Moon

14 Marzo, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la crítica de cine Leah Padalino
Moon es un filme que bebe de la ciencia ficción del pasado, de un ritmo pausado para plantear cuestiones trascendentales. Lejos del punto de vista progresista de la carrera espacial, ve en la Luna el último recurso para la supervivencia de nuestra especie.
 

Hasta el año 2009, probablemente, Duncan Jones fuese un completo desconocido para muchos y, para otros, simplemente era el hijo del inolvidable David Bowie. Sin embargo, ese año se dio a conocer al mundo con una increíble ópera prima: Moon.

Lejos de seguir los pasos de su padre, Jones decidió dedicarse a otra vertiente artística: la dirección cinematográfica. Graduado en Filosofía y con un doctorado en sus manos, decidió culminar su formación en el campo del cine y, de esta manera, llegaría en 2009 su primer largometraje.

Seguramente, muchos pensaron que, por su origen, contaría con infinidad de contactos y podría permitirse dar el salto al cine por todo lo alto. Aunque podría haber adoptado el apellido artístico de su padre y tratar de conseguir una suculenta financiación, decidió ser, sencillamente, Duncan Jones y contar con un presupuesto bastante limitado.

Aun así, Moon superó con creces las expectativas y su recaudación fue sorprendente. Conquistó el Festival de Cine de Sitges y logró diversos premios como el de Mejor Película Independiente de 2009.

Moon: ciencia ficción

Parece que solo las grandes productoras de Hollywood son capaces de hacer ciencia ficción; que la única vía para el género son los efectos especiales espectaculares y los elevados presupuestos a los que nos tienen acostumbrados las grandes producciones.

Moon se aleja de todo ello para presentarnos una obra de ciencia ficción íntima, que reflexiona acerca de cuestiones metafísicas e inherentes al ser humano. Con apenas un actor y recursos limitados, tenemos una película pausada, sencilla e introspectiva, pero plagada de elegancia y no exenta de planteamientos interesantes.

 

La premisa es simple y no demasiado descabellada: nos plantea un futuro que podría estar más cerca de lo que pensamos. En un planeta en el que se han agotado los recursos, es necesario acudir a nuevas fuentes que, en este caso, se encontrarán en la Luna.

El satélite se ha convertido en una explotación minera y la empresa Lunar Industries Ldt enviará allí a uno de sus astronautas, Sam Bell, en una misión que durará 3 años.

Bell es el encargado de controlar las excavadoras que extraen el material necesario para generar energía en la Tierra. A su soledad se une la imposibilidad de contactar con su planeta natal en tiempo real debido a un fallo en el satélite de comunicación.

La empresa, además, tiene preocupaciones más importantes que solventar el problema comunicativo. Bell logra contactar con su familia, tan solo, a través de mensajes grabados. Su única compañía es el robot inteligente GERTY que, inevitablemente, a más de uno le recordará a HAL 9000 de 2001: Una odisea en el espacio.

Y es que el filme de Kubrick está muy presente en la película de Jones, no son pocas las alusiones e incluso escenas cuasi calcadas al largometraje que redescubrió la ciencia ficción. Pero no solo la película de Kubrick hace acto de presencia en Moon, sino que títulos como Alien (Scott, 1979) o Solaris (Tarkovski, 1972 han dejado su impronta en Moon.

Igualmente, el filme anticipa, en cierto modo, títulos más recientes como Interstellar (Nolan, 2014), Ad Astra (Gray, 2019) o incluso High Life (Denis, 2018). De alguna manera, todo ello nos lleva a preguntarnos cómo ha evolucionado la ciencia ficción con el tiempo y, de manera más concreta, aquella vinculada al espacio.

 

La evolución de un género

Desde los albores de la humanidad, el ser humano ha mirado al cielo con asombro, ha observado las estrellas y los astros con diferentes fines. Una de las grandes pioneras del género de la ciencia ficción es La mujer en la Luna (Fritz Lang, 1929).

El filme se divide en dos partes bien diferenciadas: una primera parte que plantea la idea del viaje a la Luna y la segunda que se corresponde al viaje en sí. Por aquel entonces, el hombre todavía soñaba con las estrellas, con la conquista del espacio; un escenario que era visto como un signo de progreso, evolución y aplauso.

Pasan los años y llegamos a 1968, momento en el que el cineasta Stanley Kubrick cambiará, casi de forma simultánea con la propia historia de la humanidad, el curso de la ciencia ficción espacial. 2001: Una odisea en el espacio perfecciona las ahora sencillas maquetas de Lang y hace uso de unos efectos visuales excepcionales.

Kubrick parece anticiparlo todo: estrena su película un año antes del alunizaje, en plena carrera espacial; comprende que, tal vez, las máquinas puedan convertirse en una amenaza para el hombre; pero termina dando lugar a la esperanza, a la evolución.

Con La mujer en la Luna, veíamos nuestros sueños hechos realidad; con Kubrick, asistimos a lo que podría devenir de la carrera espacial que se estaba llevando a cabo en ese preciso momento.

Por ello, cabe preguntarse: ¿qué ocurre en la actualidad? ¿Seguiremos soñando con las bondades del espacio ahora que la carrera espacial ha resultado ser un absoluto fracaso?

 

En este sentido, Moon nos muestra una cara bastante más amarga. Nuestro mundo ha sido tan masacrado por el hombre que, en un futuro no muy lejano, nos veremos obligados a volver al espacio, pero en esta ocasión, con la esperanza de mejorar nuestra vida en la Tierra.

En la era del cambio climático, el mundo se torna inhóspito y el espacio es el último recurso. Igualmente, la idea de soledad que ya se intuía en sus predecesoras se hace aquí más explícita.

Ahora, el objeto de estudio no es otro que el hombre, el hombre víctima de su tiempo, del engaño y de las grandes empresas. La ciencia ficción sirve como excusa para plantear una reflexión sobre el momento presente. Ya no hay ensoñación, ya no hay esperanza o ilusión, sino desolación.

Hombre frente a otro

El contexto de la ciencia ficción

En Moon, la ciencia ficción es un contexto que permite reflexiones acerca del ser, reflexiones introspectivas, pero también hacia la deshumanización del mundo llevada a cabo por las grandes empresas en las que poco o nada importan los intereses individuales.

La estética está absolutamente cuidada, pese a su escaso presupuesto. La labor interpretativa es llevada al límite por un excepcional Sam Rockwell, que deberá lidiar con una versión más vieja de sí mismo.

 

Este punto es interesante, pues Jones, pone ante nuestros ojos a dos hombres que dicen ser la misma persona, pero se encuentran en momentos diferentes de sus vidas. Así, aparece el conflicto. ¿Es la esencia del yo inalterable, imperturbable? ¿Cambia el propio ser con el tiempo o las circunstancias?

Moon nos pone en esa tesitura, un “yo” viejo se enfrenta a un “yo” joven con el que tendrá diferencias en infinidad de cuestiones. Y es que, seguramente, si cualquiera de nosotros se enfrentase a un “yo” pasado, se encontraría ante un escenario complejo y plagado de discusiones.

¿Son dos personas distintas? ¿Es la misma persona ante diferentes circunstancias? Estas son algunas de las preguntas que se hará el espectador.

Jones no quiso ocultar que en su filme surgiría esta dicotomía del “yo”. Sin embargo, quizás sea más interesante enfrentarse a la película desde la más absoluta ignorancia.

Moon es predecible desde sus primeros minutos, pero no por ello dejará de sorprendernos, engancharnos y entretenernos. Con un ritmo pausado que contrasta con las grandes producciones de la ciencia ficción contemporánea, Moon dibuja un escenario que no resulta extraño, que posee reminiscencias con la realidad y que se apoya en un ambiente claustrofóbico y cuidado.

Sin demasiada acción, nos plantea cuestiones trascendentales acerca del ser demostrando que la ciencia ficción, todavía, posee ese componente crítico que tanto asociamos a la distopía. Desenmascarando prácticas empresariales abusivas, cuestiona ideas como la libertad, la deshumanización y el progreso.

 

Todo ello en una cinta que bebe de las influencias y las plasma de manera elegante, pero propia; un filme que hunde sus raíces en la ciencia ficción más pausada de tiempos atrás para plantear cuestiones de actualidad.

Sin duda, una visión que dista del positivismo de décadas anteriores ante la carrera espacial, una visión más trágica en la que el espacio no es más que la última fuente de recursos.