Mi corazón es más joven que yo…

Noemí Carranza · 17 octubre, 2012

No he pensado, cuando escribí este título, en lo que nos dicen los médicos, nuestro corazón envejece  físicamente, y debemos cuidar de él… He pensado en el corazón emotivo, palpitante y aventurero, al mismo tiempo tierno y receloso…

El corazón con el que sentimos y nos enamoramos, con el que construimos relaciones de amistad, con el que nos solidarizamos. Ese que no madura, no va acorde a lo que nos dice la razón, la experiencia y la precaución.

El corazón es un travieso adolescente, aunque tú y yo seamos adultos, jóvenes, en la mediana edad, en cualquier etapa, tu corazón siempre, al menos para mi, es más joven que yo.

Decisiones tomadas con el corazón

Cuántas veces el corazón nos lleva a tomar decisiones insospechadas, algunas se convierten en ocasiones felices, en otras debemos pagar factura de nuestras desilusiones. Ay, pobre desdichado, nadie más que él es el culpable de nuestras lágrimas y desconsuelo. Y cuántas tantas otras, el corazón nos ha llenado el estómago de mariposas, ha latido con especial intensidad y nos ha dado a saborear, el dulce sabor de amar y ser amado.

Niña abrazándose a un corazón

Cuando de vuelta de muchos días felices y otros tantos menos felices, nos decimos que basta ya, que seremos más cautelosos a la hora de decidirnos, que esta vez nadie tomará ventaja de nuestro entusiasmo… ¡Ey,  que él no está de acuerdo con nosotros! Volvemos a sucumbir y el ilusionado corazón se siente entusiasmado, ello explica porqué nos recuperamos de tantos desengaños.

Así, un día nos ilusionamos de nuevo, perdonamos, justificamos lo injustificable y siempre pensamos que todo va a mejorar cuando la razón, infatigable y persistente, nos dice que no nos engañemos.

Y el amor no nos deja equivocarnos solo en las relaciones de amor, nos equivocamos con los amigos, nos fallan es normal, son humanos. Y cuando pensamos que no podremos perdonar más, el tierno corazón insiste en que podemos aceptar una travesurilla más.

Siempre joven

Y no me estoy quejando, pero ese chiquillo entusiasta y con fe que es el corazón, no madura y no madurará, si lo veo con un poco de paciencia, que también puedo ser impaciente con él, que se empeña en volar en pos del entusiasmo, el cariño o el amor, ¿qué sería de nosotros si nuestros corazones envejecieran a la par? Si cuando dejamos de ser adolescentes se convirtieran en un adulto precavido…

Niña soñando en la luna con el corazón

He pensado seriamente en eso, mi corazón no ha madurado para nada, aún se enternece con las canciones románticas que me ilusionaron alguna vez, se empeña en no olvidar ningún detalle de cuando fui feliz o desdichada…

He allí al culpable de todo, ese jovenzuelo demasiado empeñado en sentir que no quiere dejar de lado sentirse abrumado, que lo mismo enamorado… Y aún así, al ir dando tumbos por la vida, confiando unos días y desilusionándonos otros, confiando de nuevo y nunca abandonando la posibilidad… Porque este terco corazón tiene mucha fe.

Lo sé, me encanta eso, que siga siendo un romántico adolescente, aunque yo haya madurado y me crea en control. Porque hemos de pensar en las veces que nos habríamos privado, por nuestra precaución y sensatez, de vivir quizá un romance apasionado o conocer un amigo entrañable, ir tras un sueño que una corazonada, nos dijo al oído que valía la pena…

Gracias a mi juvenil corazón pude llenar mis horas de experiencias, algunas felices y otras no tanto, pero… Frente al recuento de los días, nada mejor que vernos frente a frente a lo que hemos vivido y sonreído, y aún lo que hemos llorado y perdido, después de todo de esos momentos hemos construido nuestra vida…

No importa lo que digan, me encanta ser más joven que yo.