Mezclar ansiolíticos y alcohol: una combinación peligrosa

Las sustancias que afectan al sistema nervioso deben tomarse con extremada precaución. Aquí encontrarás los efectos de mezclar dos de ellas, el alcohol y los ansiolíticos.
Mezclar ansiolíticos y alcohol: una combinación peligrosa
Sara González Juárez

Escrito y verificado por la psicóloga Sara González Juárez.

Última actualización: 17 enero, 2023

Los ansiolíticos son uno de los psicofármacos más recetados a día de hoy, pues se obtienen incluso sin pasar por un especialista de la salud mental. Esto, junto a la normalización de la ingesta de alcohol, hace que muchas veces se combinen ambos tipos de sustancias, en ocasiones por negligencia y otras por puro descuido.

No obstante, mezclar ansiolíticos y alcohol entraña grandes peligros para la salud, tanto a corto como a largo plazo. Al ser ambas drogas depresoras del sistema nervioso, los riesgos aumentan exponencialmente cuando se combinan, acercándose a los paros respiratorios o el coma, entre otros.

Por eso, en este espacio encontrarás las razones para suprimir la toma de alcohol mientras estés en tratamiento con ansiolíticos. No te pierdas nada, pues la cotidianidad de ambas sustancias no las hace más inofensivas para la salud. Vamos con ello.

Chica adolescente con pastillas

Efectos de los ansiolíticos y el alcohol sobre el sistema nervioso

Lo primero que debes saber es que tanto unos como otro son drogas depresivas del sistema nervioso. Esto significa que van a enlentecer o disminuir la actividad del sistema nervioso central, lo cual es beneficioso en trastornos de ansiedad, caracterizados por una sobreactivación del mismo.

Tomar ansiolíticos ayuda a conseguir una sensación de relajación y a atenuar síntomas como los pensamientos catastrofistas.

Por su parte, el alcohol también cumple funciones inhibitorias del sistema nervioso, pero de una manera diferente. A medida que aumenta la ingesta, los efectos van desde la desinhibición de la conducta hasta el coma etílico (sobredosis) por la afectación de las áreas cerebrales encargadas de los procesos vitales.

¿Qué ocurre al mezclar ansiolíticos y alcohol?

Si bien los ansiolíticos son cada vez más habituales, no se pueden comparar con la normalización que tiene el alcohol dentro de la vida cotidiana. Muchas personas no están dispuestas a renunciar a su consumo y para otras es una parte tan arraigada de su día a día que no tienen en cuenta sus interacciones con otros fármacos. Cuando esta combinación se produce con los ansiolíticos, encontramos efectos como los siguientes.

Predisposición a los accidentes

Mezclar ansiolíticos y alcohol afecta a las funciones del control motor, como la coordinación y el equilibro. También tiene efectos sobre la concentración, el estado de alerta y la memoria, por lo que los accidentes como caídas, cortes o golpes son más frecuentes.

La toma conjunta de benzodiacepinas y alcohol se asocia con un incremento de 7,7 veces del riesgo de sufrir un accidente de tráfico.

Potenciación de los efectos depresores

Además de ser ambas sustancias inhibitorias de la activación nerviosa, el alcohol etílico tiene capacidad de potenciar el efecto de las benzodiacepinas, uno de los grupos de fármacos más utilizados para el tratamiento de la ansiedad.

Este efecto agonista aumenta el riesgo de paro respiratorio por la afectación de los centros nerviosos asociados, así como del estado comatoso. Esto se debe a la acción farmacocinética que aumenta la concentración de estas sustancias en los tejidos.

Alteraciones de conducta

Al contrario de lo que se dice de manera popular, “beber para olvidar”, el alcohol hace que los sentimientos asociados a los recuerdos se vuelvan más intensos. Esto, con el añadido de la desinhibición de la conducta, vuelve a las personas más activas e incluso más violentas ante los conflictos que tengan abiertos en ese momento.

Estos problemas sin resolver, sumados a los ansiolíticos y al efecto desinhibitorio del alcohol, harían crecer la ansiedad hasta tener comportamientos propios de crisis nerviosas. A su vez, este comportamiento haría escalar los conflictos existentes y hacer aparecer otros nuevos, creando un empeoramiento en la patología.

Mayor efecto rebote

Los ansiolíticos también se recetan para inducir el sueño en personas que padecen insomnio. Otras acuden al alcohol para buscar este mismo efecto, producto de la depresión del sistema nervioso. Sin embargo, ambas sustancias comparten el efecto rebote: a las pocas horas de su actuación, los síntomas de nerviosismo y angustia vuelven con mayor intensidad.

Por tanto, la calidad del sueño que se obtiene no es buena. Cuando se mezclan ansiolíticos y alcohol, el rebote es mucho mayor, por lo que no se duerme bien y tampoco se atenúan los síntomas de la ansiedad a medio plazo.

Hombre con insomnio

La importancia de la terapia psicológica

La sola prescripción de ansiolíticos para un cuadro de angustia y estrés no es suficiente para aliviar el problema; y qué decir de la ingesta de alcohol, tan dañina como peligrosa cuando se cronifica. Es en este punto cuando surge la necesidad de acompañar las terapias farmacológicas con las psicológicas.

Los tratamientos con ansiolíticos no deben extenderse más allá de un año para no producir efectos adversos en la salud, como el nistagmo, la somnolencia, los vértigos o los problemas de articulación de palabras.

Por tanto, si crees que podrías estar sufriendo problemas de ansiedad, lo mejor es que elimines el alcohol de tu vida hasta que lo soluciones. Recuerda que, aunque a priori pueda parecer inofensivo, mezclar ansiolíticos y alcohol es una decisión que no solo agravará tus síntomas, sino que también te expondrá a peligros que amenazan tu vida.

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