrollar un proyecto que se enriquezca con el paso del tiempo.

El amor incondicional

Una relación de pareja debe basarse en un amor sólido y honesto, en amar y aceptar al otro. Tratar de controlar a alguien es tratar de convertirlo en una persona diferente de la que es. El amor auténtico e incondicional incluye un compromiso de respeto hacia la libertad de la otra persona, al igual que tú tienes la opción de dejar una relación si sientes que ha llegado el momento de hacerlo.

El amor incondicional significa igualmente permitir que el otro evolucione. Queremos lo mejor para la persona a la que amamos, o lo que es lo mismo, queremos que esa persona avance y crezca todo lo que sea posible.

La comunicación respetuosa

Necesitamos comunicarnos respetuosamente para conservar la dignidad dentro de la relación. La falta de respeto es, sencillamente, intolerable. Si nuestra pareja es libre, no tolerará la falta de respeto, y si nosotros somos libres, tampoco toleraremos la falta de respeto. En la balanza del amor no hay nada que pueda confesar una falta de respeto.

Aceptar las diferencias

La aceptación de nuestras diferencias afecta a la esencia misma de la libertad dentro de una relación de pareja. Tenemos la opción de aceptar nuestra respectiva originalidad o bien de rechazarla. Si elegimos esto último, ya no cabe decir que estemos arraigados en el amor.

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Aprender el uno del otro

Aprendemos unos de otros gracias a nuestras diferencias. Precisamente los desencuentros forman parte del precio que tenemos que pagar por poder acceder a esta riqueza, la que potencialmente nos pueden aportar los demás. Así, podemos tomar nuestras respectivas diferencias como objetivos para nuestro propio crecimiento. Todas las parejas tienen algo que enseñarse mutuamente.

Esta idea de aprender el uno del otro genera la oportunidad definitiva de entablar una relación de cooperación, donde sentirnos prisioneros no tiene lugar, sino libres para aprender de y con nuestra pareja.

Aceptar la libertad de nuestra pareja

Se requiere muchísimo valor para aceptar a nuestra pareja como un espíritu libre. El motivo de esto es que el riesgo de perder a nuestra pareja es enorme. Cuando sentimos que no nos merecemos lo que tenemos es cuando tomamos precauciones para conservarlo. Podemos convertirnos en unos controladores con independencia de que hayamos sido los controlados en anteriores relaciones.

“Hay que ser muy valientes para aceptar a nuestra pareja como un espíritu libre, dejando que se desarrolle y crezca sin caer en el control”.
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Cuanto más aceptemos la libertad del otro, mayor será la probabilidad de que siga a nuestro lado. Si queremos ser libres y que nuestra pareja también lo sea, tenemos que respetar un derecho individual. Este derecho no es otro que su libertad, la de elegirnos o la de dejar de hacerlo. En cualquier caso, solo respetando y protegiendo su libertad conseguiremos que el otro pueda ser dentro de la pareja, y nosotros amar a ese ser que un día nos conquistó, para seguir haciéndolo.

Francisco Pérez

Psicólogo General Sanitario. Director del centro Supera Psicología. Máster en Psicología Clínica y de la Salud por la U.C.M.

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