Mi familia es narcisista: ¿qué puedo hacer?

17 Julio, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Valeria Sabater
Crecer en una familia narcisista es como vivir en un entorno de guerra. Todo son trampas urdidas por auténticos francotiradores emocionales y psicológicos. ¿Qué hay que hacer en estos casos? ¿Huir para siempre o hablar con ellos para poner límites?

«Mi familia es narcisista». Por término medio, uno llega a esta conclusión cuando ya es adulto. Porque durante la infancia y adolescencia todo son dudas, miedos y sufrimientos. Esa es una época en la que los hijos de los narcisistas se limitan solo a sobrevivir y a esperar a que, en algún momento, aparezca un gesto de afecto. Una señal de que son merecedores de su cariño.

Sin embargo, pasan los años y eso nunca sucede. La sensación de soledad entonces se cronifica, el abandono emocional se hace perpetuo y las secuelas del maltrato psicológico se vuelven más profundas. Tengámoslo claro, pocos hechos son más lesivos para una persona como crecer siendo consciente de que sus necesidades no son importantes.

Saber que aquello que uno siente, quiere o piensa carece de relevancia es altamente doloroso y deja marca. Formar parte de un entorno donde hay una o varias figuras narcisistas que todo lo engullen a su paso, que todo lo requieren para sí hasta el punto de pasar por encima de los derechos emocionales de los propios hijos deja serias secuelas psicológicas.

Es más, algo que se ve de manera frecuente en terapia en estas personas es que en su interior hay grandes dosis de ira no reconocida. Todas esas vivencias respiran en sus profundidades mentales en forma de una rabia no detectada. Asimismo, es común también que se perciban a sí mismas como seres no merecedores de amor.

Esto explica la aparición de trastornos de ansiedad y esos periodos de depresión que van y vienen. ¿Qué debería hacerse en estos casos? ¿Cómo actuar ante esos vínculos que aún nos unen con una o varias figuras narcisistas? Lo analizamos.

Mujer con su madre pensando mi familia es narcisista

Mi familia es narcisista ¿qué puedo hacer?

Stephanie Donaldson-Pressman es terapeuta y directora clínica del Centro de Psicología Pediátrica de Nueva Inglaterra. Es actualmente una de las mayores expertas en dinámicas de familias narcisistas. En su libro The Narcissistic Family: Diagnosis and Treatment nos explica que este tipo de núcleos parentales disfuncionales buscan únicamente atender sus propias necesidades. Si nos preguntamos por qué lo hacen o por qué son así, las causas son múltiples.

A veces, puede haber una enfermedad mental detrás, estrés laboral, alcoholismo, abuso de drogas o incluso discapacidad física o psicológica. No obstante, la mayor parte de las veces lo que se manifiesta es inmadurez, egocentrismo, falta de habilidades parentales e incluso un trastorno narcisista de la personalidad

Cuando uno es pequeño no se plantea el por qué sus padres son así. Durante la infancia, lo que un niño busca a la desesperada de sus padres narcisistas es ganarse su amor, su atención y aprobación. Al no lograrlo, se llega a la adolescencia con una gran falta de autoestima y con la clara idea de que las necesidades propias no son importantes.

El adolescente se convertirá finalmente en un adulto con serias emociones contrapuestas y con profundas dudas: ahora que sé que mi familia es narcisista, ¿qué debo hacer?

La prioridad eres tú: sanar las heridas del narcisista para decidir mejor

¿Qué debo hacer? Si mi familia es narcisista… ¿Debo cortar el contacto para siempre? Antes de tomar estas decisiones, lo más adecuado es buscar ayuda profesional para tratar muchas de las lesiones psicológicas que suele dejar el o los narcisistas. Debemos tomar conciencia de los siguientes aspectos:

  • La familia narcisista suele esconder muy bien lo que sucede de puertas para adentro. Generalmente, el entorno desconoce el sufrimiento que viven los hijos en este tipo de situaciones. Ese hermetismo y el hecho de que nadie sepa lo que se sufre, duele y desconcierta. Por eso, es adecuado solicitar ayuda experta. Solo así seremos conscientes de nuestras heridas.
  • Hay que tratar, por ejemplo, la sensación de culpa y vergüenza. Los narcisistas nos hacen creer que no somos merecedores de atención y afecto y que nosotros somos los responsables de ello. Algo así infecta la autoestima y distorsiona la propia identidad. Todo ello merece atención para recuperar la dignidad.
  • Es necesario, a su vez, tratar la ira latente y esa rabia acumulada en el tiempo por todo lo vivido.
  • En la mente de las víctimas del narcisismo navegan mensajes negativos profundamente integrados. Ideas como «no eres lo bastante bueno para esto y aquello» debe ser arrancadas, trabajadas y sanadas.
  • Por otro lado, debe trabajarse la capacidad de conectar emocionalmente con uno mismo para descubrir necesidades y entonces cubrirlas. Potenciar la autoestima, la identidad, la comunicación asertiva son pilares esenciales y también urgentes.
Madre e hijo hablando

Cuando te sientas seguro, fuerte y en calma, decide sin miedo

Mi familia es narcisista y aún hoy me sigue provocando sufrimiento. ¿Qué puedo hacer? Antes de tomar una decisión, tal y como hemos señalado, es conveniente haber trabajado en nosotros mismos, despertar fortalezas, sanar heridas y templar la seguridad en uno mismo.

Decimos esto último por un hecho innegable: el padre o la madre narcisista es un experto en manipulación y si no actuamos con decisión, caeremos de nuevo en su influjo. Por ejemplo, si les comunicamos que a partir de ahora limitaremos el trato, es probable que nos digan aquello de «¿Y quién te ha lavado la cabeza para decir algo así? ¿Tu pareja?».

Quien es experto en el arte del dolor hace de la comunicación su mejor arma y debemos estar preparados para saber responder. Con calma, con seguridad y asertividad. Así, cuando el impacto de unos progenitores narcisistas sigue afectándonos solo caben dos opciones: limitar el trato o romperlo para siempre.

Lo más adecuado es intentarlo primero colocando límites y exigiendo respeto. Pautaremos esos contactos de manera que para nosotros sean tolerables: llamadas, visitas una vez a la semana, etc. Ahora bien, si no respetan esos límites, si percibimos que el sufrimiento no termina y que estamos perdiendo nuestra calidad de vida nuevamente, lo saludable es poner distancia.

Son decisiones duras, pero hay algo evidente: quien te hace sufrir no te ama. ¿Qué sentido tiene entonces seguir manteniendo lo que duele, lo que no es sano e infecta la propia felicidad? Evidentemente, ninguno. Tengámoslo presente.

  • Donaldson-Pressman, Stephanie (1997) The Narcissistic Family: Diagnosis and Treatment.  Jossey-Bass Inc.,U.S