Mi hijo no es feliz: ¿cómo puedo ayudarle?

22 septiembre, 2019
Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Elena Sanz
La felicidad de los más pequeños es el interés de muchos adultos. Sin embargo, en muchas ocasiones, lo que falla en estos momentos no es la voluntad, sino el conocimiento sobre qué hacer, qué medidas adoptar o a quién consultar.

Como padres, todos deseamos que nuestros pequeños crezcan alegres y sanos. Si percibo que mi hijo no es feliz, comienzan a asaltarme las dudas sobre mi propio rol paterno y el sentimiento de culpa crece. ¿Qué estoy haciendo mal? ¿Cómo puedo ayudarle?

Ante todo es imprescindible saber que todas las emociones cumplen una función en nuestra vida y son necesarias. La tristeza, por ejemplo, facilita la solicitud de ayuda o induce a la reflexión de cara a una readaptación. Por otro lado, también es normal y necesario que los niños experimenten tristeza ante ciertas situaciones.

Sin embargo, cuando la frecuencia y la intensidad de esta tristeza son excesivas, hemos de actuar. Esta circunstancia podría derivar en depresión infantil y acarrear consecuencias importantes para la salud mental del pequeño.

Niño triste en la ventana

Mi hijo no es feliz

La tristeza, como emoción, tiende a influir en muchos planos vitales. El diálogo interno encuentra un tobogán y el pesimismo aparece como tormenta en el horizonte. El ánimo decae, junto al interés y la motivación. Además, y especialmente en la infancia, la trsiteza puede manifestarse como irritación, sensibilidad extrema, junto a problemas de apetito y de sueño.

La principal causa de la tristeza infantil es el sentimiento de pérdida, decepción o fracaso. Por tanto, son diversas las situaciones cotidianas que pueden dibujar ese escenario en el que mi hijo no es feliz.

  • Pérdida de vínculos afectivos importantes, bien sea por separación o por fallecimiento.
  • Rechazo por parte del resto de niños. Violencia o problemas de adaptación en la escuela.
  • Incapacidad para alcanzar metas importantes y sensación de fracaso.
  • Falta de autoestima, sentimiento de soledad.

Sin embargo, un mismo evento no afecta por igual a todos los niños. ¿Por qué existen pequeños más felices y otros más melancólicos con historias vitales similares? ¿Por qué para algunos resulta más sencillo percibir el lado positivo de acontecimientos y circunstancias? La buena noticia es que el entorno y su configuración tienen «solo» una influencia cercana al 10% sobre nuestro bienestar psicológico.

El 50% de nuestra felicidad proviene de factores genéticos, mientras que el 40% restante está determinada por nuestra actitud. Los patrones de pensamientos que aprendemos y reproducimos a lo largo de nuestra vida pueden, realmente, marcar la diferencia.

¿Cómo puedo hacer que mi hijo sea más feliz?

Como hemos comentado, ante el escenario de mi hijo no es feliz, será primordial trasmitir a los más pequeños una actitud positiva y unas estrategias de afrontamiento eficaces. Ser un modelo de actuación ante eventos positivos y negativos, dirigiendo y mostrando las mejores rutas y recursos para una buena gestión emocional.

Sé un modelo de actitud positiva

Los niños aprenden a vivir observando, tomado modelos e imitándolos. Tus reacciones serán para ellos una buena manera de decidir qué disposición adoptar ante los acontecimientos. Trata de mantener una mentalidad flexible y proactiva ante los problemas. Muestra a tu pequeño como te ocupas, en lugar de preocuparte.

Es importante transmitirles que determinados hechos no se pueden evitar -determinadas pérdidas, determinados errores-, pero que sí podemos decidir qué hacer ante ellos, cómo posicionarnos. Por otro lado, podemos enseñarles las ventajas de ser persona proactivas, en vez de reactivas.

Ámalo de forma incondicional

El amor y la seguridad son dos de las necesidades principales de todo ser humano. Si no sentimos cubiertas esas áreas de nuestra vida, es difícil que podamos sentirnos bien. Ama y acepta a tu hijo de forma incondicional. No trates de cambiarlo, de compararlo con sus hermanos o amigos, no lo critiques constantemente. 

Pasa con tu hijo todo el tiempo que puedas, conócelo y establece un vínculo sólido. De esta forma te será más fácil percibir los cambios en su conducta y el niño sentirá la suficiente confianza para acudir a ti cuando necesite ayuda.

Madre jugando con su hija

Fomenta su autoestima y autonomía

La confianza en los recursos y destrezas ya adquiridos es en muchos casos la variable que marca la diferencia entre el acierto y el error. En este sentido, sabernos valiosos y capaces de afrontar las dificultades nos hará más sencillo superar cualquier escollo. Para ello, trata de ir aumentando, con el paso del tiempo, las responsabilidades que delegas en tu hijo.

Muéstrale que confías en sus capacidades y esfuérzate en ayudarle a construir una imagen positiva de sí mismo. Será la mejor ayuda que le puedas brindar para que conquiste su autonomía.

Enséñale estrategias de afrontamiento adecuadas

Las estrategias centradas en la evitación o en las emociones contribuyen a que mi hijo no sea feliz. Estas suelen ponerse en marcha cuando nos percibimos sin recursos para resolver la situación. Ayuda a tu hijo a desarrollar estrategias de afrontamiento basadas en el problema, tales como buscar soluciones o pedir ayuda.

 

Martínez, A. C. (2014). Tristeza, depresión y estrategias de autorregulación en niños. Tesis Psicológica2(1), 35-47. Sánchez Hernández, Ó., & Méndez Carrillo, F. X. (2009). El optimismo como factor protector de la depresión infantil y adolescente. Clinica y salud20(3), 273-280.