Me siento desilusionado ¿qué puedo hacer?

Las desilusiones continuadas erosionan el ánimo, las experiencias y hasta la motivación del día a día. Pocas realidades psicológicas son más complicadas de manejar y afrontar. ¿Qué deberíamos hacer en estos casos?
Me siento desilusionado ¿qué puedo hacer?
Valeria Sabater

Escrito y verificado por la psicóloga Valeria Sabater el 07 febrero, 2021.

Última actualización: 07 febrero, 2021

«Me siento desilusionado, con las ganas apagadas, con las esperanzas desvanecidas y sin el aliento de la motivación». La mayoría de nosotros, en algún momento de nuestra existencia, sentimos este vacío perturbador en el que nuestras expectativas se han derrumbado ante la dura realidad. Es entonces cuando asoma esa forma de tristeza que todo lo distorsiona y lo difumina.

Decía el poeta y dramaturgo William Butler Yeats que la vida es una larga preparación para algo que, en buena parte de las veces, nunca ocurre. De algún modo, esta idea encierra una evidente verdad. En ocasiones, albergamos propósitos, metas e idealismos que jamás llegan a sucederse. Y esa distancia entre lo soñado y lo logrado acumula toda una sucesión de frustraciones.

Más allá de lo que podamos pensar, esta no deja de ser una emoción compleja y preocupante que en caso de no manejar, entender y atemperar puede abrir la puerta a realidades psicológicas más complejas. La ansiedad y la propia depresión, por ejemplo, se alimentan en muchos casos de desilusiones continuadas y esa indefensión existencial que ocasiona.

Mujer triste simbolizando cuando me siento desilusionado

¿Por qué últimamente me siento desilusionado?

Dicen que cuando alimentas muchas expectativas debes prepararte para unas cuantas desilusiones. Sin embargo ¿es esto lo habitual? ¿quiere decir quizá que no es bueno situar en nuestro horizonte personal más de un deseo, meta, anhelo y expectativa? En realidad, el ser humano perdería su esencia si dejáramos de encender sueños y metas a corto plazo. Es lo que siempre hemos hecho y lo que siempre haremos.

Sin embargo, hay una regla implícita que nos recuerda que es bueno aprender a lidiar mejor con esa brecha siempre presente entre la expectativa y lo que más tarde nos traiga el destino. Puede, por ejemplo, que ese flirteo que has empezado en una aplicación de búsqueda de pareja fuera muy bien y al poco de los días, haya terminado en un ghosting. Es posible también que tu última entrevista de trabajo fuera fenomenal y a pesar de ello, la llamada esperada nunca ha ocurrido.

Sabemos que estas situaciones con desenlace poco propicio suceden más de una vez en la vida. Sin embargo, hay momentos en que dichas expectativas fallidas se procesan de peor manera. Son como pérdidas que, de pronto, nos dejan desprovistos de recursos de afrontamiento. ¿A qué se debe? ¿Por qué hay quien maneja mucho mejor estas situaciones?

La desilusión está “hecha” de tristeza y arrepentimiento, dos emociones complejas

Cuando me siento desilusionado experimento decaimiento, apatía, frustración y una ausencia absoluta de motivación. ¿Te suena esta realidad psicológica? Si sentimos ese conglomerado de sensaciones se debe básicamente, a que la desilusión encierra en su interior dos de las emociones más difíciles de gestionar: la tristeza y el arrepentimiento.

Estudios como los realizados en en la Universidad de Tilburg (Países Bajos) nos revela algo importante. Cuando experimentamos una decepción solemos mirar en retrospectiva esa experiencia. Es entonces cuando surgen las preguntas: ¿por qué confié en esa persona? ¿por qué tomé esa decisión si no había nada seguro?... Esa reflexión interna despierta al segundo el arrepentimiento.

Tras el arrepentimiento, se adhiere la bruma de la tristeza que todo lo envuelve. Esto hace sin duda, que dicha vivencia sea más enrevesada de lo que pensamos, porque en ella confluyen múltiples sentimientos.

Me siento desilusionado desde hace mucho: la concatenación de pérdidas

Cuando me siento desilusionado lo que experimento en realidad es un sentimiento de pérdida. Lo que anhelaba no se ha sucedido. Aquello que daba por sentado ya no está. La persona a la que apreciaba ya no goza de mi confianza.

Todas esas carencias dejan una impronta de sufrimiento severo cuando acumulamos un exceso de decepciones y desilusiones. Dicha concatenación es lo que nos puede abocar en muchos casos, a derivar en una depresión.

Mujer soplando un diente de león

¿Cómo lidiar con las desilusiones?

La desilusión no deja de ser una forma profunda de tristeza satinada con una capa de arrepentimiento. Así, un aspecto llamativo de esta realidad es que a menudo, las personas suelen hacer todo lo posible para evitar reconocer esos sentimientos.

Nos hemos acostumbrado a aparentar que estamos bien y para ello, llegamos a distorsionar nuestros pensamientos autoconvenciéndonos de que «es mejor no pensar en lo sucedido y pasar página». Es como quien tiene una herida abierta en el brazo y se pone cada día una camisa intentando no mirar esa lesión. Al final, aparece la infección y el dolor se intensifica.

¿Qué debo hacer si me siento desilusionado? Estas son algunas estrategias en las que reflexionar.

Claves para manejar mejor la desilusión

El primer paso es entender que la desilusión existe en nuestro registro emocional por una finalidad muy concreta. Busca hacernos ver y entender que aquello que teníamos, dábamos por sentado o que queríamos, no va a poder ser. Por tanto, girar el rostro y esquivar esa realidad interna supone agravar aún más su presencia.

Una forma de canalizar la desilusión es mediante el enfado asertivo y catártico. Tienes pleno derecho a sentir rabia, frustración y enfado. Más tarde, y tras haber transitado y liberado esas emociones de valencia negativa, debes dar paso a la aceptación. Aceptar lo que no puede ser y lo que no se puede cambiar, es sin duda el paso más decisivo de todos.

Las desilusiones y decepciones nos alejan muy a menudo de lugares equivocados. Filtrar cada experiencia de manera lógica, centrada y objetiva nos permitirá dejar de alimentar la tristeza y el arrepentimiento. Solo entonces miraremos al mañana de manera ajustada, situando en el horizonte nuevas expectativas. Eso sí, asumiendo a su vez que la vida no es perfecta, ni aún menos justa. A pesar de ello, en buena parte de las veces, nos regala cosas extraordinarias…

“Si estamos tranquilos y preparados, deberíamos poder encontrar una compensación en cada desilusión”.

-Henry David Thoreau-

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  • Zeelenberg, M., Van Dijk, W. W., Manstead, A. S. R., & Van Der Pligt, J. (2000). On bad decisions and disconfirmed expectancies: The psychology of regret and disappointment. Cognition and Emotion. Psychology Press Ltd. https://doi.org/10.1080/026999300402781