Mi madre es super woman

Yolanda Fernández Lago · 4 mayo, 2014

Porque la palabra madre debería escribirse siempre con letras bien grandes. Porque son ellas las que nos ayudan a soñar y nos traen de vuelta a la tierra. Porque nos enseñan a apreciar las pequeñas cosas de la vida. Porque nos escuchan y nos consuelan. Porque sufren con nosotros nuestras enfermedades desde que somos niños. Porque uno solo de sus abrazos nos cura. Porque siempre están ahí para nosotros.

Este es un pequeño homenaje a todas las mamás:

Hola, soy Paula y tengo seis años.

Os puedo confirmar que existen los Reyes Magos y el Ratoncito Pérez.

Y también, que mi madre es Súper Woman. Trabajo que ejerce a jornada completa. Sin quejarse por tener que trabajar los fines de semana o porque no le paguen las horas de los días festivos. Se levanta los siete días de la semana con una sonrisa enorme y se acuesta cansada y agotada, pero con su misma sonrisa de satisfacción al verme crecer sana y feliz.

Mi madre es capaz de cocinar lentejas y pasar con esmero el plumero, mientras plancha la ropa y me ayuda con las tareas del cole. No necesita calculadora ni lista de la compra cuando vamos al hipermercado. Ella solita coge los productos para la semana y suma los precios con una exactitud que asombra a la cajera.

Pero es normal. Porque mi madre es Súper Woman y tiene una mente privilegiada capaz de inventarse una historia cada noche para contarme y así poder dormir tranquila imaginándome mundos con bellas princesas y nubes de colores surcando el cielo, donde existen jardines en los que crecen piruletas en primavera y se pueden ver ríos de chocolate con espuma de nata.

Además hace magia. Porque convierte la carne picada en sabrosas albóndigas cubiertas de tomate o ricas hamburguesas para los días de fiesta. Con sus manitas transforma un puñadito de polvitos blancos de harina, el interior de un huevo, una tacita de azúcar y una cucharadita de aceite, en deliciosas rosquillas para bañar en la leche del desayuno. No hay un roto en mi ropa que se le resista y aunque pierda algún botón durante mis juegos, ella posee una cajita llena de recambios de todo tipo de tamaños y colores.

Es capaz de multiplicar las horas del día de tal forma, que llega puntual a su trabajo, me recoge a la hora exacta a la salida del cole y conseguimos ir juntitas y disfrutando de la tarde hasta casa.
Allí mi súper mami no descansa ni un segundo.
Pero siempre, siempre, le roba  tiempo al día y retrasa la salida de la Luna Lunera para contarme un cuento, darme un besote sonoro en la frente y arroparme con mucho cariño, antes de despedirse y decirme “Que sueñes con cosas bonitas”

Pero es normal, porque mi madre es Súper Woman.