Mi hijo no quiere estudiar: ¿qué hacer?

El niño que no quiere estudiar no necesariamente es vago, torpe o rebelde. Desecha estas etiquetas y descubre cómo ayudar a tu hijo a recuperar la motivación.
Mi hijo no quiere estudiar: ¿qué hacer?
Elena Sanz

Escrito y verificado por la psicóloga Elena Sanz.

Última actualización: 01 agosto, 2022

No solo es importante que los menores vayan al colegio, sino también que saquen provecho de su educación para enriquecerse personalmente y forjarse un buen futuro. Por ello, cuando un hijo no quiere estudiar, es normal que sus padres se preocupen y los conflictos en el hogar se vuelvan una constante. Sin embargo, es necesario comprender las razones detrás de esta falta de interés para poder ayudar al niño.

Generalmente se asume que el menor es perezoso, vago o irresponsable. Así, se le juzga y se le critica, se le castiga o se le amenaza tratando de que cumpla con sus deberes escolares. Paradójicamente, estas actitudes suelen perpetuar el problema ya que lo que se necesita es comprensión y herramientas claras para pasar a la acción desde un prisma diferente. Te contamos más al respecto en las siguientes líneas.

¿Por qué mi hijo no quiere estudiar?

Seguramente te hagas esta pregunta cada vez que tienes que discutir con tu hijo para que se ponga con sus tareas escolares, o cuando llega con un examen suspenso. ¿Por qué no quiere estudiar?, ¿por qué no comprende que es su deber? Normalmente, las razones van más allá de la simple pereza o la rebeldía, por ello conviene plantear las siguientes posibilidades:

Falta de motivación

Todos los niños tienen una curiosidad innata y un deseo por explorar el mundo y descubrir acerca de él. Desafortunadamente, el sistema educativo suele opacar esa tendencia natural. Quizá tu hijo es incapaz de escribir una redacción de una página y, en cambio, puede escribir cinco páginas de un blog sobre un tema de su agrado, y es que la motivación es nuestro motor principal.

Evidentemente, durante el periodo formativo hemos de aprender acerca de diversos temas y no todos llamarán nuestra atención, pero un cambio de enfoque puede marcar la diferencia. Las lecciones teóricas, monótonas y desconectadas de sus aplicaciones en el mundo real generan desinterés.

Niña distraída mirando un lápiz

Miedo al fracaso

Si tu hijo no quiere estudiar, quizá sea porque teme no poder rendir adecuadamente. En ocasiones, los retrasos en el desarrollo o los problemas de aprendizaje hacen que a los niños se les dificulte comprender la materia y cumplir con sus tareas.

Pero incluso si no existe ningún trastorno, la baja autoestima o el perfeccionismo pueden llevar a los menores a desatender sus tareas escolares. Y es que “no apruebo porque no estudio” puede ser más fácil de asumir que “pongo todo mi esfuerzo y aún así no lo consigo”.

Situaciones personales conflictivas

No podemos obviar el hecho de que las circunstancias personales afectan al estado de ánimo, y este regula nuestra predisposición y capacidad para cumplir y funcionar en el día a día.

Así, un niño que sufre acoso escolar, que vive una situación complicada en el hogar o que presenta ansiedad o depresión, no se encontrará en la tesitura de ponerse a estudiar, pues tendrá que lidiar con su mundo interno en primer lugar.

Estilo de crianza inadecuado

Por último, es posible que el estilo de crianza también tenga un efecto en el desinterés del niño por estudiar. Este aspecto tiene diversas aristas:

  • Un estilo de crianza permisivo hará que el menor sienta que solo tiene derechos y no responsabilidades.
  • La sobreprotección puede hacerle sentir incapaz de afrontar retos.
  • La elevada exigencia por parte de los progenitores puede desencadenar el miedo al fracaso del que antes hablamos.
  • El autoritarismo puede despertar actitudes rebeldes y de oposición que se manifiesten en una negativa a estudiar.

¿Qué hacer si tu hijo no quiere estudiar?

Ahora que tienes presentes algunas de las posibles causas, ¿qué puedes hacer si tu hijo no quiere estudiar? Las siguientes son algunas sugerencias útiles que habrán de adaptarse según el caso específico de cada niño:

  • Fomenta la motivación intrínseca. En vez de ofrecerle a tu hijo recompensas materiales o externas a cambio de estudiar, busca potenciar esa curiosidad innata y el deseo de superación personal. Para hacer más atractivas las materias, ayúdale a conectarlas con el mundo real, por ejemplo visitando museos o jardines, viendo películas o leyendo libros históricos o haciendo experimentos prácticos referentes a sus asignaturas.
  • Premia el proceso en lugar del resultado. Procura no enfocarte en la nota que saca tu hijo sino en el esfuerzo que ha dedicado. Esto restará presión y reducirá el miedo al fracaso, al tiempo que le animará a ser perseverante.
  • Ofrece apoyo. Si tu hijo tiene dificultades específicas con alguna asignatura puede ser buena idea ofrecerle apoyo y guía mientras realiza sus deberes, o incluso apuntarlo a una academia. Esto le ayudará a comprender los conceptos de mejor forma, verse capaz aumentará su autoestima y esto su motivación. Eso sí, recuerda ofrecer este apoyo con calma, sin gritos ni exigencias (no queremos que asocie el estudio con eventos desagradables).
  • No hagas por tu hijo lo que puede hacer por sí mismo. Ayudarle con sus estudios no significa hacerlo por él.
  • Ayúdale a establecer unos buenos hábitos de estudio. Esto es, preparad un lugar adecuado en el que pueda realizar sus tareas escolares, fijad una rutina diaria y asegúrate de que aprenda técnicas de estudio que hagan más sencillo y efectivo el proceso.
Niño estudiando

Si tu hijo no quiere estudiar, opta por el acompañamiento y no por la crítica

Aunque en la desesperación nuestro primer impulso sea culpar, juzgar y criticar, tratemos de controlarlo y de mostrarnos dispuestos a escuchar. Procura comprender los motivos de tu hijo sin juzgarle, para poder así acompañarle en el proceso.

No lo etiquetes como vago, irresponsable o malo en los estudios, pues esto perpetuará la situación y dañará su autoestima; en cambio, ayúdale a realizar los cambios necesarios.

Si sientes que no sabes por dónde comenzar, no dudes en buscar apoyo profesional. Un psicólogo especializado en niños y adolescentes puede ayudaros a encontrar la causa y ofrecer herramientas para reconducir la situación.

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